Hombre mirando al sudeste (1986). Director: Eliseo Subiela 

Film simbólico (las imagenes a veces trasladan conceptos como las ramificaciones de un arbol que remiten al cerebro), al mismo tiempo que político, de mensaje abierto, "Hombre mirando al sudeste" nos narra el pesimismo de la nación argentina, recién salida de la dictadura, que habiendo perdido la guerra de las Malvinas encara una nueva época sin excesiva motivación, sin demasiado impulso vital para el cambio.
De "Hombre mirando al sudeste" se pueden extraer mensajes como el apartamiento del movimiento revolucionario o cierto acomodamiento y conformismo a los nuevos regimenes políticos democráticos. Todo puede entenderse como un paralelismo entre la situación política argentina y el centro psiquiátrico donde trabaja el Dr. Julio Denis (Lorenzo Quinteros) en el que es recluido Rantes (Hugo Soto), un paciente que dice venir del espacio. La revolución ha sido apartada, tratada como apestado social. y Rantes moviliza a la gente que le rodea, los locos, a los que no ve como locos, sino como diferentes, contrarios al sistema.
Realmente lo que mueve a Rantes son ideales universales: el compañerismo, la ayuda al más debil, la colaboración, el amor al arte. Subiela apunta a esa diferencia de caracteres en la forma de filmar a Rantes, casi siempre en contrapicados, realzando su presencia, su misterio. Julio le observa al comienzo con sorpresa, pero poco a poco va quedando subyugado por ese misterio, por esa fortaleza de Rantes al negar su "comportamiento ilógico".
Subiela deja claro que lo que hace Rantes es lo correcto, aunque en un marco extraido de la realidad social del momento. Imagenes cargadas de planos que apuntan a lo divino (contrapicados y picados) y montajes que asocian lo individual con el ritual y la comunidad. La forma y la información de las escenas es más directa que los diálogos. La forma cinematográfica no duda de la naturaleza "diferente" de Ramses. Sea bien próximo a lo divino, bien extraterrestre. Y esa diferencia es la que le proporciona una conducta mas "humanista", mas centrada en el bien.
El personaje de Ramses es atrayente, misterioso, con una pureza del alma que desborda a los que le rodean: los locos, que crean una religión de esa locura, metafora de los movimientos revolucionarios que se oponen a las costumbres tradicionales, de por sí corrompidas por el sistema politico-social. Son los locos quienes se revolucionan y ponen en evidencia al ciudadano-modélico. Y el ciudadano-modélico (el doctor) acaba siendo la mano que los ejecuta. Si la forma es clara en el mensaje, no lo es tanto el texto. El texto es la voz del psiquiatra, y está filtrada por nuestra mirada burguesa acomodada. El asesinato de Ramsés acaba "racionalizado", aceptado como algo logico dentro de "nuestra logica" occidental-capitalista-burguesa. Y es esa logica la que despues silencia los crimenes contra quien se opone al sistema, contra los revolucionarios. Herida aún abierta en Argentina por las torturas y asesinatos de la dictadura de Videla.

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