"Ripley": Tríptico de una oscuridad a pleno sol Spoilers

¿Para qué se lleva a cabo un “remake” si no es para ofrecer un nuevo punto de vista único a un material ya adaptado?.

La proliferación excesiva de repetitivas adaptaciones, así como los llamados “reboots”, que no hacen sino reiniciar sagas para nuevas generaciones, hace que resulte bastante tedioso acercarse a producciones basadas en relatos más que conocidos. Sin embargo, las imágenes que ofrecieron los primeros trailers del “Ripley” de Steven Zaillian (“Jaque a la inocencia” “The irishman”) eran lo suficientemente sugerentes para dar una oportunidad a este nuevo punto de vista sobre el maquiavélico personaje creado por Patricia Highsmith. Y para ello, como es de justicia, deberíamos de tener en cuenta las adaptaciones precedentes, o al menos las dos más importantes: “Plein soleil” de René Clement (1960) y “El talento de Mr. Ripley” de Anthony Minghella (1999).

“Plein soleil”: El nacimiento de un mito

El personaje de Tom Ripley, un incisivo y calculador usurpador de identidades, nace de la brillante imaginación de Patricia Higsmith. Aunque no estamos aquí para desgranar todas las vicisitudes de la escritora de Texas, vale la pena recordar que su primera novela “Extraños en un tren”, sirvió de base para otra gran película – del mismo nombre – dirigida por Alfred Hitchcock en 1951. Y si eso es importante, es para remarcar que el material de base es profundamente “hitchckoniano” en su concepción más pura. Crímenes perfectos, frialdad criminal y cambio de identidades se dan la mano en la primera novela de la saga de Tom Ripley, “The talented Mr. Ripley”, publicada en 1955. El cineasta francés la adaptaría tan solo 6 años después con Alain Delon en el papel del despiadado protagonista.

La historia, es prácticamente común a las tres adaptaciones. Tom Ripley, es un buscavidas que malvive en Nueva York cuando se cruza con Herbert Greenleaf, un magnate de la industria naviera. Éste, le propone que viaje a Italia para traer de vuelta a su hijo Dickie, que se está dando la gran vida junto a su prometida, Marge. Tras aceptar la oferta, Tom anhelará la vida y el carácter de Dickie hasta el punto de asesinarle y robarle su identidad.

Es de absoluta justicia reconocer los increíbles hallazgos de la película de Clement, por mucho que el tiempo la haya eclipsado tras sus posteriores adaptaciones. Uno de sus mayores aciertos es, precisamente, la elección de Alain Delon como Tom Ripley. El actor encaja como un guante en la descripción que Highsmith relata en sus novelas, consiguiendo un perfecto equilibrio entre ser un hombre encantador y perfectamente frio y calculador. De hecho, la propia autora, reconoció posteriormente que Delon era la mejor encarnación posible del personaje que ella misma había escrito. Dado que la autora falleció en 1995, se quedó a pocos años de poder ver la posterior encarnación de Matt Damon, pero dejó bien claro que no le agradó especialmente la que encarnó Dennis Hopper en “El amigo americano”, dirigida por Win Wenders.


Aparte de la magnífica interpretación de Delon, la película de Clement posee un naturalismo que contrasta perfectamente con la atrocidad de los actos que en ella se suceden, y que siempre son mostrados a la luz del día – como reza su propio título – algo harto arriesgado teniendo en cuenta la época en la que se realizó.

“El talento de Mr. Ripley”: El psicópata suave

Aunque, como ya hemos comentado anteriormente, hubo otras adaptaciones al cine de este personaje, quizá la siguiente película más importante sea “El talento de Mr. Ripley” de Anthony Minghella. El director, venía de triunfar por todo lo alto con “El paciente inglés”, y los espectadores esperaban ansiosos su próximo trabajo.

El acercamiento estético amplía y potencia atmosféricamente lo propuesto por Clement, de manera exquisita. Tanto la banda sonora de Gabriel Yared – inolvidable el tema “Lullaby for Cain” de Sinead O´Connor - como la fotografía de Jon Seale, consiguen crear unas imágenes llenas de poesía. La propuesta de Minguella, exacerba la belleza, tanto del contexto como de los personajes, para mostrar la contraposición de las apariencias y demostrar que bajo una fachada deslumbrante se puede ocultar algo increiblemente malévolo.

Para ello, cuenta con un reparto de lujo, entre los que destaca, Jude Law. La composición que Law hace de Dickie Greenleaf, es completamente antológica, ya que consigue transpirar carísma y atractivo por los cuatro costados y esto ayuda a comprender la sensación de menosprecio que siente Ripley. Por otro lado, aunque Matt Damon no hace un mal trabajo, desde mi punto de vista, su dulzura resulta excesiva y en muchas ocasiones no te llegas a creer que pueda ser tan frio y calculador. Sería una de las pocas pegas que le encuentro a esta más que digna adaptación que, por otro lado, no tiene tapujos a la hora de abordar la homosexualidad, algo que se encontraba completamente minimizado en la cinta de Clement.

“Ripley”: Oscuro por dentro y por fuera


Y llegamos a la última adaptación del personaje, cogiendo el mismo texto como base. Esta vez es el británico Andrew Scott el que se pone en la piel de Ripley, en una decisión de casting que ha sido muy criticado por los estudiosos de la obra de Highsmith.

Según los textos de la escritora, Ripley es un hombre encantador, de ahí que tenga tantas habilidades sociales y manipuladoras. Sin embargo, el retrato que Scott hace de él es el de un hombre que transmite oscuridad, y al que no querrías encontrarte por la calle a medianoche. Esto no quiere decir que haga un mal trabajo en absoluto, pero es cierto que el personaje pierde ese contrastado matiz de lobo con piel de cordero. Personalmente, no me considero alguien demasiado apegado a la recreación palabra por palabra de las obras literarias, y las licencias que Zaillian se toma respecto a la obra original me parecen más que aceptables.

El director se aleja de las luminosas estampas italianas planteadas por Clement y Minghella anteriormente para ofrecernos una Italia decadente en un estilizado blanco y negro. La realización general es sencillamente brillante, y por primera vez la narración está a la altura de lo que un maestro como Hitchcock habría hecho con este texto. El virtuosismo que Zaillian demuestra para narrar sin palabras cada uno de los asesinatos y posterior ocultación de las evidencias recuerda muchísimo a “Psicosis”, generando una curiosidad morbosa que si bien no te ayuda a empatizar con el personaje, si que te provoca la sensación de complicidad necesaria para estar de su parte por muy antipático que pueda llegar a resultarte.

Por otro lado, aunque el cineasta haya optado por potenciar la oscuridad, y la Italia que muestre no tenga los tonos cálidos fotografiados por Jon Seale en la anterior adaptación, la miniserie encuentra una belleza muy particular más cercana a un neorrealismo expresionista que sienta como anillo al dedo a todo el conjunto.

Estamos pues ante una de las mejores miniseries que nos ha ofrecido Netflix en los últimos años, muy cercana a lo que llamamos cine. Y es que, esta adaptación bien podría ser disfrutada en la gran pantalla y no desmerece para nada a las adaptaciones anteriores, ofreciendo un nuevo enfoque a una historia más que conocida. Y eso es lo que, al fin y al cabo, debe conseguir un buen “reboot”.

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