El Cisne Negro, thriller psicológico escrito y dirigido por Darren Aronofsky, nos cuenta la historia de Nina, una bailarina de la compañía de ballet de Nueva York quien trata de ser la mejor bajo la presión del ambiente competitivo de la danza. Un día, la compañía hace audiciones para protagonizar su próximo ballet, el lago de los cisne, pero Nina se ve amenazada por el carisma y talento de su compañera de baile Lily, la nueva favorita para tomar su lugar. Esto desencadena un descenso a la locura en la mente de Nina quien, absorta en sus inseguridades, su realidad se verá afectada a tal punto de no distinguir entre lo real de lo imaginario.
La película funge como una exploración de la mente humana y de lo que es capas de hacer para proteger a aquello que le otorgue algo de sentido o significado en la vida. El factor para empatizar que la cinta usa para conectar con Nina es, precisamente, la de alcanzar nuestras metas, cosa que parece no poder cumplir con las expectativas del director de la obra y la rechace para el papel haciendo que el sentido de si vida se vea en peligro. Este sentido, para la protagonista, es el de ser la mejor bailarina, posiblemente infundado desde su niñez por su madre al ser esta una ex bailarina, es lo único que conoce y le otorga un valor sentimental real.
Nina, en vista de lo ocurrido, toma acciones radicales y extremas para preservar su “mundo” por el el cual a luchado.
Empieza por lo físico, entrenando hasta lesionar sus pies, horas excesivas de prácticas, incursión de malos habitos, etc. Todo esto la agota hasta el punto de quebrar lo que, desde mi perspectiva, lo más frágil y preciado que todo individuo tiene, la mente.
Nina presenta alucinaciones, viendo copias de ella misma en otras personas, como metáforas de hay más personas allá fuera que quieren los mismo. Esa proyección deja de encarnarse en personas y sale a la realidad como un recordatorio sombrío o espectral de sus ambiciones desmedidas que no la dejan en paz. Por último está el desorden de la realidad al presenciar como todo a su rededor se vuelve más pesadillesco, onírico. Dibujos de su infancia cobran vida y la acosan para que cumpla sus objetivos; su reflejo le hace caso, su cuerpo sufre una metamorfosis desprendiendo plumas negras y observa como personas cercas a ella mueren de maneras inexplicables, lo mejor, es el final, el cuál me dejó impresionado.
Se descubre que, en la función del cisne negro, Nina obtuvo el papel para interpretar al cine blanco y su contraparte. Ella va a su camerino y descubre a Lily vestida de cisne negro y le dice que tomará su lugar, pero Nina la asesina. Tras bailar como el cisne negro, regresa al camerino y descubre que no hay cuerpo, sino que ella se apuñaló si misma, muriendo entre aplausos como la mejor bailarina de ballet.
Las muertes que sucedieron a lo largo del filme fueron hechos por ellas, pero no quería aceptar la responsabilidad ya que, en su cabeza, ellos intentaron sabotear su éxito y de lo merecían.
La realidad como la conocemos es una construcción social, se crea el base al contexto sociocultural en el que nos desenvolvemos y por la educación que recibimos, en casa y en instituciones. Debido a esto, creamos sesgos cognitivos que nos permiten buscar, aceptar y/o rechazar toda aquella información que queramos integrar nuestra realidad o nos la amenaza. Esta realidad es la que nos otorga estabilidad y sentido a nuestra existencia y tendemos a actuar de manera consciente y/o inconsciente para mantenerla, por lo general proyectando nuestras inseguridades en aquellos que, creemos, nos supone un peligro nuestra posición en la tierra, creando resentimiento, odio y no nos responsabilizamos por nuestras acciones que conlleven a un ataque directo o indirecto sobre estos individuos que, lo más probable, no saben que existimos.
El Cisne Negro nos advierte de los peligros que pueden llegar a pasar por no tener una mente que pueda ver más allá de lo que conocemos y de los extremos en los que podemos llegar a caer para preservar una imagen de nosotros mismos distorsiona e influencia por agentes externos, los cuales les damos más importancia de la que deberían.


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