Si aún no ha visto "Sexto sentido", NO lea este artículo  

Una de las películas de suspenso que mayor impacto me ha causado, por su trama y, sobre todo, por su inusitado desenlace ha sido Sexto sentido (1999) bajo la dirección de M. Night Shyamalan. La historia es interesante desde el inicio, con un protagonista infantil, Cole Sear (Haly Joel Osmen) dueño de un carisma particular, mirada inocente y dulce, con una conexión que podríamos llamar química con el protagonista adulto, Dr. Malcolm Crowe, encarnado por Bruce Willis, haciendo ambos una llave que le dio un brillo a sus personajes y concentrar la atención del espectador en sus conversaciones y acciones, en cada una de las secuencias.

Más, el punto sorprendente, se encuentra en su desenlace, porque parece que ha terminado y el psicólogo (Willis) ha logrado ayudar al niño, cuando de repente las subsecuentes escenas develan la sorpresa de que el Dr. Crowe (Willis) ¡estaba muerto!

Si los espectadores hubiésemos observado mejor, nos habríamos fijado en algunas señales indicativas de que el Dr. Crowe estaba muerto, por ejemplo, haber usado, el personaje, la misma vestimenta todo el tiempo, o que al acercarse a su esposa ella se abrigaba por el frío “fantasmal”, o que el Dr. nunca conversando con la madre, siendo lo natural por tratarse de un niño su paciente. Vemos lo que queremos ver, creemos lo que deseamos creer. Y a esa conducta humana debe haber apostado el Director de la película.

Este film puede haber influido en una variación de la perspectiva de algunos directores, quienes comenzaron a redimensionar el final de las historias de suspenso, incorporando elementos inesperados. Así ocurrió con Los otros (2001) dirigida por Alejandro Amenábar, director de origen chileno y protagonizada por Nicole Kidman, así como en La Isla Siniestra (2010), dirigida por Martin Scorsese, y estelarizada por Leonardo Di Caprio, e inclusive, este elemento de sorpresivo final, la pude apreciar en el thriller de suspenso Detrás de sus ojos (2021) serie inglesa de tan solo una temporada, con seis episodios, cuyo director, Erik Richter Strand, tuvo la habilidad de atrapar la atención, por lo menos la mía y a quienes la recomendé, dejando esa sensación de querer más, y al mismo tiempo comprender que su duración fue suficiente.

Puede que esta fórmula tan interesante de desarrollo temático, se agote por cuanto como público expectante, la imaginación nos permita adivinar el sorpresivo final, perdiendo interés en el transcurso de la película o serie, y finalmente dejarla por aburrimiento. El final inesperado, se vuelve previsible.

Es lo propio que ocurre con muchos aspectos de la vida. La originalidad es emulada hasta agotar su originalidad. Esto reclama una dosis de esfuerzo por parte de los creadores de gestar propuestas que superen las actuales, quizás volviendo a fórmulas tradicionales, por llamarlas de alguna manera y en el trayecto descubrir nuevas narrativas igualmente sorpresivas.

Finalmente, es importante destacar el impacto de Sexto sentido, su influencia en la creación de subsiguientes filmes de suspenso, misterio y terror. Esta película perdurará por siempre en el subconsciente de la cultura cinéfila. ¡Aplausos de pie!

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