Pasaron algunos años, pero aún recuerdo como si fuera hoy el viaje emocional que experimenté al ver Nomadland por primera vez. Desde la indiferencia inicial hasta una admiración profunda, mis sentimientos hacia esta película se transformaron significativamente a medida que la fui mirando.
Recuerdo el momento que provocó mi rechazo inicial: un intercambio aparentemente mundano.
"No quiero entrometerme, pero… hay una iglesia junto al 7-Eleven. Es una iglesia bautista y tienen camas disponibles".
"Voy a estar bien".
Esta escena ocurre al principio de la película, cuando Fern, la protagonista, rechaza la oferta del encargado de una estación de servicio. Nomadland nos muestra la vida de ella: es pobre y no tiene un lugar para vivir. Durante el frío invierno, pasa sus días en una furgoneta destartalada después de haber perdido a su marido y a su trabajo. Lucha con trabajos temporales mal pagos y físicamente exigentes en Amazon. Este retrato típico de la pobreza al comienzo de la película me hizo pensar que la ganadora del Óscar criticaba la injusticia social y la pobreza, y que tal vez era otra obra diseñada intencionalmente para complacer las simpatías de los votantes de los Óscar. Este pensamiento me hizo sentir desprecio por la obra.
Sin embargo, a medida que se desarrolló la trama, quedé completamente enganchado. Me di cuenta de que estaba equivocado y de que mi comprensión de la película era tan presuntuosa y errada como el juicio que el encargado de la estación de servicio tenía sobre la vida de Fern. Poco a poco, entendí que Fern no era una persona en condición de calle, sino que ella misma buscaba la libertad y la tranquilidad. También entendí, que la directora Chloé Zhao no criticaba a la sociedad, sino que estaba explorando el sentido de la vida.
Zhao utiliza poco diálogo y muchas imágenes para representar la vida y el mundo interior de Fern. Las escenas emotivas en las que ella camina sola en el frío desolado, en las que lee en las penumbras en su camioneta, o en las que atraviesa con torpeza los acantilados barridos por el viento junto al mar me transmitieron una sensación de soledad y provocaron cierta envidia en mí.
Una escena que me impresionó bastante fue cuando Fern y un grupo de nómadas se sentaron alrededor de una fogata y compartieron sus historias de vida. Este grupo de personas aisladas de la sociedad tiene sus razones únicas para vivir vidas errantes y emocionantes que no están impulsadas por la riqueza o la fama. Su camaradería me recordó las amistades sencillas pero alegres que tuve durante mi adolescencia. Me sentí abrumado y arrepentido al pensar en eso. Curiosamente, parecía que me había olvidado de los pequeños placeres de la vida ahora que tengo un trabajo y satisfacción económica.
Otro momento conmovedor fue cuando Fern, acurrucada en su camioneta en una noche fría, contempla las estrellas a través de la ventana. Esta conexión con la naturaleza me hizo reflexionar sobre mi propia vida. Me sentí patético. Hace tanto que trabajo en la jungla de concreto que me pregunté a mí mismo, ¿cuánto tiempo había pasado desde la última vez que me conecté con la naturaleza? ¿Encontré realmente la felicidad en mi incesante búsqueda del dinero y el éxito, un concepto definido por la sociedad?

Esas escenas de soledad representadas en Nomadland, que se suponía que provocaban simpatía y compasión desde una perspectiva convencional, terminaron haciéndome sentir en paz. Esto es lo que la hace asombrosa. Esta película contrasta marcadamente con otras ganadoras de los Óscars posteriores a 2020, como Todo en todas partes al mismo tiempo y Oppenheimer, que se caracterizan por sus grandes narrativas y su ritmo intenso. A diferencia de ellas, la historia de Nomadland es mucho más tranquila y pacífica. Todo en todas partes al mismo tiempo bombardea a los espectadores con el concepto del multiverso y su narración rápida y, como resultado, produce una sobrecarga de información y una experiencia sensorial abrumadora. De manera similar, Oppenheimer reconstruye el nacimiento de las armas nucleares con su plétora de personajes y acontecimientos históricos, lo que suscita una profunda reflexión histórica. Personalmente, creo que estas dos películas son innegablemente épicas y apasionantes. De hecho, el ritmo acelerado se convirtió en uno de los rasgos destacados de las producciones de Hollywood posteriores al 2020. Por el contrario, Nomadland adopta el enfoque opuesto al presentar una narración serena y moderada, lo que resalta su singularidad en estos tiempos. Por mi parte, desarrollé una gran admiración por la forma en la que Zhao desafía a las tendencias.
Otro sello distintivo de las películas posteriores al 2020 es la expresión ferviente de cuestiones sociales. El éxito de Barbie del año pasado y la muy comentada Guerra Civil de este año ejemplifican esta tendencia. Barbie provocó un amplio debate a través de sus críticas y reflexiones sobre los roles de género, mientras que Guerra Civil profundizó en cuestiones delicadas relacionadas con la división racial y la política. En algunas plataformas como Peliplat, aparecen varios artículos que analizan ampliamente estos temas. No pretendo criticar estas películas, quiero poner en relieve la forma en la que Nomadland se destaca entre ellas. Si bien aborda brevemente el tema de la pobreza resultante de la transformación industrial, se centra más en el viaje de Fern para encontrar su modo de vida.

Fern tiene oportunidades para cambiar su estilo de vida nómada. Encuentra un empleo estable en un camping ya que atiende a los turistas que están en el camping, sus compañeros la quieren mucho, pero esa estabilidad no es lo que busca. También se encuentra con Dave, pero decide dejarlo después de presenciar la conmovedora vida de él y su familia. Por lo tanto, su vida nómada es una elección deliberada.
Al final de la película, otro nómada llamado Bob comparte con ella la razón detrás de tal elección.
"Inevitablemente, hay dolor y pérdida. Y muchos de ellos tampoco lo superan. Y eso está bien. Está bien. Una de las cosas que más amo de esta vida es que no hay un adiós final".

Creo que esta razón es algo superficial. Sí, Fern perdió a su marido y no soporta vivir una vida estable sin él. Aunque desgarradora, es una narrativa recurrente en innumerables películas. Sin embargo, en los momentos finales de Nomadland, acompañada de música de piano melancólica, Fern deja la fábrica abandonada, descarta todas sus pertenencias compradas con sus años de trabajo y sale a la ruta en su camioneta deteriorada. El dolor que sentí mientras miré estas escenas fue mucho más profundo y vívido de lo que cualquier diálogo podría expresar. Éste es quizás el poder del cine como séptimo arte. Algunas heridas son demasiado profundas para expresarlas con palabras, lo que las hace aún más dolorosas.
¡Nos volveremos a ver para seguir debatiendo sobre películas!




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