En la cultura occidental siempre hemos tenido muy presente el concepto de la figura omnipresente que es capaz de resolverlo todo. Desestimamos la unión de fuerzas de un colectivo y abrazamos la figura del salvador. Esto ha determinado mucha nuestra relación con la representación del heroísmo en el cine. El prototipo de personaje, en su mayoría casi perfecto, capacitado para ejemplificar el heroísmo se ha vestido de diferentes trajes; ya sea el espía secreto, el maestro karateca, el soldado de guerra o el gladiador; habíamos vaciado la estantería de disfraces de la representación cultural…Pero aún nos faltaba el pasillo de capaz y trajes de latex.

A pesar de que los super héroes ya habían incursionado en el cine desde los años 70s, con la aparición de Superman de Richard Donner, éxitos de los 80s con las películas de Batman de Tim Burton o X-Men al inicio del nuevo siglo, su revolución llegaría de la mano de Marvel con Iron Man en el 2009. Hoy todos estamos familiarizados con los universos cinematográficos, los crossovers y líneas de tiempo; conceptos tradicionalmente más arraigados a los comics. Pero en su momento, la idea de conectar historias, personajes y eventos representaba un nuevo paradigma en el cine de superhéroes; y en la forma de consumir entretenimiento en general. De esta forma Marvel creo su formula, la formula marvel, algo asi como la formula de don cangrejo extrapolado al cine de superhéroes. Caracterizado por su tipo de humor, escenas post créditos, tramas interconectadas y la constante presentación de nuevos personajes.

No escribo esta analogía entre la comida rápida y Marvel desde el cinismo o la pretenciosidad, si no desde un acto de consciencia de alguien que se considera fan de Marvel. El juicio de valor de las producciones de Marvel tomo relevancia a raíz de las palabras del director Martin Scorsese sobre su opinión de como “Marvel no es cine”. Dichas palabras sacadas de contexto, dentro de una entrevista con el medio Empire, dieron como resultado la molestia de muchos fanáticos de los comics y los aplausos del éxodo cinéfilo más elitista. Lo que más resonó en mi de esta conversación fue la carta escrita por Martin Scorsese al medio The New Your Times. En esta carta nos dio un bellísimo análisis, del estado de las grandes producciones en la actualidad, las historias que durante su crecimiento formaron su entendimiento de lo que es el cine y el impacto del streaming a la hora de producir nuevas obras. De dicho análisis extraigo la frase que me hizo entender el estado actual de mi desconexión con el cine de superhéroes:
Muchos de los elementos que definen el cine tal como lo conozco están presentes en las películas de Marvel. Lo que no está ahí es revelación, misterio o peligro emocional genuino.
Martin habla de como la esencia del cine, más allá de su forma, radica en su fondo emocional. Y es en la carencia de peligro emocional en donde siento que Marvel dejo de conectar, no solo conmigo, si no con muchas personas que crecimos amando a estos personajes. La broma recurrente de que los personajes de Marvel nunca mueren, o sufren verdaderas consecuencias, persistieron en el tiempo hasta la llegada de Infinity War. Esta cinta nos presento por primera vez un escenario de peligro real, para los personajes, a través de un villano que se proclamaba como Inevitable. Y fue en la inevitabilidad de la muerte en esta cinta y su segunda parte, EndGame, que Marvel encontró un cierre digno para años de trabajo.

Endgame significo para una generación, a la que pertenezco, el final de una época. Por otro lado para Marvel solo significo el inicio de una nueva era. Nuevas producciones, nuevas series y más cangreburgers visuales que vender. Ya han pasado años, y con mas desaciertos que éxitos, Marvel sigue explotando esa formula que en su momento pudo enamorarnos. Con la recién noticia de que Robert Downey Jr. regresara al universo cinematográfico para interpretar a Doctor Doom comprendo que morir en Marvel es un chiste y que mi desconexión con estas historias se basa en el inexistente peligro emocional que manejan. Por que de que sirve crecer con Iron Man, verle morir, sufrir hasta el final y despedirle por lo alto, para luego volver a ver al mismo actor interpretando a otro personaje. Si ese es la forma de tratar a la cara que dio vida al personaje más importante de tu universo…¿Qué queda para el resto?

Habrán fanáticos que te dirán que esto es inspiración de la historieta X, en el universo Y, y todo un abecedario de excusas para no aceptar que el regreso de Robert Downey Jr. a Marvel son brazadas de ahogado en un océano seco de creatividad. El mismo Scorsese expresa el como darle siempre lo mismo al espectador lo acostumbra a siempre exigir lo mismo. La subestimación de productoras como Marvel hacia un publico anhelante de historias nuevas, con nuevos talentos y valores artísticos, es cada vez es más notable. A muestra el recibimiento en taquilla y critica de proyectos como Madame Web, The Marvels, Eternals o Quantumania.
Deseo desde lo más profundo que el paradigma cambie y que las nuevas generaciones disfruten, como lo hice yo, de representaciones de heroísmo creadas desde el amor a sus personajes. Por eso en este escenario que parece ser una verdadera civil war entre quienes odian a Marvel y quienes veneran cada decisión del estudio, decido colgar mi capa y abandonar esta guerra. No pienso atacar a la persona que sigue consumiendo cine de superhéroes, ni mucho menos cubrirme en una coraza cínica, cohibiéndome de disfrutar, en casos excepcionales, de ver a tres hombres araña en la misma película. Pero aún así, me mantendré firme en la búsqueda de revelaciones en la gran pantalla que me hagan crecer como persona, consciente de que no las encontraré en producciones millonarias, sino en la independencia de nuevos autores que trabajan para encontrar una voz que se diluya entre los suspiros de asombro de una sala de cine."




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