Lo grandioso del cine y el arte en general es que todo lo creado existirá por siempre. Algunas obras envejecerán mejor y otras peor, pero no morirán jamás. Los personajes y las historias las recordaremos toda la vida y esta reflexión me lleva a hablar sobre Relatos Salvajes luego de una década de su estreno y tras volver a verla en cines con su reestreno, lo que más me llamó la atención es que no sólo no había envejecido sino, que se siente más real que antes. En el momento difícil que atraviesa el cine argentino, ver una de las cintas que tan bien nos representó durante años como un reflejo del gen nacional, vale la pena hablar de ella.
Las películas ómnibus son aquellas cintas que están divididas por episodios o historias y se unen por una misma temática. En la historia del cine hay tantas y una de las más conocidas es Paris Je t’Aime compuesta por 18 cortos unidos por una ciudad y el amor. Pero en agosto de 2014 llegó desde Argentina una producción que reivindicó y sacó a la luz nuevamente este subgénero: Relatos Salvajes se estrenaba y causaba revuelo a nivel nacional e internacional.
Damián Szifrón fue el encargado de escribir y dirigir la cinta conformada por seis historias diferentes unidas por la furia y la moralidad; lo que está bien y lo que está mal. Se puede indagar aún más en un terreno psicológico y hablar del ello, el yo y el superyó como conducto de esta película y estaríamos en lo correcto. Pero además, expone una crítica social y las injusticias que existen en las diferentes clases de, al menos, Argentina y varios países del mundo.

Es por eso, entonces, que el éxito de Relatos Salvajes fue instantáneo, cautivando a personas de Latinoamérica y todo el mundo: el espectador se veía reflejado en cualquiera de las seis historias por más exageradas que parezcan. El enojo y la violencia forman parte también de la sociedad y la línea imaginaria que nos divide de la barbarie es muy difícil de trazar. La moralidad en esta película está hecha a un lado y es el reflejo de cómo muchas personas reaccionarían ante diversas situaciones (y que todos hemos vivido alguna vez).
Desde el comienzo, la película ya te da una idea de lo perfecta que es a nivel de guion y lo tenemos en el primer diálogo de María Marull, cuando está por subir a un avión con un pasaje pagado por una empresa y pregunta si esas millas pueden ser cargadas a ella. Parece una pavada pero a nivel audiovisual habla muchísimo: la vemos a ella y no vemos una persona que necesite de esas millas pero de todas formas lo pregunta. Entendemos desde ese primer momento el tono que llevará la película, con un humor sarcástico y tan propio que nos hace decir “yo conozco una persona así”. Esto lo vamos a repetir durante todas las historias y hasta esa persona, quizás, seamos nosotros mismos.

En cuanto a los relatos en sí, algo que sentí en este visionado y por primera vez, ya que lamentablemente nunca la había visto en cines, fue la compañía del público y la risa durante cinco de las seis historias. El silencio invadió la sala con “La Propuesta”, la que nos lleva a una familia de mucho dinero, un abogado carancho que intentará lo imposible para “ayudar” al hijo de la familia que había manejado borracho y asesinó a una mujer embarazada. Se siente tan cruda y real que nadie pudo reírse y es nos duele tanto a todos porque, lamentablemente, es una cuestión cotidiana tanto en Argentina como en el mundo.
Hablando ya del lado técnico, Relatos Salvajes es perfecta y es que el equipo que hay detrás es impresionante: obviamente sabemos lo maravilloso que es Damían Szifrón a la hora de escribir y dirigir por Los Simuladores, la serie que cautivó a todos y lo catapultó, pero además, al ver la ficha técnica vemos a productores como Axel Kuschevatzky y Pedro y Agustín Almodovar, a Javier Julia en dirección de arte y a la leyenda Gustavo Santaolalla como compositor. Todo fue ejecutado con las maravillosas actuaciones de cada uno de los participantes como Ricardo Darín, Érica Rivas, Oscar Martínez, Leonardo Sbaraglia o Rita Cortese.

10 años después, esta película continúa siendo una genialidad y es digna de la recepción que tuvo en 2014, siendo ganadora de premios en muchísimos festivales y nominada a la Palma de Oro y los Óscar. Reivindicar el cine nacional con el reestreno de joyas como estas te hacen sentir un orgullo inmenso y es necesario seguir apoyándolas. Pocas veces una película no solo no envejece, sino que la podemos sentir aún más presente y real que antes.
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