BERTOLUCCI: DOS GRANDES PELÍCULAS DE LA DÉCADA DEL SETENTA 

Aunque el nombre del director Bernardo Bertolucci adquirió celebridad en 1972 con Último tango en París, su filmografía se consolidó en la misma década con otras dos películas, intercaladas cronológicamente con la nombrada.

En Argentina, en particular, sus largometrajes de los sesenta nunca se estrenaron, incluyendo La commare secca, Prima della revoluzione y Partner. Fue recién con El conformista de 1970 que lo conocimos comercialmente, aunque ese mismo año también dirigió La strategia del ragno, también inédita en Argentina, aunque todas estrenadas en Francia.

IL COMFORMISTA

Il conformista, tal su título original, está basada en una novela de Alberto Moravia bastante anterior (1951). Ver de vuelta el film, leer el libro y comparar ambas “versiones”, permite apreciar la libertad y creatividad del realizador. No es el objetivo de esta nota confrontar, palmo a palmo, ambos “conformistas”, sino enfocarnos sobre la versión fílmica y cuando se justifique contrastar diferencias sustanciales y/o intentar explicar las mismas.

La ventaja de haber leído primero el libro, antes de su nueva visualización cinematográfica, muy olvidada por cierto por este cronista, es que, al retener los mismos personajes literarios, la película puede deparar sorpresas.

Lo cierto es que el autor, entre otros, de El desprecio (donde también hay grandes diferencias con el film de Godard y los personajes interpretado por Brigitte Bardot y Miche Piccoli), elige un relato más lineal o al menos cronológico, que Bertolucci reemplaza, con acierto, por flashbacks.

El extenso Prólogo (un cuarto del libro), dividido en tres capítulos está concentrado en dos, quizás hasta tres personajes. Uno de ellos, central, es Marcello, apenas un adolescente al que sus compañeros de colegio hacen lo que podría calificarse como “bullying”, epitetándolo de Marcellina. En el inicio, Moravia lo describe como “fascinado por los objetos”, sobre todo las armas. El segundo en importancia será Lino, un chofer de un lujoso auto de una rica dama norteamericana de viaje por Florencia, que le revela que es un (ex)sacerdote, expulsado de su orden.

Será un revólver, que Lino guarda en su hogar y le promete regalar, si acepta ir a su casa, el detonante de este primer extenso episodio. Y que termina con la resistencia de Marcello ante el intento de aprovechamiento sexual de Lino, disparándole aparentemente en forma mortal. para luego partir con el arma. Y que, al final arrojará al jardín de la casa de Roberto, un joven vecino, personaje que no aparece en la película, para que sea este eventualmente inculpado.

Todo lo antes relatado será minimizado en el film (apenas un flashback), que empieza con lo que constituye la Parte Uno (otros cuatro capítulos) de la obra literaria. Ya estamos en pleno fascismo Mussoliniano y Marcello (Jean-Louis Trintignant) ya está próximo a casarse con Giulia (Stefania Sandrelli), una mujer vulgar y atractiva. Ella prácticamente le exige que se vaya a confesar antes de la boda, ocasión en que relata su episodio con armas durante su juventud y es absuelto por el sacerdote.

La Parte Dos del libro, la más extensa tanto en el libro como en la película, es la verdaderamente sustanciosa en ambos formatos y justifica su idéntico título. Es en el viaje de bodas (luna de miel) en el tren, vagón dormitorio incluido, rumbo a Paris, que Marcello imaginaría ser el debut “sexual” de Giulia, comprobará (y disculpara) a su “virginal” esposa que le confiesa que durante seis años mantuvo relaciones con un abogado mucho mayor, amigo y profesional de la familia.

El cambio de escenario, ahora Francia, es también el de la temática, donde aparece más claramente el tema político en la figura del profesor Quadri, un disidente antifascista al que se debe asesinar, con la colaboración (no la ejecución) de Marcello, con cuya dirección elaboró una tesis.

Irrumpe además un personaje perturbador, Anna, la joven esposa del catedrático que en el libro se llama Lina no por casualidad, ya que su nombre recuerda al del chofer del inicio del libro. Dominique Sanda la interpreta, acentuando en el film su carácter lésbico y atracción por Giulia, para desgracia del marido de esta. Su trabajo es impactante y explica que el director haya pensado en ella para el rol que finalmente eligió a Maria Schneider, al estar la futura actriz de Novecento, embarazada.

La variante de Bertolucci al no ceñirse al libro de Moravia, hace que nos encontremos ante dos obras diferentes, con distinto final, ambas atendibles. Lo que es común es el carácter del personaje central, Marcello, un ser débil, que se “conforma” al adaptarse a un sistema político, siendo en verdad bastante indiferente al mismo.

NOVECENTO

Presentada en dos partes en 1976, es junto a El último emperador (1987), la obra más sobresaliente de Bertolucci. Lo primero que se destaca es el reparto, que encabezan Dominique Sanda, Robert De Niro y Gérard Dépardieu. Junto a ellos hay una segunda línea de actores de origen norteamericano, uno de los cuales (Donald Sutherland) acaba de fallecer, en un personaje nada menor. Los otros dos son Burt Lancaster, que a la sazón contaba con 62 años y continuó activo veinticinco años más y Sterling Hayden, apenas dos años menor. Pero siendo una producción mayormente italiana también tuvo a varios célebres intérpretes de ese origen, en especial tres actrices muy populares como Stefania Sandrelli, Alida Valli y en menor medida Laura Betti. Claro que el inmenso reparto incluye una numerosa cantidad de figuras, profesionales y de las otras, que deben haber sido el resultado de un intenso y seguramente agobiante “casting”. Fuera de lo actoral, vale mencionar a dos figuras europeas consagradas como Vittorio Storaro, habitual director de fotografía desde El conformista y Ennio Morricone en la música.

El díptico arranca con el final (25 de abril de 1945) en que Italia se libera del fascismo y pasa en un inmenso flashback 45 años anterior, más concretamente el 27 de enero de 1901, día de la muerte de Verdi y del nacimiento de Alfredo Berlinghieri (De Niro) y Olmo Dalco (Dépardieu). Alfredo pertenece a una familia adinerada (terratenientes), mientras que Olmo, es bastardo de una familia campesina de la Emilia, que trabaja para los Belinghieri. Lancaster y Hayden, son sus abuelos respectivamente, y pese a la enorme diferencia social, los jóvenes de idéntica edad establecen una fuerte amistad. Compartirán un mismo “inicio” sexual con una joven prostituta epiléptica, se acostarán en las vías de un tren que les pasa por encima sin dañarlos y partirán a la guerra del 14-18. en verdad al tándem De Niro-Dépardieu recién lo veremos al finalizar el conflicto armado. Olmo estará en pareja con Anita (Sandrelli), una chica de Verona, mientras que Alfredo conocerá a la inquietante Ada (Sanda), bien avanzada la primera parte del film.

La aparición del fascismo tendrá como protagonista central a Attila (Sutherland), su esposa Regina (Betti) y los “camisas negras”, provocando un incendio en la Casa del pueblo y el posterior desfile de campesinos en protesta ataviados con el color rojo que identifica su ideología.

Aunque Novecento está dividida en dos partes, en verdad es una única película con solución de continuidad. A medida que avanza el metraje también lo hace el tono trágico que le imprime Bertolucci, que por momentos lo vuelve panfletario. Con el avance del fascismo, los amigos se van distanciando. Alfredo (Ada lo ha abandonado), es ahora el dueño de la hacienda y Attila el cruel administrador de la misma. Olmo, por su lado, perderá a Anita al dar a luz a una nena y pronto se convertirá al comunismo y participará del juicio a Alfredo, que en verdad nunca abrazó el fascismo.

Revelaciones de Dominique Sanda (similares a la que me hizo para Último tango en París) indican que el personaje de Ada estaba mucho más desarrollado. Cita una escena en que recibe un caballo blanco de un amigo (Ottavio) y cuando parte hacia el campo, se topa con Olmo y ellos encuentran un cuerpo asesinado. Olmo es acusado y escapa con Ada a Francia, pero son detenidos en la frontera. El joven es detenido y ella regresa con Alfredo, de quien descubre su pusilanimidad. Sanda señala que Clara Peploe, esposa y coguionista de Bertolucci, introdujo cambios en el guion que le quitaron a ella protagonismo, acentuando la critica al fascismo.

Hacia el final, la película retoma con la escena con que se inicia, con Attila y Regina intentando escapar, sin éxito. El cierre los tiene a Alfredo y Olmo, ambos octogenarios, pelando como cuando eran chicos, en un mensaje significativo de que la amistad todo lo supera.

En Argentina hubo que esperar hasta la llegada del gobierno democrático de Alfonsín para que ambas partes, con diferencia de una semana, tuvieran su estreno comercial en noviembre de 1984. Lo curioso es que en total la duración total apenas superó las cuatro horas, en forma similar a los Estados Unidos. En Francia, en cambio se estrenó, en dos partes (1° de setiembre y 17 de noviembre de 1976), con su extensión total de cinco horas y quince minutos.

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