Cinema paraíso entre la lágrima y la sonrisa  

Lo maravilloso de la obra cinematográfica del gran director Giuseppe Tornatore, está en la amalgama perfecta entre la música de Ennio Morricone y su hijo Andrea Morricone y la excelente compaginación, la fotografía, vestuario y la captura costumbrista de una Italia; con unos pocos años después de la segunda guerra mundial. Pequeña historia de un Salvatore, de seis años, hijo travieso e inteligente de una viuda de guerra, en un viaje de remembranza, de un Toto adulto, triunfador, que regresa ante la muerte de Alfredo, maestro de vida y su pasión, regreso que lo conduce al pasado que sentó las bases de quien era ahora. El niño estefano, de pequeño demostraba todo su interés, pasión por las películas, lo que lo llevaba a terribles situaciones con su madre, comprometiendo a su querido mentor, Alfredo, sin embargo nada pudo evitar, que fuera ese su gran futuro; como un cineasta reconocido, esta base de conflicto, nos deja el gran ejemplo, de lo implica, ir por nuestros sueños, y como, gracias al apoyo de un verdadero mentor, pudo llevar a cabo el futuro que tanto se anunciaba. Entre el amor, la lucha, desde los mas bajos recursos y el Leitmotiv, de un amor que no pudo ser, se construyó un hombre que llegó lejos, cuya pasión y sensibilidad, nunca abandonó las raíces que le dieron forma, aunque aquel niño, aquel joven enamorado continuaba latiendo en el hombre maduro que ya era.

La lucha por sobrevivir, la censura de la iglesia, a pesar de la pulsión de una comunidad insipiente y hambrienta de las transgresiones del cine, en pos de soñar, o de la falta de recursos para amortiguar la demanda de un público, deseoso de escaparse de su realidad, fueron el caldo embrionario de esta gran historia. Las maravillosas interpretaciones de personajes acabos, enraizados con aquella ciudad, componen, en la totalidad de la obra, un ritmo que acontece para la emoción garantizada. No queda detalle que no fuera de exquisitez absoluta para el sentir, soltar para crecer, aunque duela, y transformar lo que dé, en una emoción que rescata, hasta lo prohibido, detalle, como aquellos besos que la iglesia censuraba.

Cinema paraíso impactó muy singularmente en la manera de sentir el cine. Ésta obra en particular, logra acentuar la magia de la melancolía desde la belleza de la nostalgia, en los poros de un pasado que no fue traicionado. de como los amores, que escollaban la pasión de un niño en pos de su cuidado, no pudieron socavar el futuro de una persona, abriéndose camino desde el amor mismo, a través de la representación de aquello, que no fué y de aquello, que lo cuidaba.

Es posible que la obra, con el tiempo, linde con lo cursi. Pero mientras tanto, quedaremos aquellos, que todavía la encontraremos como una delicia del alma, un logro sobre aquello que nos ha dolido y que, con la distancia, se transforma en adorable añoranza. Tal vez, como dijo el gran charles chaplin: el drama, la tragedia, se captura en primer plano, mientras que la comedia, lo hace a la distancia, en un plano general.

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