Yorgos Lanthimos, director en estado de gracia 

En varias notas mías he comentado la necesidad de autores contemporáneos y originales dentro de un panorama de producción que privilegia las franquicias (actuales, clásicas…) y los éxitos seguros ante las creaciones arriesgadas que pueda hacer un director con libertad artística. Por supuesto que en todas las etapas de Hollywood esa prioridad siempre estuvo presente, pero ante el batallón de secuelas, precuelas y reboots cuyo número ha ido incrementándose en los últimos años, la realidad es que la batalla de los autores - en un contexto de industria de alta visibilidad, por supuesto - parecía perdida. Sin embargo, algunos nombres fueron construyendo un camino propio dentro de esas reglas, aunque el de Yorgos Lanthimos es sin dudas el recorrido más particular: un autor que, sin pretender meterse en las grandes ligas/presupuestos que se manejan en el sistema estadounidense, sí pretende aprovechar esa relevancia para proyectar el valor internacional de sus películas y trabajar con lo mejor dentro de esa industria.

No es que el director, de origen griego, necesitase de todas formas de ese empuje mediático para que sus obras tuvieran proyección internacional, como ya lo venía demostrando desde sus inicios en su país natal. Canino, en 2009, fue su disparador a la fama, una película tan incómoda como peculiar que retrataba el intento de dos padres por evitar que sus hijos salieran al mundo, inventando como excusa que el día que se les cayera un colmillo, también podrían salir de su casa, en donde son prisioneros sin saberlo. La película impacta por los extremos a los que llega Lanthimos con quien sería su guionista usual, Efthymis Filippou, en la exploración de los límites familiares y la búsqueda de los padres por sobreproteger a sus hijos de lo que ellos consideran es siempre un entorno hostil para el que no están preparados, poniendo en el microcosmos hogareño una bomba formada por hormonas, curiosidad e ignorancia que, cuando estalla, lo hace con violencia y crueldad. El estilo del realizador ya queda claro, con preferencia por planos fijos y largos que resaltan la artificialidad de las situaciones y dejan al espectador en una constante intranquilidad.

Luego de otra celebrada película en Grecia, Alpes, Lanthimos llega a Estados Unidos con una de las obras más inclasificables de los últimos tiempos, y por ende, puramente suya: La langosta, cinta protagonizada por actores de renombre como Colin Farrell, Rachel Weisz y Lea Seydoux. La premisa es, también, una locura, presentando un hotel en un futuro distópico en el que las personas solteras deben encontrar a su pareja en un plazo de 45 días o serán sometidas a un tratamiento en donde se transforman en animales y son liberados al bosque. La comedia negra vuelve a ser protagonista en un planteo en donde el absurdo se cruza con algo genuinamente humano: la necesidad desesperada de conexión con otros y los intentos de la sociedad para imponer una imagen de bienestar a través de concreción de una pareja, en este caso a partir de un régimen totalitario, pero que podría traducirse en lo que vemos normalmente en el cine, las publicidades, las presiones sociales y demás. La próxima cinta de la dupla de escritores en Estados Unidos, nuevamente con Farrell, sería mucho más oscura, abandonando la comedia por una tragedia propiamente griega: El sacrificio del ciervo sagrado, un drama con toques de cine de terror en donde un doctor era acosado por un chico cuyo padre murió en una de sus operaciones; según la particular lógica del muchacho, el hombre debía pagar por esa muerte sacrificando a uno de sus propios familiares o todos morirían al enfermarse de forma misteriosa. Sin lugar a dudas, la película más oscura y perturbadora del realizador, que se vale de su particular ojo para la puesta en escena para crear planos particulares, casi deformes, que tienen un efecto profundamente claustrofóbico para la platea junto a una música que anticipa de manera ominosa un destino cruel e inevitable.

Vale la pena mencionar que la racha de éxitos comerciales y críticos de Lanthimos arranca en 2015 y sigue imparable, aunque un hecho clave transforma la carrera del realizador: su unión artística con la intérprete Emma Stone, ganadora del Oscar por La la land y productora hambrienta de películas que pudiesen desafiar sus capacidades a la vez que alejarla de esa imagen de bondad y ternura que la había catapultado al éxito en films como Supercool o Se dice de mí. De esta unión vienen surgiendo las últimas películas del director, comenzando por La favorita, film curioso que también marca la primera oportunidad desde 2009 en donde el guion no está co-firmado por Filippou. Ambientada en el siglo 18, mostraba una versión retorcida de la reina Ana de Gran Bretaña, quien mantenía un affaire con una de sus amigas más intimas, Sarah Churchill. Nuevamente, a partir de un espacio cerrado se creaba un microcosmos en donde explotan las peores facetas del ser humano, mostrando en el personaje de Stone, Abigail, prima de Sarah, las estrategias que tienen algunos individuos sin escrúpulos para crecer en la escala social. La farsa a la institución monárquica es un clásico británico al que Lanthimos inyecta una variedad de recursos visuales extravagantes para acrecentar la comicidad, creando un resultado disruptivo y fascinante que coronó el talento del realizador, además, como director de actores: las tres actrices se sacan chispas en un duelo descomunal que terminó con el Oscar a Mejor actriz para Olivia Colman, fantástica en el rol decadente y decrépito de Ana, en una descomposición tanto moral como física que la actriz retrataba con horripilante precisión.

Luego de un tiempo alejado de las pantallas (en 2019 estrenó un interesante cortometraje, Mimic, con Matt Dillon) y pandemia por medio, Lanthimos apareció con dos nuevas películas protagonizadas por Stone. En primer lugar, Pobres criaturas, notable actualización de Frankenstein con reivindicación feminista que se centra en Bella Baxter, un producto que nace de los intentos de un doctor para revivir a los muertos luego de encontrar el cadaver reciente de una mujer embarazada al costado del río. La película muestra el crecimiento de Bella y su despertar sexual - elemento que despertó polémica por sus extensas escenas de sexo - como también su despertar intelectual y su entendimiento del mundo a través de las dinámicas de poder entre hombres y mujeres y la forma de poder empoderarse y tener un futuro académico subvirtiendo esas dinámicas. Notable cinta en donde se destaca un bellísimo y surrealista diseño de producción, en un punto medio entre el expresionismo alemán y lo mejor de la obra de Tim Burton, y una labor suprema de la actriz que la hizo ganar un merecido segundo Oscar como Mejor actriz.

Y el más reciente proyecto de Lanthimos es Tipos de gentileza, el otro proyecto que filmó en secreto con la intérprete luego de Pobres criaturas. Antología de cuentos en donde regresa Filippou como guionista, es también una oportunidad para volver a un estilo más depurado y con tonos absurdistas que marcaron la anterior etapa del realizador. A través de tres historias que funden comedia negra, drama existencial y toques de ciencia ficción y fantasía, Lanthimos abandona sus trucos visuales pero se mantiene firme en la idea general de toda su filmografía: las fricciones que pueden ocasionarse durante las interacciones sociales y el límite de las estructuras a las que nos aferramos como sociedad, revelando la abstracción de las mismas y la facilidad con la que pueden derrumbarse. Divertida y continuamente intrigante, la película es una caja de sorpresas que es observada por un personaje misterioso y particular, que puede representar tanto la presencia de los guionistas sobre los hechos (creadores de escenarios artificiales en donde ponen su idea del mundo y la manipulan a su antojo) o una representación del destino o las fuerzas que direccionan nuestras acciones, al estilo de otro personaje extraño que aparecía en todas las historias de El decálogo de Krzysztof Kieślowski. Si todo funciona como los propios protagonistas han expresado públicamente, seguiremos viendo cintas de Stone y Lanthimos, lo que confirma el buen momento de una dupla creativa excepcional y el despegue de un director que no tiene techo en el mundo de Hollywood.

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