Jocelyne Saab: Memoria y libertad 

Jocelyne Saab (1948-2019) nació y creció en Beirut, la capital libanesa. Tras completar sus estudios de política económica en la Sorbona trabajó en un programa musical de la emisora nacional libanesa, pero su vida daría un vuelco tras conocer a la poetisa y artista Etel Adnan, quien la invitó a trabajar como periodista.

En los primeros años 70, antes de la guerra civil (1975-1990), Beirut fue el centro de la intelectualidad y del librepensamiento para todos los árabes que huían de la represión y censura en sus países. Líbano, por su diversidad religiosa y cultural, así como por su posición geográfica, se ha encontrado a menudo en el centro de las ambiciones regionales y de los conflictos internacionales. La inestable convivencia entre las comunidades y las masivas y sucesivas oleadas de refugiados y combatientes palestinos que llegaron tras la creación del Estado de Israel en 1948 y la expulsión de la población palestina de su patria, caldeó los ánimos y extremó las posiciones. La interacción de estos factores condujo a un mayor comunitarismo y polarización de la sociedad, y a la formación de milicias pro y anti palestinas, que desembocaron en el estallido de la guerra en 1975. Un acontecimiento llevó a otro: asesinatos, alianzas políticas cambiantes y la implicación desde 1976 de Siria e Israel en el conflicto libanés. En hasta 1989, año en que se firmó el Acuerdo de Taif, que reafirmaba la independencia del Líbano e introdujo importantes reformas políticas. La guerra se interrumpió con una amnistía general que exigía un alto el fuego y la reconciliación nacional.

Con el estallido de la guerra civil, el escenario cambió drásticamente y muchos libaneses –cineastas o no- utilizaron el cine para documentar los trágicos hechos que transcurrieron a lo largo de esos años. Jocelyne Saab se convirtió en la más prolífera documentalista del país. En este contexto, Jocelyne Saab se convirtió en la más prolífera directora del país. Su primera película sobre la guerra, Líbano en la tormenta fue seguida de una serie de documentales para la televisión francesa donde relató desde la primera línea diferentes aspectos de la contienda, poniendo de manifiesto luces y sombras de un país al borde del abismo. En sus películas, costosas cenas de la alta sociedad conversadas en francés se solapan con grupos de turistas despreocupados que visitan la ciudad, tiroteos a plena luz del día y niños que juegan a la guerra.

Su primera película, Líbano en la tormenta (1975) fue seguida de Niños de la guerra, Beirut nunca más (ambas de 1976), Cartas de Beirut (1979) y Beirut, mi ciu­dad (1985). Saab hizo uso de su experiencia como reportera de guerra para transmitir en todos estos films la nostalgia por los tiempos de paz y la devastación de una ciudad dividida por los enfrentamientos entre musulmanes (Beirut occidental) y cristianos (Beirut oriental).

La posición de Jocelyne Saab en este particular contexto político era personal. Su angustiado interés por el Líbano se debía a sus experiencias, su historia, su identidad como mujer libanesa cristiana que defendía la causa palestina en un país fuertemente afectado por el sectarismo. Su posición era delicada, incluso peligrosa. Recibió amenazas de muerte y fue perseguida tras el estreno de su película Niños de la guerra, que mostraba la las masacres perpetradas por las milicias cristianas en un barrio musulmán de la capital, Quarantina.

A pesar de las constantes amenazas, se negó a abandonar el país y a dejar de grabar lo que veía, aunque desarrolló un nuevo lenguaje para expresarse. Ese periodo traumático le hizo reflexionar sobre el significado de las imágenes y su impacto. Dejó atrás su retórica explícita y militante para dar lugar a un lenguaje cada vez más poético, pero políticamente comprometido.

Con el correr de los años y la intensificación de los enfrentamientos, su trabajo se volvió imposible y comenzó a representar la realidad a través de la fic­ción. Decía en una entrevista “Hago imágenes. Primero eran imágenes de guerra, y después tuve que empezar a fabricarlas porque ante la destrucción que veían mis ojos ya no podía recoger lo real. Tuve que recrear todo. Y así es como me volqué hacia la ficción”. Su entrada en el cine de ficción se produjo en 1981, cuando trabajó como directora de segunda unidad en El círculo del engaño, de Volker Schlöndorff. Poco después dirigió su primera obra de ficción. Más adelante realizó películas como El flirteo de las chicas (1985) y Dunia (2005), ambas ficciones que despertaron la crítica y la polémica en le región.

En otras entrevistas de la época ella, así como las personas que trabajaron cerca suyo, destaca su ímpetu personal para hacer frente a los obstáculos que se le presentaban como mujer en el oficio:

“En la sociedad árabe, donde las mujeres viven en guetos, [el feminismo] sólo puede empeorar las cosas. Al contrario, la liberación de la mujer significa integrarla en esta sociedad de hombres que la rechaza. Esto no significa que esté en contra de la información sobre las mujeres, sobre lo que hacen. El hecho es que los hombres te perciben tal y como te mostrás (…) ¡está en manos de las mujeres abrir las puertas y levantar los velos!”

Después de que la guerra civil reconfigurara todo el país, en Érase una vez en Beirut (1994), Saab intentó rescatar la memoria cinematográfica de la capital libanesa.

Hacia el final de su vida, trabajaba en un largometraje dedicado a Mei, la hija de Fusako Shigenobu, revolucionaria y fundadora del Ejército Rojo japonés en Beirut en 1973. Mei Shigenobu nació en completo secreto en Beqaa. Su padre era un fedayín palestino cuyo nombre se mantuvo en secreto y su madre la famosa militante internacionalista que dedicó su vida a la revolución. Contar sus historias permitió a Saab hablar de su vida, el asedio de Beirut en 1982, que obligó a los combatientes palestinos a abandonar el país. Fusako Shigenobu se fue con ellos, mientras que Mei fue criada por los camaradas y apenas vio a su madre antes de su detención en Osaka en 2000. Fue luego de ese acontecimiento que Mei recuperó su identidad. Lamentablemente, Jocelyne Saab estaba demasiado enferma para terminar este proyecto a gran escala, y en su lugar decidió crear una película muy corta que hizo hincapié en la historia de Mei. Mi nombre es Mei Shigenobu (2018) no es solo un breve extracto de la película que pretendía hacer, sino un testimonio de su última preocupación política frente a un mundo que abandonaba lentamente.

Beirut y Líbano, a pesar de ser sus temas preferidos, no son los únicos lugares a los que Saab dirigió su atención a partir de 1975. Sin embargo, sí pueden pensarse como el punto de inflexión que marca la evolución de su obra artística desde el comienzo de la guerra. Hasta su muerte en enero de 2019, Jocelyne Saab siguió dedicada a lo que ella llamaba sus "dos obsesiones permanentes: la libertad y la memoria". En sus películas -tanto de ficción como documentales- Jocelyne Saab intentó retratar no sólo la realidad de la guerra libanesa y el impacto psicológico y material que ello tuvo en el país y la región, sino que también compuso una estética y un vocabulario visual que distingue a sus películas no sólo como material de archivo sino también como obras invaluables del patrimonio artístico y cultural árabe.

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