Las huellas de Godard. Notas sobre Una mujer es una mujer de Jean- Luc Godard 

La carrera del director francosuizo Jean-Luc Godard es extensa y sumamente prolífera. Ha incursionado en diversos géneros, pero siempre ha sabido dejar su propia impronta, su sello distintivo que lo ha diferenciado del resto de los directores. La presencia de Godard es ineludible para pensar la historia del cine, su presencia es la más emblemática de la Nouvelle Vague y del cine de la modernidad. Los años 60 han implicado una ruptura con el cine clásico y un salto a la experimentación formal, la renovación temática, la exploración de nuevos modos de pensar y hacer cine.

La filmografía de Godard comienza en el año 1960 con su película Sin aliento luego de años ejerciendo la crítica cinematográfica en la revista Cahiers du cinéma. Antes de materializarse la búsqueda de un cine más vital, espontaneo y novedoso ya podía prefigurarse en sus textos. En la década del 60 el director consolidará su estilo dentro de la ficción: personajes que deambulan en la ciudad; una paleta de color que privilegia los azules, blancos y rojos; el uso expresivo del montaje por fuera de las convenciones tradicionales; la banda de sonido autónoma respecto de la imagen.

Su tercera película Una mujer es una mujer (1963)- su segunda película El soldadito fue censurada y se estrenará años más tarde- es su primera experiencia en el cine a color y la segunda colaboración de la actriz Anna Karina con el director. Allí Godard se adentrará en el género de la comedia musical para narrar el deseo de su protagonista de ser madre.

I.

Las marcas características de Godard ya están presentes desde los créditos. Los colores empleados son el azul, blanco y rojo de la bandera francesa, recurso que también utilizará en su clásica película Pierrot el loco (1965). El director utiliza la instancia de créditos no solo para nombrar al equipo artístico y técnico- aparecerán el nombre del director de fotografía más emblemático de la Nouvelle Vague Raoul Coutard y del músico Michel Legrand- que lo acompaña en la aventura sino también para dar pistas sobre la película como su temática y sus referencias. En esta oportunidad las palabras que ocuparán toda la pantalla harán alusión a la comedia, al género musical, a lo teatral y sentimental.

Desde el comienzo Godard parece explicitarnos que lo que veremos se trata de una representación. La pretensión de transparencia del cine clásico que busca que lo representado sea percibido como una ventana abierta al mundo es dejada de lado por el director. Las alusiones al espectador/a serán recurrentes: los personajes en algunos momentos mirarán a cámara, saludarán a los espectadores e incluso le guiñarán un ojo. Godard enfatiza todos los aspectos que evidencian que se trata de un relato construido por un autor. Su presencia- aunque no aparezca en pantalla- es recurrente, interviene sobre la imagen, incluso la comenta a partir del uso de intertítulos. Evidenciar la presencia del autor en el caso de Godard es un posicionamiento político e ideológico.

II.

Ángela (Anna Karina) entra al bar y pone un disco en la rocola mientras espera su café. Es tiempo de ir al trabajo, la mujer recorre las concurridas calles de París y se detiene en el kiosko de revistas donde trabaja su novio Émile (Jean-Claude Brialy). Allí verá un libro llamado Voy a tener un niño, la mirada de Émile sugiere que no está entusiasmado con el proyecto. En este pequeño encuentro Godard presentará de forma directa el modo de relacionarse de la pareja, sus desencuentros, pero también los gestos de ternura. En la entrada del trabajo- un letrero rojo de neón indica: cabaret dancing- se encuentra con Alfred (Jean-Paul Belmondo), que la pretende desde hace tiempo.

Como en cualquier comedia romántica la trama se presenta de forma sencilla, la protagonista tiene un deseo que intentará satisfacer por todos los medios pese a la resistencia de su entorno. La relación entre Ángela y Émile estará llena de equívocos. Las acciones de los personajes suelen contradecir incluso sus propios sentimientos. Godard explora la dicotomía entre lo dicho y lo no dicho, no parece haber una relación directa entre lo transmitido con palabras y el gesto. La única que expresa con claridad y sin ambigüedad su deseo es Ángela- el deseo de ser madre- pero sí se volverá equívoca a la hora de transmitir con franqueza sus sentimientos a Émile. Godard interviene, pone en palabra aquello que sus personajes no logran articular, a partir de la inclusión de texto sobre la imagen rebelará las verdaderas intensiones y sentimientos de la pareja: Debido a que están enamorados todo les irá mal; Émile se toma al pie de la letra a Ángela porque la quiere. En ocasiones los personajes dirán incluso lo contrario a lo que desean como cuando Émile le pide a Alfred que deje embarazada a Ángela. Los personajes se irán midiendo, intentarán ver que tan lejos llegará el otro mientras la trama se irá enredando cada vez más.

Ángela y Émile parecen tener sus propios códigos, sus modos de decir. Luego de la discusión ya acostados transmitirán sus sentimientos recurriendo a los títulos impresos en la tapa de los libros. Ángela elegirá uno que dice: estafador o ejecutor. Mientras que Émile responderá con el brutal: Todas las mujeres al paredón. Con esta frase final concluye la discusión y la escena. Aquellas palabras de algún modo parecen graficar la desigualdad entre varones y mujeres en una sociedad que parece promover la independencia femenina pero que continúa atravesada por antiguas estructuras patriarcales. La pareja de Ángela y Émile parece moderna por convivir sin estar casados pero los roles tradicionales permanecen intactos: es la mujer la encargada de la casa, sometida al escrutinio y expectativas masculinas. Resulta sugerente que Émile desapruebe el trabajo de Ángela pero que permanezca en silencio cuando ella diga que no pueden vivir con el poco dinero que gana él. Las posibilidades laborales de las mujeres parecen ser limitadas. La amiga de Angela al perder su trabajo en la fábrica por su afiliación política busca insertarse en el mundo del striptease.

*

Godard construye con frescura una comedia de enredos con momentos musicales que dialoga con la tradición del genero en el que se inscribe pero que se vuelve novedosa en manos de uno de los directores más significativos de la historia del cine. El artificio y la evidencia de la puesta en escena tal vez sea una de las marcas más distintivas de su cine. Las citas a otras películas y a las propias, el cine dentro de cine, se hará a partir de inclusiones simpáticas a lo largo de la trama- Belmondo diciendo: hoy ponen en la tele Al final de la escapada haciendo alusión a la primera película de Godard que el mismo protagoniza; la aparición de la actriz Jeanne Moreau en un breve diálogo con Belmondo en que responde a la pregunta: ¿Qué tal va Jules et Jim? diciendo: Moderato, haciendo alusión directa a la película de Truffaut que ella protagoniza y a la película Moderato Cantabile de Peter Brook en la que comparten pantalla-. Cada película de Godard parece estar abierta, en diálogo con su tiempo y con el cine. Pero también cada una de sus películas parece abierta al futuro porque aún hoy resultan novedosas, nos interpelan y tienen algo que decirnos.

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