El decamerón de Netflix… ¡Cuanto más loco mejor! 

Si te pones a pensarlo, los tres años de aislamiento durante el COVID no se distancian mucho de lo que se vivió durante la Peste Negra, la locura de la humanidad no cambió mucho en estos setecientos años: la misma opresión, la misma locura, el mismo desconcierto, el mismo absurdo. Esa es la conclusión a la que llegué después de ver la nueva serie de Netflix, El decamerón.

Aunque se trata de una comedia, no pude evitar sentir algo de desconcierto después de verla.

El decamerón.

Me sentí muy entusiasmada cuando salió el tráiler de El decamerón. Las vibrantes decoraciones, personajes alocados, música moderna y la historia principal de la serie parecían encajar a la perfección con lo que quería ver. Tenía que ser divertida, emocionante, no demasiado profunda y, desde luego, no melancólica. Sin embargo, después de verla, no cumplió mis expectativas. Me pareció más una versión medieval de The White Lotus que una adaptación del Decamerón. Desgraciadamente, El decamerón no consiguió desarrollar los personajes tan bien como The White Lotus.

La serie narra la historia de un grupo de nobles y sus sirvientes que se retiran a una villa rural para huir de la peste en la Florencia del siglo XIV. En este espacio, relativamente cerrado, se desarrolla una serie de acontecimientos dramáticos. El sexo, la violencia, la enfermedad y la muerte están por todas partes. Un entorno tan lleno de crisis es el escenario ideal para que la naturaleza humana muestre su verdadera cara, aunque esta sea oscura. Sin embargo, el retrato de los personajes es mediocre y aburrido.

La historia empieza siendo prometedora. Tanya Reynolds, que impresionó al público en Sex Education como la extravagante Lily, interpreta a uno de los personajes principales, la sirvienta llamada Licisca. Luego del primer episodio, pensé que sería un personaje simpático. A pesar de su bajo estatus, no es egocéntrica, trata a todo el mundo por igual, cuida del señor de la casa como si fuera su padre, e incluso ayuda a los mendigos moribundos al costado del camino. Es inteligente, capaz de ver a través de las personalidades de los demás. Ve claramente la vanidad y el egoísmo de la señora de la casa, Filomena, y le da una lección a su manera. Por todo esto, cuando la vi empujar a Filomena al río y luego alejarse en un carruaje, me quedé expectante ante lo que le sucedería a continuación, en serio creí que sería un personaje muy simpático.

El decamerón.

Cuando digo que un personaje es simpático, no quiero decir que tenga que ser amable o sabio. Pueden tener sus deseos egoístas o sus malos pensamientos. Sin embargo, creo que una persona debe tener algún aspecto que me permita empatizar con ella. No tienen que ser muy parecidas a mí para evocar esta empatía. Si pueden mostrar alguna cualidad que yo deseo tener, eso también funciona. Por ejemplo, en la vida real, evito todos los conflictos posibles, pero en el fondo, anhelo ser algún día lo bastante valiente para defenderme. Por eso, cuando veo personajes en las películas que son especialmente inteligentes y se atreven a discutir con los demás, me caen muy bien.

Otro punto importante es que los personajes simpáticos suelen ser vívidos y reales. Por lo general, tienen una personalidad bastante fuerte y no son unidimensionales. Esto requiere que los personajes muestren cierto contraste y cambien.

En este punto, debo admitir que El decamerón se destacó bastante con los personajes de Neifile y Pánfilo. Neifile comienza siendo muy devota, hasta el punto de la rigidez. Pero tras enterarse de que su rescate del pozo no fue una intervención divina, sino algo arreglado por su marido, cae en una especia de locura. A partir de ese momento, se vuelve entrañable y el público empieza a lamentar su muerte. Del mismo modo, la personalidad de Pánfilo es imprecisa al comienzo. Su rasgo más destacado en la historia es su homosexualidad. Pero para el público actual, esto no constituye un secreto convincente. Sólo resulta simpático cuando demuestra un amor que va más allá del romántico hacia su esposa Neifile. El momento culmine de su arco de personaje llega cuando camina hacia los mercenarios con el cuerpo de Neifile en brazos para salvar a los demás.

Una mujer devota no es sólo devota, y un noble homosexual no sólo ama a alguien de su mismo sexo, son mucho más que eso. El contraste y los cambios en sus personalidades hacen que sus personajes sean más tridimensionales y, por tanto, más queribles para el público.

El decamerón.

Por el contrario, los personajes menos simpáticos de la serie, como Pampinea, que es mezquina y egoísta de principio a fin, Sirisco, que es muy orgulloso, Misia, que siempre transige con la señora de la casa sin límites, y Tindaro, que es extremadamente egocéntrico, hacen avanzar la trama, pero también hacen que yo, como espectadora, pierda poco a poco el interés por la historia. Cuando aparecen estos personajes, desearía poder avanzar rápidamente. No me importan sus destinos e incluso pienso que no me importaría que desaparecieran. Por suerte, cambian de actitud para el último episodio, Pampinea muestra calidez para con Misia, pero Misia la mata, Tindaro se sacrifica para proteger a los demás y el arrogante Sirisco es abandonado por los aldeanos.

Por desgracia, estos cambios se producen demasiado tarde. En mi opinión, las partes tediosas de la trama podrían cortarse, reduciendo la serie a tan solo seis episodios al eliminar las escenas innecesarias y repetitivas (por ejemplo, no hacía falta que le dedicaran 3 episodios al coqueteo entre Licisca y el doctor Dioneo), y mantener las partes que muestran la locura de los personajes.


La locura, sin duda, es lo que me atrajo de la serie. Nuestro miedo a que el mundo pierda el orden y nuestro desconcierto pueden invertirse en esta locura. Nos arriesgaremos a la muerte para liberar nuestros deseos sexuales, nuestra ira y nuestro dolor reprimido. No nos importan las doctrinas religiosas, las leyes, la jerarquía social, la moral ni las distinciones de clase.

El decamerón.

Esto me lleva a la conclusión de que El decamerón no tiene una trama tan loca al final. Los únicos sobrevivientes son los sirvientes, incluida Filomena, que fue criada durante un tiempo; todos los amos están muertos. La peste y la violencia en esta serie siguen un patrón de clase. Está claro que los guionistas querían transmitir el tema de la lucha de clases a través del destino final de los personajes. Sin embargo, esto va en contra del tema central de la premisa original. También desaprovecha la atmósfera de locura creada en la primera parte de la trama.

Freud creía que la civilización es represión. Cuanto más avanzada es la civilización, más profunda es la represión. A largo plazo, esta conduce a trastornos mentales, que es el precio que debemos pagar por entrar en la civilización. Sin embargo, esta represión no siempre es eficaz. La mayor parte del tiempo, la civilización es como un filtro utilizado para cubrir los deseos y la locura humanos. Como alguien que creció en un entorno cultural de Asia Oriental y experimentó tres años de control continuo durante la pandemia de COVID, tengo una profunda comprensión de este tema. A veces me sorprendo de mi propia ira y deseos no desatados, con frecuencia me encuentro fantaseando con alguna forma de apocalipsis u ocasionalmente teniendo pensamientos autodestructivos. Sé que el gen de la locura está arraigado en la psique de toda persona civilizada. La locura es una búsqueda espiritual común para las personas que viven en un entorno represivo.

El decamerón.

Pr suerte, hoy en día, hay varias vías en nuestra vida cotidiana que pueden ayudarnos a desahogar esa locura. ¿No es el cine también una manera de acallar todo lo que nuestra mente nos dice por algunas horas?

Es por eso que lo que más lamento de El decamerón de Netflix es que aún no se haya dejado ir lo suficiente hacia el lado de la locura. Pero creo que, de igual manera, vale la pena reconocer el esfuerzo que han hecho.

Mi frase favorita de toda la serie es la que la cocinera le dice a su hijo:


"Sólo somos un poco mejores que el barro, pero eso no tiene nada de malo.".

El decamerón.

Sí, todos los seres son iguales, pero eso no significa que todos los seres sean nobles. Quizá otra verdad de la igualdad sea que todos somos pequeños, humildes e insignificantes. La pandemia no perdonó a nadie, nadie fue más valioso, más devoto o más moral que el otro. Ya que mañana podría no llegar nunca, ¿por qué no dejarse tomar por la locura?

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