La nieta de Elvis Presley, Riley Keough, junto a la nominada al Oscar Lily Gladstone encabezan un sólido elenco en esta miniserie que narra uno de los crímenes más salvajes perpetrado contra una adolescente en una pequeña y apacible comunidad canadiense.
Este drama policial, basada en el libro de la periodista Rebecca Godfrey, que cuenta un caso real ocurrido en 1997 en los suburbios de la Victoria, capital de la provincia de Columbia Británica, en Canadá. En ese entonces, la Reena Virk del título (Vritika Gupta), tenía catorce años cuando decide abandonar una cena familiar para salir con amigas, pero nunca regresa. Ella es hija de una familia muy conservadora, de origen indio y testigos de Jehová, con una madre más severa (Archie Panjabi, quien se destacó como Kalinda en The Good Wife) y un padre más comprensivo. Sin embargo, a través de flashback, se muestra a una Reena rebelde y decidida a desafiar todas las tradiciones con tal de vivir su adolescencia con mayor libertad.
El problema es que esa noche Reena no se fue de fiesta, sino que fue inocentemente a una emboscada, pero todo comienza unas semanas antes. Ella se había trazado como objetivo acercarse al grupo de chicas que admiraba, las más problemáticas de la comunidad, alojadas en un orfanato público en el que estas chicas residían. Su plan va saliendo más o menos bien hasta que nuevamente se siente despreciada. Este es el punto de inflexión que desencadena el desastre: Reena decide vengarse de la líder del pequeño grupo selecto, pero cuando esta se entera de los chismes falsos que Reena esparció sobre ella planea una venganza mayor. Ahora, en su intento por volver a ganarse la confianza del grupo, acepta la invitación a la fiesta, que será su final.

La idea de “darle una lección” se les va de las manos y Reena muere. Estas chicas juegan con el peligro, sueñan con ser gánsteres, buscan la adrenalina e intentar desafiar permanentemente, con sus actitudes y con sus decisiones. Si bien ya distinguen con claridad las nociones del bien y el mal son demasiado jóvenes para medir las consecuencias, como en este caso. A partir de este momento, la tarea será descubrir quién es la verdadera asesina dentro de ese grupo y algunos más que se sumaron al salvaje episodio.
Aquí es cuando cobran peso los dos personajes adultos que llevan adelante el relato, una periodista y una policía. Ellas tienen un pasado en común y ahora, con distintos objetivos, van a avanzar con la investigación. La periodista está interpretada por la actriz Riley Keough (quien brilló en Todos quieren a Daisy Jones, la miniserie sobre la banda de rock Fleetwood Mac por la que consiguió una nominación a los premios Emmy), en este caso con un perfil bastante más sombrío, como una consagrada profesional en NY que vuelve a su pueblo natal para escribir un libro justamente sobre las infancias y adolescencias en el lugar, a partir de un drama familiar que ella vivió en su adolescencia. La policía está interpretada por Lily Gladstone (nominada al Oscar por su papel en Los asesinos de la luna, la última película de Martin Scorsese, en la que compartió cartel con Leonardo Di Caprio), ella hereda la profesión de su familia adoptiva, trabaja con su hermano y su padre que es el comisario del lugar, en un intento por ser valorada como profesional e independizarse espera su traslado a Vancouver, aunque sabe lo difícil que es lograr ese objetivo siendo mujer y con rasgos de nativa americana.

Esta serie se desarrolla en dos tiempos y va dando señales muy de a poco, una estrategia acertada para que funcione como thriller por el suspenso y los enigmas que se mantienen a lo largo del relato, más allá del drama. En el presente las investigaciones de ambas protagonistas se chocan y se complementan, dejando en evidencia también las tensiones del pasado. En ese sentido, la serie mostrará a ambas en su etapa adolescente y al hermano de la periodista como un personaje bastante inestable, que las nuclea y también las separa. El recuerdo actual de ese hermano con destino trágico será quien las empuje a superar los traumas que llegan hasta el presente.
En cuanto al drama en sí, Bajo el puente presenta una historia devastadora. La cultura del bulliyng llevada al extremo y, por error u omisión, hasta normalizada por los adultos bajo el lema “los jóvenes son crueles”. Pero no solo se expone aquí el nivel de brutalidad al que puede llegarse, sino que todo se vuelve más complejo cuando puede entenderse también el asesinato de Reena como un crimen de odio, porque este tipo de delitos tienen por definición como motor el “prejuicio hacia un estereotipo representado por una condición personal de su víctima”, por ejemplo, la raza o la religión. O ambas, como en este caso. Por eso, a la joven víctima se la ve luchar con tanto ímpetu en contra de su propia tradición familiar, ya que no se puede ser distinto si se quiere pertenecer, son los mandatos hegemónicos los que mandan y ella, como adolescente solo quería pertenecer. En cuanto a la presión desde lo estético, hay una escena que sintetiza este tópico. Se da cuando Reena, ante la burla de sus compañeras en un vestuario donde la ven desnuda y la apodan “la bestia”, desobedece a su madre, se compra una maquinita de afeitar y se rasura las piernas, aunque esto sea algo prohibido dentro de su culto religioso.

Este es un caso de true crime absolutamente diferente, porque son las jóvenes quienes aparecen como acusadas. En el medio hay un mundo adulto que, sabiendo que entre ellas está la asesina y probablemente el resto haya sido cómplice, se divide en dos, pero de forma desigual: una mayoría de impiadosos que intentarán manipularlas (con lo fácil y peligroso que puede ser manipular a un menor) para lograr una confesión rápida y quienes intentan comprender qué les pasa, sin prejuzgarlas y garantizándoles sus derechos, este es el caso en el que coinciden en total soledad, la policía y la periodista. Porque también muestra la serie cómo muchas veces la sociedad misma empuja a los jóvenes a eso. Las presiones sociales hacia los jóvenes llegan desde las familias, la escuela y las instituciones en general, quienes en demasiadas ocasiones resultan estigmatizados solo por el hecho de tener la edad que tienen.
Sin embargo, esta serie suma otra noción más que interesa que problematiza aún más una sociedad desde ya bastante compleja. Existe una expresión que también describe algunos comportamientos tóxicos entre adolescentes, se la conoce como peer pressure. Entendida como la “presión de grupo”, muchas veces explica las actitudes que pueden tener los jóvenes sobre todo cuando actúan en grupo o en manada. Hay un líder o una líder como acá, y entre sus seguidoras opera un sentido del deber y de lealtad para conseguir lo que se proponen. Es decir que los adolescentes no solo deben lidiar con las presiones de los mayores si no también con la presión de sus pares. La división entre ganadores y perdedores está a la orden del día y ser excluida de un grupo se puede pagar con la vida.
La serie apuesta por un ritmo más bien lento y construye una atmósfera un tanto melancólica, recrea una década del 90 oscura, que contrasta con los paisajes de ensueño de esa región de Canadá, algo más que acertado para la historia que narra, además de sostenerse en conmovedoras interpretaciones.
Bajo el puente es una miniserie de ocho episodios en Disney+.



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