Prólogo
“El cine es una forma de arte que te brinda lo inesperado. En las películas de superhéroes, no hay nada en riesgo, dice el director.”
—The New York Times, Nov/04/2019
Como la gran mayoría de ustedes sabrán, en una entrevista con el medio especializado Empire en octubre del 2019, se le preguntó al director Martín Scorsese (The Wolf of Wall Street, Taxi Driver, Killers of the Flower Moon) sobre su postura ante el popularmente llamado “cine de superhéroes”, a lo que el director respondió, principalmente, desde una posición que desató polémica en su momento:
“No las veo. Lo intenté, ¿Sabes? Pero eso no es cine. Honestamente, lo más cercano que puedo pensar hacia ellas, con lo bien hechas que puedan estar y actores haciendo lo mejor que puedan bajo esas circunstancias, son parques de diversiones…”.

Con este contexto, lo que pretendo hacer hoy es analizar el contexto pasado y presente del subgénero de superhéroes, evaluar el impacto de la pandemia y su respuesta cultural por parte de los estudios responsables de realizar estas películas y finalmente reevaluar, ¿A qué se refería realmente Scorsese con estas declaraciones?
Los 70s y 80s: El primer gran inicio
Aunque durante el siglo XX se habían realizado diversas adaptaciones bastante libres y/o modestas de personajes como Superman, Shazam, Spider-Man, Batman, incluso hasta el Capitán América, la realidad es que estos proyectos eran en su mayoría producciones concebidas para televisión, y con ciertas excepciones, fueron olvidadas por el público con el pasar de los años.
Sin embargo, todo esto cambió en 1978 con el estreno de Superman de Richard Donner, la primer gran producción de un personaje de este estilo hecha para cines, la cual fue un éxito en todos los sentidos y dió pie eventualmente a tres secuelas más estrenadas durante la siguiente década, además de un spin off, Supergirl, estrenada en 1984.
El gran ascenso del hombre de acero y derivados no tardaría en luchar con su propio peso, pues desde Superman IIi (1983) la saga comenzaría a tambalearse en cuanto a calidad, y por ende, entre el público; sin embargo, el éxito de Kal-El fue suficiente para que Warner decidiera llevar a otro gran ícono a la pantalla grande desde 1966, esta vez de una manera más seria con un tono particular.

Tras un largo recorrido en búsqueda de su director, protagonista, antagonista y escritura de guión, finalmente a fines de la década de los 80s se estrenó Batman de Tim Burton, que logró un gran impacto cultural debido a su estética sombría y llamativa a la vez, su tono más oscuro y su atmósfera abismalmente diferente a lo que Donner hizo 11 años atrás.
Con sus altas y bajas, estas dos propiedades demostraron al mundo que era posible realizar adaptaciones de estos personajes que fueran comercialmente atrapantes, con actores de renombre y una buena historia, marcando aparentemente, un camino brillante para la década entrante…
Los 90s: Un golpe de realidad
Con la saga de Superman habiendo terminado, esta década pertenecía al murciélago, estrenando su secuela en 1992, Batman Returns conseguiría seguir estableciendo un público, pero con una crítica muy importante por gran parte de este: Lo mostrado era demasiado oscuro/sugerente para los niños, obligando a Warner a decantarse por un tono más brillante y colorido para la tercera y eventualmente cuarta parte, haciendo que Burton y su protagonista, Michael Keaton, optaran por no estar involucrados. De esta manera, se contrató a Joel Schumacher en el puesto del director, y Val Kilmer como Bruce Wayne para Batman Forever (1995), siendo remplazado por George Clooney en Batman & Robin (1997), películas abismalmente distantes de lo establecido en sus primeras dos entregas que terminaron por matar abruptamente la saga.
Por su parte, Marvel, aunque con éxito en la TV con series animadas como X-Men: The Animated Series y programas live action como The Incredible Hulk, en el cine la historia era muy diferente, pues con adaptaciones como Dr. Strange (1978), Howard the Duck (1986) y Captain America (1990), parecería que su lugar no era en el cine. A mediados de esta década, su división principal, la de cómics, atravesaría una fuerte crisis financiera, obligando a la compañía a optar por vender los derechos cinematográficos de sus personajes más conocidos a diversos estudios.
El primer resultado de este movimiento se vería tan sólo unos años después, en 1998, con el estreno de Blade por parte de New Line Cinema, una cinta con un éxito moderadamente bueno (tomando en cuenta su clasificación R) que colocaría esa primera piedra en el camino que se avecinaba.

Los 2000s: Un fuerte cambio de panorama
Con el nuevo siglo entrante y los grandes avances en la producción de efectos visuales desde The Matrix (1999), los estudios poco a poco comenzarían a arriesgarse con más cintas sobre personajes basados en cómics.
Por su parte, 20th Century Fox, quien compraría los derechos de los mutantes a Marvel años atrás, estaría estrenando la primer cinta de X-Men en el año 2000, logrando cimentar un éxito medio pero asegurando una segunda parte.
Por su lado, Sony Pictures haría lo propio en 2002 con el primer gran éxito monetario y crítico de esta clase de películas y que redefiniría las historias de superhéroes para siempre: Spider-Man. Esta película generaría una intensa oleada de cintas sobre propiedades de Marvel en los años venideros, entre las que destacan héroes como los Cuatro Fantásticos, Daredevil, Elektra, y otros un tanto más por debajo del radar como Man-Thing o Punisher.

En la casa de enfrente, DC no se quedó atrás, y aún con un intento no tan exitoso por revivir la franquicia del Superman de los 80s con Superman Returns (2006), a inicios de la década un director con una carrera bastante reciente se le acercaría a Warner con la idea de reiniciar a Batman desde un lado realista nunca antes visto: Christopher Nolan.
Tras una larga producción, Nolan logró concretar su visión y en el 2005 estrenó en cines Batman Begins, una cinta con un enorme éxito que le garantizó la oportunidad de realizar una secuela, en la cual se decidiría irse a lo grande…
Así llegamos al 2008, un año que lo cambiaría todo, pues de vuelta a la Casa de las Ideas, casi siempre hubo una constante: Kevin Feige; un joven aspirante a cineasta que fungía como productor ejecutivo en algunas de esas cintas de Marvel ya mencionadas, y que en 2007 tras convertirse en presidente de producción de Marvel Entertainment, decidió llevar a la compañía a un rumbo improbable: Comenzar a producir sus propias películas con el sello de Marvel Studios. Así fue como se concretó un trato con Paramount Pictures para distribuir sus cintas (a excepción de una planeada de Hulk, cuyos derechos habían sido adquiridos por Universal) y al año siguiente se estrenó Iron Man, que a pesar de seguir el molde usado desde inicios de la década, se destacó por su personalidad e ingenio para llevar al personaje de Tony Stark por un camino de redención que pudiera conectar con el público.

Sumado a esto, unos meses después llegó a las pantallas de todo el mundo The Dark Knight, secuela de Batman que una vez más lograría que el público general valore todos los tipos de historias que estos personajes eran capaces de ofrecer, pavimentando un camino que para bien o para mal, DC trataría de replicar muchas veces en el futuro.
La década cerraba con X-Men Origins: Wolverine en 2009, que aunque con una muy mala aceptación entre crítica y audiencia, no fue un bache demasiado grande para dañar la huella que los últimos diez años habían dejado: Con grandes éxitos y algunos fracasos, los superhéroes habían llegado para quedarse… Y Disney lo sabía, por lo que en agosto de 2009 decidió invertir 4 billones de dólares en la compra de Marvel, con excepción claro, de aquellos rincones fílmicos de su catálogo que ya eran propiedad de otros.
Los 2010s: El dominio del Universo Cinematográfico de Marvel
Una nueva década comenzaba, Fox seguía con su universo de mutantes, Sony preparaba dar un reinicio a su franquicia de Spider-Man, DC planeaba el final de su actual Batman junto con Nolan y Marvel seguía cosechando éxitos (algunos más modestos que otros) con la promesa de que algún día sus personajes se cruzarían en un evento especial, una jugada impensable para esos momentos pero que Feige y colaboradores estaban deseosos de lograr.
En el 2012, esa promesa se cumpliría y se unirían por primera vez en la gran pantalla los Vengadores, equipo que hace pocos años algunos conocerían pero que a partir de ese momento, serían equiparables a personajes como los X-Men o la Liga de la Justicia. Marvel Studios aparentemente había encontrado la fórmula para llevar personajes “desconocidos” al conocimiento de las audiencias generales, fenómeno que no haría más que establecerse en mayor medida en el 2014 con Guardians of The Galaxy, pudiendo competir con películas como The Amazing Spider-Man 2 o X-Men: Days of Future Past.
Por los siguientes 5 años, se viviría el punto más alto entre el público que disfrutaba de estas cintas, ya sea cintas más clásicas como Ant-Man (2015), reinvenciones como Deadpool (2016) o Logan (2017), fenómenos culturales como Black Panther (2018), incluso de aquellas que no tuvieron gran aceptaión crítica pero que fueron un éxito masivo comercialmente, como Batman V Superman o Suicide Squad del 2016, pero los mayores exponentes serían el (en conjunto) punto cúspide del UCM, Avengers: Infinity War (2018) y Endgame (2019).

Con estas dos últimas cintas se daría un cierre al arco narrativo iniciado con la primera película del hombre de hierro 11 años antes, uno que sería recibido de manera sumamente positiva por el público. Marvel Studios indudablemente había conseguido aprender de sus competidores a lo largo de los años para formar una trayectoria envidiable para cualquier franquicia, y con la mira hacia el futuro, no había casi nada que pudiera salir mal…
Los 2020s: La pandemia y sus estragos
Marzo del 2020, la OMS declara la epidemia del reciente COVID-19 como una pandemia, los gobiernos de todo el mundo ponen en marcha una cuarentena para sus poblaciones, como consecuencia diversos lugares de uso cotidiano cierran sus puertas, entre ellos, el cine.

Con la única ventana de entretenimiento abierta hacia el streaming, todos los estudios comenzaron a apostar por sus respectivos sistemas de entretenimiento (Netflix, Prime, HBO Max, etc). En el caso de Disney, todo este contenido se iría a Disney Plus, incluyendo aquel hecho por Marvel Studios…
Así en enero del 2021, se daría comienzo a la denominada Saga del Multiverso con su primera serie 100% original: WandaVision, una miniserie que supo aprovechar en gran medida su formato televisivo y mantuvo la atención de la audiencia semana a semana. Tras esta llegarían otras como Loki, What If…?, Moon Knight, etc, además de intercalarse con películas como Black Widow, Shang-Chi, Eternals y claro Spider-Man: No Way Home; esta última siendo el cierre del 2021 para Marvel Studios y fungiendo como una especie de celebración a 20 años de Spider-Man en la pantalla grande, un evento que hizo muy felices a muchos, pero que con los meses generaría un efecto cada vez más notable entre el público.
Era claro que el éxito del UCM se dió gracias a su capacidad para conectar con las personas y generar emoción al poner a interactuar a sus personajes, sin embargo, una vez que gastas la misma carta pierde su efecto, por lo que en esta nueva saga se sentía por muchas personas como si se buscara replicar ése efecto interactuando con franquicias del pasado a costa de una historia realmente coherente, esto además de la saturación de contenido en cines y Disney Plus, generó un descuido en el “control de calidad” de cada producción, llegando a estrenar productos realmente criticados como Thor: Love and Thunder (2022) y Ant-Man and The Wasps: Quantumania (2023).
Con el tiempo las palabras de Martin Scorsese dichas en 2019 parecían cobrar sentido, pues con recientes estrenos como Deadpool & Wolverine, parecería que la audiencia, aún con ciertas excepciones, deja pasar grandes agujeros de guión con tal de recibir minutos de emoción muy disfrutable las primeras veces, pero que desgasta bastante rápido el tiempo de vida de estas películas.

Conclusión
A fin de cuentas, como audiencia podemos disfrutar de lo que queremos, ya que cada uno es libre de decidir o no ver una película o serie, pero es importante no ser conformistas con lo que consumimos y también ser concientes de lo que nos disgusta, pues a fin de cuentas, estas cintas siguen adelante gracias a las millones de personas que van a verlas año con año, y no hay nada de malo en hacer saber al productor que su producto es en gran parte disfrutable pero que carece de eso que los caracterizó mayormete por más de 10 años, atención al detalle…
Escrito por: Andrés S. Mosqueda



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