Tinker Bell: la representación de un mundo perfecto Spoilers

La película que más me marcó es, sin dudas, Tinker Bell. Podría detenerme a hablar particularmente de cada una de las películas de la saga, pero voy a centrarme en la primera de ellas ya que es la que dio origen a todo el universo y la primera que vi de niña.

La aparición de Tinker Bell en el mundo de las películas infantiles cambió todo desde el principio. Nos brindó un personaje femenino que se vale por sí mismo y que, a pesar de ser un hada, presenta rasgos más humanos que los personajes de princesas del momento. La primera vez que vi la película quedé absolutamente fascinada, a los cinco años, por esta pequeña heroína que, lejos de ser perfecta, nunca deja de ser querible y digna de ser admirada. ¿Cómo no querer ser ella siendo tan fácil identificarse? Tinker Bell numerosas veces a lo largo de la historia comete errores que incluso ponen en riesgo a su comunidad, no obstante, luego de ser reprendida y admitir su error, lo enmienda ideando artefactos maravillosos. Para una niña pequeña como lo era yo, es mucho más fácil sentirse identificada con un hada a la que retan por equivocarse, como lo hacen con uno sus padres, que con princesas que viven situaciones de extrema violencia y son salvadas por el beso de alguien que no conocen. Tinker Bell, en cambio, recurre a sus amigas durante toda la película y toda la saga. En ese grupo de seis reside el apoyo y la clave a todas las soluciones de los conflictos, aportando cada una su talento en servicio de la amistad. Esta película muestra la importancia de rodearse de las personas correctas y considero que eso es lo que debe aprenderse durante la niñez.

Además, la búsqueda de la propia identidad dentro de un grupo es el punto clave del nudo. El mensaje es que está bien ser quien uno es y que no hay razones para querer ser alguien más. En una realidad donde las niñas de los 2000 y de las décadas previas tenían ejemplos de personajes como la Cenicienta, quien ni siquiera se animaba a decir que no quería limpiar el piso por miedo a su madrastra, Tinker Bell es alguien que tiene miedo a ser ella misma pero encuentra su camino a la autoestima experimentando hasta sentirse cómoda con su identidad. No puedo imaginar un desarrollo de personaje más real que ese.

Aún hoy, a mis veinte años, no pasa un día en el que no desee ser un hada que vive tranquila en una tetera. La hondonada de las hadas ha dejado un estándar en mi cabeza que el mundo real nunca podrá cumplir. Se trata de una sociedad que vive de manera mancomunada gracias al aporte equitativo de cada uno de los habitantes en su rubro de expertiz. Si bien existe una monarca, la organización de las tareas se basa en la igualdad y en el deseo de que todo funcione correctamente. Todo esto en armonía con la flora y la fauna nativa de las cuales las hadas son guardianas porque, si bien hay conflictos con los otros animales, nunca se plantea utilizar la violencia como solución.

Es decir, a una nena de escuela primaria Tinker Bell le dio la solución a problemas con amistades poco convenientes y a descubrir cómo desenvolverse en relación al resto. A una joven de veinte años que hace poco se ha insertado en el mundo laboral, la hace implorar por un mundo sin explotación, hambre, desigualdad, pobreza y políticos mentirosos. Ni hablar del maltrato animal y el calentamiento global.

Por todas esas cosas Tinker Bell no solo me marcó desde una edad temprana, sino que me marca y me seguirá marcando porque me hace pensar en todas las cosas hermosas que este mundo podría ser. El lingüista francés Benveniste dijo que el concepto y la palabra “juntos fueron impresos en su espíritu”. En este sentido, la palabra es “paraíso” y el concepto es la hondonada de las hadas. De esa forma fueron impresos en mi espíritu.

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