Semillas que caen lejos de sus raíces (2024), nuevo documental de Tomás Lipgot sobre las historias de migrantes chinos 

Toda película documental es acaso una entrega ciega a las manos de un director que desea mostrarnos el mundo de la forma en que él lo ve. Ese mundo bien puede ser enorme o pequeño, una viñeta cotidiana o un acontecimiento trascendental. El motivo del documental puede ser tan amplio como el que registra esas imágenes lo desea. Lo importante, sin dudas, es ese afán por querer compartir con otros ese hecho registrado, esas imágenes recogidas y aquellos testimonios a los que se le da voz. El cine documental en su heterogeneidad tiene como rasgo valioso poner en primer plano la subjetividad de quien está detrás de la cámara; es aquel el verdadero protagonista de la historia aunque se encuentre filmando a otros. El carácter autobiográfico pone en tensión y cuestiona toda imagen realizada, ya que habla de aquel que pone su firma.

Cada película documental es inédita; crea una pequeña atmósfera con su historia que resulta imposible de replicar y nos invita a sumergirnos en ella. Siempre hay, claro está, una mediación entre quien filma, aquellos que están siendo filmados y nosotros como espectadores. Acaso se trate de una distancia inherente a la experiencia humana, una distancia que explicita que jamás podremos sentir algo que implica la experiencia del otro. Con dicha distancia de base, se construye el vaivén de imágenes que nos transporta a esos otros mundos.

Tomás Lipgot estrena
El documentalista Tomás Lipgot

En este caso, el neuquino Tomás Lipgot (1978) hace un racconto de una realidad concreta, la de los migrantes chinos que encuentran en Argentina un lugar donde vivir bajo el título de Semillas que caen lejos de sus raíces (2024). Su cine cuenta con un extenso repertorio cinematográfico que transita por diversos mundos pequeños. Sus registros documentales tienen algo en común: se trata de historias que se encuentran al margen, se le da imagen y voz a diversas situaciones que se encuentran por fuera del foco habitual, dándole un poco de luz a aquello que persiste invisible. Su cine va desde testimonios de personas que se encuentran en situaciones de encierro como es el caso de Fortalezas (2010) hasta las andanzas de un cantante brasilero Moacir Dos Santos cuya historia dificultosa Tomás conoce en el documental mencionado y le permite seguirlo en Moacir (2012), Moacir III (2017) y Moacir y yo (2021). Pasa por las costumbres de la comunidad gitana (Vergüenza y respeto, 2015) hasta por los fanáticos de los palíndromos (¡Viva el palíndromo!, 2018) y la curiosidad de una niña por la astronomía (El universo de Clarita, 2021). Como vemos, un universo heterogéneo de interrogantes conmueve a Lipgot a la hora de contar historias. Semillas que caen lejos de sus raíces no es la excepción, en tanto pone el ojo y detiene el tiempo para hacernos prestar atención a una serie de vivencias que nos son cercanas. Quizás desde hace algunas décadas comenzamos a notar que hay mayor afluencia de personas de origen chino en nuestro país, pero aquello existió de antaño. Vemos los supermercados chinos en nuestros barrios a los que acudimos cotidianamente como si hubieran existido desde siempre pero eso no es así. Este documental nos brinda una mirada más cercana a partir de algunos relatos de inmigrantes chinos que han hecho comunidad aquí, considerándose ciudadanos argentinos.

Semillas que caen lejos de sus raíces | Bafici.org

Bajo un acercamiento respetuoso, vamos mirando casi de refilón algunas secuencias cotidianas de diferentes sujetos que comienzan a introducirse lentamente. Cada sujeto, cada individualidad, propone una manera singular de vivir una situación común: haber emigrado desde China por diferentes situaciones y residir en Argentina, cuando bien podría haber sido cualquier otro país. Vemos a Yinyin Liu, una mujer experta en huertas, que ha dedicado parte de su vida a fusionar plantas nativas de China y Argentina, compartiendo con otros, llevando adelante talleres grupales. Luego Tomás indagará sobre sus relaciones personales, su familia, sus duelos transitados y los que aún quedan pendientes. La cámara curiosa también sigue a Gustavo Ng, un periodista argentino descendiente de chinos que tiene como bandera poder colectar cambios, movimientos sociales y políticos que se encuentran aconteciendo en su China, entre su país le es tradición y en el que ha nacido. Gustavo es creador de un proyecto llamado Dang Dai, una revista de intercambio cultural entre Argentina y China. Poco a poco, las conversaciones entre diferentes interlocutores se van naturalizando en un asado nocturno, generando un desenvolvimiento como si nosotros también estuviéramos allí, compartiendo la velada con ellos. Allí aparece Qian Ma, una reconocida psiquiatra que emigró desde un pueblo rupestre de China a sus 7 años, asentándose con su familia en Buenos Aires, a trabajar en los restaurantes que su abuelo creó cuando emigró una década atrás, en 1980. La cámara capta sonriente a una mujer mayor que el resto. Se trata de Teresa Yuan, una argentina hija de padre chino y madre siria, pionera en llevar la tradición del psicoanálisis a su país paterno. De la manera en que el documental avanza, vemos que cada quien posee su particularidad y su trozo de historia ligada a China, ninguno de la misma manera. Todos dialogan, ríen y cantan, entre la añoranza y la nostalgia, con algunas sensaciones puestas en el presente a modo de jolgorio.

Crítica de “Semillas que caen lejos de sus raíces”: Tomás Lipgot y la  integración cultural de los migrantes chinos | EscribiendoCine

El documental también pone el foco sobre los más jóvenes, como Federico Chang, primer hijo de orientales -en este caso, taiwaneses- en formar parte del fútbol profesional argentino. Las oportunidades se renuevan, el futuro se expande y las ilusiones se crean con cada nueva generación. Tomás lo sigue a lo largo de unos años, entre festejos de cumpleaños, charlas íntimas en familia y progresos en su inminente carrera futbolística.

Curiosamente, la mayoría de ellos han elegido labores, profesiones o actividades que apuntan a generar lazos con el otro como así también a ayudarlos. Un periodista, una coordinadora de huerta grupal, una psiquiatra pero también traductora de aquellos que llegan a asentarse por primera vez al país, una psicoanalista que se pregunta por los orígenes. Todos ellos son sujetos que de un modo u otro encontraron su camino vocacional trabajando con otros, teniendo al sujeto humano en su centro. Ello sin dudas también habla de elecciones y de marcas de vida; uno no elige su rumbo sin todos esos tropiezos y obstáculos que los años han ido haciendo surgir.

Todos ellos hablan de la importancia de la construcción de redes, de la contención, del refugio vital y amoroso, de la mirada atenta y de la escucha. Ser alojados pasa a ser objetivo principal en un país foráneo, desconocido, donde se depositan todas las esperanzas de vivir un poco mejor. Por ejemplo, dice Gustavo Ng en su columna de la Revista Anfibia que “lo que menos le gusta es lo que se aleja de las relaciones humanas. Pero no está seguro de que haya temas que no estén en función de ellas”.

Sin romantizar ningún aspecto, cada quien resalta su camino laberíntico para poder llegar a donde se encuentran actualmente, con nuevas raíces, mejor posicionados, con familias a quienes transmitir sus historias. Ese punto se vuelve tumultuoso, en tanto surge como insistencia el peso de los mandatos que se heredan aunque uno ya no viva en aquel país de Asia oriental. Los senderos transitados para lograr un sentido de pertenencia y el forjamiento de una identidad común son las reflexiones a las que llegan los protagonistas de estas historias, con miedo e incertidumbres respecto a cómo se ha transmitido la tradición a su descendencia, a sus hijos jóvenes y adolescentes. Se trata de ese peso que quiere evitarse, esos mandatos tan oscuros como las medidas de control donde sólo se podía tener un hijo por pareja, la importancia del matrimonio, entre otras tantas cuestiones que se van arraigando y naturalizando. Por sobre todo, es el peso del lenguaje, de la herencia y de la cultura desconocida para muchos de estos jóvenes y adolescentes pero que, sin embargo, es la cultura de sus padres que inevitablemente se transmite de a puntadas a lo largo de la crianza. La pregunta, entonces, queda para ellos, para estas nuevas generaciones, en elegir si tomar algo de ese peso legado o despojarse de toda herencia. Sin dudas, el documental de Lipgot insinúa algunas respuestas y caminos posibles ante este escenario, pero deja la puerta abierta a la reflexión, para que aquellos que desconocemos estas realidades, podamos tener los ojos apenas un poco más abiertos.

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