El ingreso a la facultad en el presente año representa, tanto para mí como para cientos de alumnos, una etapa de muchos cambios. No solo implica la adaptación a un nuevo entorno, sino también la transición a la adultez, pues nos vemos constantemente obligados a tomar decisiones que afectarán nuestro futuro. Sin embargo, es aquí donde debemos frenar y asegurarnos de que estamos disfrutando el momento, viviendo el presente. Ya que, de lo contrario, nos vamos a encontrar intentando volver al pasado para revivir las experiencias actuales que con tanto cariño recordaremos.
Es por este motivo que elegí hablar de la obra Aftersun, explorando la memoria, la nostalgia, el paralelismo entre el pasado y el presente.

Charlotte Wells, directora de la película, proyecta sus recuerdos a través de Sophie, la protagonista. Es esta cercanía con la realidad que provoca que la obra conecte tanto con la audiencia. Pues genera que los momentos se sientan como propios, donde la nostalgia, casi amarga, es inevitable.
En el comienzo de la obra hay una fiesta en la mente de la protagonista donde se muestra a Sophie en su adultez, recolectando segmentos de su niñez para formar una imagen nítida del pasado. No es hasta que ella abre los ojos que la película empieza a tener un hilo claro, alternando escenas que Sophie recuerda con las que realmente pasaron durante el viaje a Turquía con su padre, manifestándose estas últimas como las grabaciones reales del viaje.
La obra va construyendo la genuina relación de padre e hija que tienen Sophie y Calum. A través de la cual podemos notar ciertos paralelismos. El más evidente es la tristeza del padre, quien hace todo lo posible para asegurarse de que su hija lo vea como un lugar seguro al que acudir cuando pase por momentos difíciles, similares a los que él mismo experimentó en su juventud.
Una de las escenas más importantes de la película es cuando Calum se quita el yeso. Pues en este momento podemos ver cómo es bañado en una luz azul, un color frío; representando así las responsabilidades de la adultez, junto con su soledad y el peso del pasado. Contrariamente, Sophie se ve iluminada por una cálida luz amarilla, que rememora la niñez y la esperanza e inocencia que ello conlleva.

Dicho paralelismo visual me dejó lugar a reflexionar sobre mi camino hacia la adultez, pues es aquí donde considero fundamental encontrar un equilibrio: aunque los cambios se representen como oscuros y fríos, transitarlos con la calidez y el resplandor de la niñez es clave durante esta etapa.
En este mismo orden, enfrentar la madurez es otro aspecto esencial que se aborda en Aftersun. Para Sophie, su cumpleaños es algo emocionante y digno de celebración, algo que simboliza el comienzo de una nueva etapa. Sin embargo, Calum no se ve emocionado por estar cumpliendo años, e incluso revela que no creía llegar a los 30 años. Es así como esta obra nos hace notar los sentimientos que procesamos en una misma fecha, pero en distintos momentos de nuestra vida; donde nuestros cumpleaños dejan de ser emocionantes, y año a año van perdiendo su esencia. Una vez más, nos invita a reflexionar sobre el paso del tiempo y nos brinda una nueva perspectiva de cómo transitamos nuestra vida.
Estas escenas evidencian la conexión que para Sophie tiene cumplir años, sugiriendo que en el presente, la razón por la que está buscando reconectar con su padre de esta forma, es porque está cumpliendo la edad que él tenía en el momento del viaje. Lo que sugiere que su padre ya no está presente, e indica que una tragedia ocurrió, debido al estado mental que exhibía.
No es hasta el final donde notamos que el padre se rindió completamente, haciendo gastos mayores a los que puede financiar. Finalmente, presenciamos el último baile, donde se alternan escenas entre los recuerdos y la fiesta que da lugar en la cabeza de la protagonista. Sin embargo, en esta oportunidad, vemos cómo intenta reconectar con su padre, pero nunca lo logra completamente, pues se separan y Sophie es mostrada regresando a su hogar con su madre.
Al igual que Sophie, en este momento nos enfrentamos a una búsqueda por respuestas, por intentar comprender cómo será nuestro futuro y cómo veremos el presente dentro de unos años.
La película culmina con Calum apagando la cámara, y dirigiéndose a unas puertas donde no parece haber luz del otro lado. Dándonos nuevamente indicios de que la tragedia por la que esperamos toda la película, en realidad ya ocurrió.

Al final, Aftersun me proporcionó una nueva perspectiva para enfrentar la vida. En una etapa donde los cambios son inevitables, apreciar los pequeños momentos y mantener encendida la cálida luz de la niñez es imprescindible para afrontar la adultez. Aunque el futuro sea incierto y quizás ver el pasado sea doloroso, cada momento, cada experiencia, por más trivial que parezca, es parte de nuestro desarrollo como personas, como profesionales. Por lo tanto, en este camino desconocido, lo mejor que podemos hacer es vivir en el ahora.



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