Veo gente muerta: la frase que marcó el mejor final de los 90 

Una pareja festeja. Él es psicólogo y acaba de recibir un reconocimiento. Entonces hablan, proyectan, él se revuelca en su ego. Bajan al sótano a buscar unos vinos para brindar. Suben al cuarto. El deseo comienza a subir, es un clima de festividad, de jolgorio. No obstante, alguien irrumpe en la escena. Un ex paciente de Malcolm, lleva un arma, dispara, todo se oscurece. ¿Ya saben de qué hablamos, no?

El guionista de sexto sentido es M. Night Shyamalan. Escribió otras películas como “El bosque” o “Split”. De todas ellas la mejor fue “Sexto sentido”. Este film se escribió en tan solo dos semanas y fue un éxito de taquilla. Los 90 fueron la época de oro de muchos directores y, por supuesto, Shyamalan no podía quedarse afuera. Sabemos que el terror es dionisíaco, que penetra en los huesos de cualquier persona. Pero, ¿qué es lo que hace única a esta película?

Photo du film : Sixième Sens

Lo sabemos todos, aquel final en donde Malcolm se da cuenta. Que ya no es lo que creía ser, que la única razón por la que su esposa no le habla no es el enfado ni la indiferencia, es la ausencia, de alguien, de él mismo. Él es el único muerto a quien no pudo ver, el único crimen que lo alejó de lo que más ababa. Allí, en esos pocos segundos en que Malcolm cae al suelo sosteniendo su herida, todo se revela. Era él, siempre lo fue.

“Tengo un sexto sentido que nunca me falla. Y cuando alguien me oculta algo, yo ya lo sé.”

(Shyamalan, 1999 )

Si recorremos la película notaremos muchas señales previas a este final, que en su estreno durante los 90 nadie notó. Resulta raro que siempre use la misma ropa, también que el único que le hable sea Col. La escena donde se ve con su esposa en el restaurant también es muy curiosa. Allí se ve cierta tensión. Ellos están juntos pero no se hablan. Ella se retira y no hay un solo beso de despedida. Además, el anillo de bodas ausente de la mano de Malcolm nos indica que algo raro pasa. Algunos podrían pensar una separación. Pero todos sabemos que era otra cosa.

Malcolm le habla a Anna, su mujer, mientras duerme. Ella siente escalofríos. Es evidente que algo pasa. Que esa incomunicación es símbolo de algo más. Y una señal que se corresponde con las reglas de este universo fantástico es que la llave de la oficina de Malcolm siempre está en el sótano que es el último lugar donde la dejó. Esto se debe a que, en este universo, los muertos siempre recuerdan las cosas como estaban antes de morir.

Photo 3 du film : Sixième Sens

Finalmente sucede aquello que todos recordamos. Malcolm ve su herida, recapitula su pasado, se da cuenta que él es un fantasma más. De esos que ve Col. De ese mar que antes era el terror de la mente de su paciente. Mientras que la vida del niño sigue, con su madre, con todo su futuro, con un propósito marcado.

Pero sí, el espasmo nos quedó en el pecho ante la prueba cabal de algo que no creíamos posible. El estaba ahí enfrentándose a si mismo. Dentro de la ordalía del camino del héroe, el aceptar su propia muerte le da el trofeo tan ansiado: la paz del descanso eterno. Y allí, se deja morir.

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