MIRADAS ENTRE REJAS  

La historia que cambió mi forma de ver el mundo: Una reflexión desde la Ingeniería.

Imagina por un momento que eres un niño de ocho años, lleno de curiosidad, inocencia, y con el corazón abierto a la amistad, sin importar de dónde viene el otro, qué idioma habla, o cómo luce. Ahora, coloca a este niño, Bruno, en medio de una realidad que dista mucho de la que conoces: un campo de concentración nazi. No es consciente de dónde se encuentra realmente, solo sabe que acaba de mudarse a una nueva casa, cerca de un lugar que su padre, un oficial nazi, llama "una granja".

En tu paseo por el bosque un día, te encuentras con un niño del otro lado de una cerca. Lleva puesto un pijama a rayas. No entiendes por qué, pero te acercas y empiezan a hablar. Shmuel es diferente, pero a ti no te importa; lo que importa es que tienes un nuevo amigo.

“Me parece que somos iguales, aunque somos diferentes. ¿Qué más da?”

El niño con el pijama de rayas - Película - 2008

A medida que avanza la historia en El niño con el pijama de rayas, el contraste entre la inocencia de Bruno y la cruda realidad que lo rodea se hace cada vez más agudo. Como espectador, sabes lo que está ocurriendo, y ese conocimiento te pesa. Sabes que lo que Bruno ve como una simple amistad, un escape de su soledad, es en realidad una representación brutal de uno de los peores crímenes de la humanidad. Esta es la clave de la película: a través de los ojos de un niño que no comprende las barreras del odio, te obliga a confrontar la facilidad con la que se pueden borrar las líneas entre el bien y el mal cuando se deshumaniza a los demás.

Ver esta película fue, para mí, un punto de inflexión. Como estudiante de Ingeniería Industrial y Ambiental, la historia resonó en un nivel más profundo. Me di cuenta de que, en mi futura profesión, las decisiones que tome no solo tendrán repercusiones técnicas, sino que también tendrán un impacto humano, social y ético. La historia de Bruno y Shmuel me hizo reflexionar sobre la importancia de mantener siempre presente la empatía en mi trabajo.

Hay una escena que se ha quedado conmigo: cuando Bruno cruza la cerca para ayudar a Shmuel a encontrar a su padre. Es un acto de inocencia y amistad, pero también un trágico error que los lleva a un destino devastador.

“No quiero que seas más mi amigo si no me ayudas,” le dice Shmuel a Bruno, quien, con determinación, decide cruzar la cerca.

Desde la perspectiva de un ingeniero, esa cerca representa más que una barrera física; es un símbolo de las divisiones que a menudo creamos en nuestras vidas y en nuestras profesiones. Como ingenieros, construimos puentes, carreteras y ciudades, pero también tenemos la responsabilidad de derribar esas barreras invisibles que separan a las personas. La película me enseñó que debemos considerar siempre el impacto de nuestras acciones en todos los aspectos de la vida humana, no solo en el resultado final de un proyecto.

El paralelismo con mi carrera es claro: en la ingeniería, especialmente en la ambiental, a menudo nos enfrentamos a decisiones que pueden parecer pequeñas o técnicas en el momento, pero que tienen enormes implicaciones éticas. El cambio climático, la contaminación, y la gestión de recursos no son solo problemas de eficiencia o costo; son cuestiones que afectan directamente a la vida de las personas. Así como la historia de Bruno y Shmuel muestra cómo la deshumanización puede llevar a consecuencias trágicas, mi trabajo futuro como ingeniero me recordará constantemente la importancia de considerar el impacto humano de cada decisión que tome.

El niño con el pijama de rayas no es solo una película sobre el Holocausto; es una lección sobre la humanidad, la empatía y la responsabilidad. Como ingeniero, me doy cuenta de que mi trabajo tiene el poder de construir o destruir, de conectar o dividir. Esta historia me cambió porque me enseñó a ver el mundo con una perspectiva más amplia, más humana, y a comprender que, en el fondo, nuestras decisiones técnicas siempre deben estar guiadas por principios éticos sólidos y una profunda consideración por el bienestar de los demás.

Al final del día, la cerca que separa a Bruno de Shmuel es solo un símbolo de las muchas barreras que construimos en nuestra sociedad. Como ingenieros, tenemos la capacidad y la responsabilidad de asegurarnos de que nuestras creaciones no solo sean útiles y eficientes, sino que también promuevan la justicia, la igualdad y la dignidad para todos.

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