Por fin se estrenó MaXXXine, la nueva película de Ti West y muy esperada para amantes del cine de género. Además, cierra la trilogía protagonizada por Mia Goth así que es una gran oportunidad para repasar todo lo que dejó a su paso el director con estas tres obras.
Todo comienza en el año 2022 con el estreno de X. Tanto la premisa como la forma en la que está filmada llamaron la atención del público: un grupo de jóvenes cineastas deciden producir cine para adultos y alquilan una cabaña aislada en la zona rural de Texas cuyos ancianos propietarios merodean, la idea es filmar la película sin llamar demasiado la atención de los dueños, pero estos se tornan extraños y parecen tener sus propias intenciones.
La estética emula la textura de grano del fílmico y se acompaña de colores desaturados predominando el rojo que unifica dos elementos importantes para la diégesis: la sangre espesa y los labios maquillados, un diálogo que será constante entre violencia y sexualidad como tradicionalmente lo ha hecho el género de terror a lo largo de la historia del cine.
Siempre en películas de terror, cuando hay juventud hay pulsión sexual y comúnmente suele ser “castigada”, pensemos en el estereotipo de la pareja sexualmente activa que suele ser la primera víctima de estos relatos. Ti West retoma este aspecto y lo expande a la totalidad de la historia, el slasher se propone a partir de un encuentro entre la supuesta promiscuidad y las figuras conservadoras. Pero… ¿Es este el verdadero motor de la parte sangrienta? Inteligentemente esto condimenta la parte de acción del film pero lo que va a atravesar toda la trilogía es tener a la actriz Mia Goth en el centro del relato como interpretando a una joven que quiere convertirse en una estrella.

¿”Terror elevado”? ¿Acaso eso existe?
Hagamos una breve pausa para preguntarnos esto, recientemente se catalogó a cierto cine de terror contemporáneo como “elevado” lo cual genera ciertas rispideces en relación a aquellas que no lo serían. Pensemos que esto, a groso modo, se refiere a una película de terror que no sea solo efectista sino que trate un concepto con cierta complejidad. Pero, la resistencia a este término argumenta que todas -o casi todas- las películas de género desarrollan muchas temáticas metafóricamente y que marcar esta distinción entre unas y otras es por puro esnobismo.
Intentando entender esta categoría podríamos pensar que se refiere a aquellas películas dentro del género que aportan una mirada autoral que complejiza los recursos, técnicas formales y temáticas con mayor audacia que aquellas que apuntan de forma directa a lo popular y comercial. Algunas que fueron incluidas en esta “góndola del terror elevado” son Hereditary (2018, Ari Aster), Midsommar (2019, Ari Aster), Nope (2022, Jordan Peele), It Follows (2014, David Robert Mitchell), The Innocents (2021, Eskil Vogt) o Babadook (2014, Jennifer Kent). La trilogía de Ti West contiene en su estética algo de esto.
Y llegó Pearl
En el 2022 se estrenó la segunda entrega: Pearl. Allí tenemos a una joven cumpliendo el deber de cuidar a su padre enfermo, obedecer a su madre y esperar a que su marido vuelva de la guerra. Los días de someterse al deber ser y al sacrificio devoto de una esposa e hija se ponen en conflicto cuando en sus escapadas al pueblo, Pearl (Mia Goth) se encuentra con el mundo del cine, el baile, el canto y todo ese brillo la empuja secretamente a considerar escaparse para seguir lo que ella cree que es su destino: vivir la vida de una estrella.
A diferencia de su antecesora, esta película sigue el proceso de ebullición de un alma reprimida y violentada. Pearl deposita tantas expectativas en una audición que la puede llevar a su nueva vida que cada obstáculo incrementa la tensión para el espectador. El detalle brillante de esta estructura es que, claramente, el clímax se da en el momento en el cual ella pueda mostrar todo lo que estuvo ensayando a escondidas. Pero la estocada final se encuentra en la forma en la que desinfla ese clímax. El espectador puede hacerse carne de la magnitud de la frustración y la siguiente explosión que viene para el desenlace.
Probablemente la mejor de la tres por su perfecto guion y por la magnífica interpretación de Mia Goth. Jerarquizar la aspereza emocional por sobre los recursos típicos del terror para luego llegar a un final singularmente sangriento la hacen una obra firmemente distinta.

MaXXXine, un cierre deslucido
X se ubica en el año 1979, Pearl en 1918 y finalmente MaXXXine nos lleva a la década de 1980 en Los Ángeles, al mismo tiempo que acechaba el terrorífico asesino serial denominado Night stalker. Maxine Minx (Mia Goth una vez más) se presenta a una audición para una película de terror llamada The Puritan II, la seguridad de su andar y su voracidad ante la cámara la hacen hipnótica. Rápidamente nos damos cuenta que su pasado en las películas para adultos va a ser uno de sus obstáculos, por un lado para ser considerada en obras de mayor prestigio como el drama y además las turbiedades de ese mundo comienzan a perseguirla.
El extraño investigador privado John Labat se hace presente en nombre de alguien que la quiere extorsionar -y acá empiezan las conexiones- con lo que sucedió en aquella cabaña en 1979 durante sus inicios en la industria. Qué quiere este personaje oculto quién es será uno de los misterios. Labat está interpretado fantásticamente por Kevin Bacon que logra un balance entre lo desagradable y lo cómico.
Todo esto que aparece con mucha potencia en el primer acto se empieza a dispersar hacia la segunda mitad de la película y cada vez es más difícil entender cuál va a ser el punto de llegada. El tercer acto por ejemplo desluce el carácter de MaXXXine, que fluctúa entre el rol de víctima y la explosión, no termina de definirse como sí lo había encontrado en Pearl.
Pero eso no es todo, hay que reconocer que la trama sobre el asesino en serie toma demasiado peso para luego no tener conexión alguna con el desarrollo de las cosas. Uno podría imaginarse alternativas posibles por las cuales las había incluído desde la mismísima promoción de la película como un elemento importante, como sí había sucedido en el caso de Érase una vez en Hollywood (Quentin Tarantino, 2019).
Como si fuera poco, a partir de la revelación del personaje del padre y desde la escena del “exorcismo” nos vamos de tono hacia un lugar mucho más bizarro y bordeando el sinsentido. La búsqueda de intentar conectar las tres películas se siente forzada y quizás innecesaria ya que estaban unidas por Mia Goth, la parte conceptual y un leve hilo narrativo, no era imperioso encontrar una sucesión lógica entre los eventos.
Sin embargo no deja de ser reconocible la destreza para filmar de Ti West, el talento de su actriz protagónica y la audacia para animarse a contar una historia distinta. Vista en pantalla grande, esta película incrementa su valor visual y cuenta con momentos bellos y magnéticos como la ya mencionada audición, todo lo referido a clubes nocturnos o el descargo de violencia de Maxine contra Labat.
En un contexto de tanta producción del estilo fast food y monopolios del entretenimiento haciendo películas una igual que la otra, este tipo de obras, incluso con sus resoluciones fallidas, siguen siendo una fuente de creatividad, debate y reflexión. Larga vida a Ti West.




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