La más atesorada, acaudalada obra de Miyazaki Spoilers

La más atesorada, acaudalada obra de Miyazaki
Tal y como conviene; Tratándose de Hayao Miyazaki. En este instante, nos dispondremos a emprender un alunizaje; retratando la luna de diversas eras, planetas, sistemas y galaxias. Despegando desde Japón; durante la segunda guerra mundial, y encarnando a Mahito, un jovencito ya sofocado de explosivos que tiñen el cielo carmesí, el ulular de las sirenas y sus desventurados presagios. “El chico y la garza” nos confabularán en el periplo de “quemar las naves” trascender la Odisea que nos corresponda hasta las últimas consecuencias, conquistando un objetivo; para retornar a las Ítacas originarias.
También transitaremos junto a Miyazaki; a través de su consciencia, ya peregrinada. Laureados como espectadores de su estirpe, su padre; tal como el de Mahito, fabricaba timones para aviones de guerra. Lo que nos lleva a nuestro primer amuleto, el timón; quien esclarecerá el sendero, cuando nos encandile. Solo Miyazaki tiene el potencial de alquimizar artefactos voladores, bélicos; en un millón de presencias alíferas, pacíficas.
En este entorno; Mahito, es expuesto a una realidad detrimental; al no lograr rescatar a su madre de un destino inmolante en llamas, mientras dormía en los laureles.

Su padre; por su parte; lo instiga a impregnarse de un núcleo familiar sin precedentes. Asumiendo a una madrastra encarnada por Natsuko; hermana menor de su madre.


El nuevo hogar proyecta un matiz de antaño; perspicazmente ornamentado y custodiado por, al parecer, un matriarcado; cómo si se tratasen de los trece enanos del Hobbit, seleccionaran a Mahito, y custodiaran su Odisea. Una de ellas; porta un timón dibujado.

Ante lo precitado; se nos develará la Garza gris; induciendo paulatinamente a Mahito, en un desvarío de ménades. Sucede en torno a alucinaciones, que Mahito descubre un subliminal y póstumo recado de su madre; encriptado en el libro “Kimitachi wa Dō Ikuru ka”, “¿Como vives?”, el cual simula a nuestro planeta girando en torno a la vastedad del universo; y nuestra alma, en torno a la vastedad del flujo constante de la vida.


Es así como implosionará en la consciencia de Mahito, una triqueta compuesta por la garza ménade, el póstumo recado, y la fortuita desaparición de Natsuko.

Incursionando en una era delirante y supra consciente de Mahito; ilustraremos al tío abuelo de Natsuko; fundador de un onírico reino, obnubilado hacia el bosque encantado; el cual alberga inexpugnable incongruencia, dualidad atemporal diseccionada por un portal; y en el, la inscripción, “Fachemi la divina potestate”, digna del infierno de Dante, del que su arquetipo, nos amparará.


Hasta este lugar; Mahito se halla custodiado por la guardiana del timón y la Garza, mientras hallamos vestigios de arquetipos reales, como la madre; y su cuerpo derretido y disgregado en una ilusión líquida y maleable a la fantasía. El suelo del onírico reino; es también maleable, e impactado por una rosa de cristal; y el augurio del amor eterno. Sin embargo, se resquebraja al derribarse, o ser derribada por el creador; el omnipresente tío abuelo, el timón ancestral, quien nos zambulle hacia el inframundo. Es meritorio ahora, recalcar la exuberante tradición mitológica nipona; y su linaje budista y sintoísta. Así que el precitado escenario, es también una tríada.
“Ashihara” tierra central de las llanuras de la caña.
“Takamagahara” alta llanura celestial.
“Yomi no Kiki” territorio infernal.
Hallando en la última; las almas que eternamente undivagaban; los cuerpos en descomposición de la era feudal, las criaturas del último tren del viaje de Chihiro, o la isla de los constructores muertos (del onírico reino. Tal y como lo percibes; lo acrecentaré. El reino fue fortificado sobre el cráter residual de un meteoro, y suscitó monumentales victimas; navegando junto a Caronte y transmutando en las almas de la alta llanura celestial. Los Wara wara.

(Inspirados por los Kodama de la princesa Mononoke) a quienes a abducirás la luna floreciente, para reencarnar. Su centinela es kiriko, la mujer del timón en universos paralelos; todo luce como si ondulásemos a través del ciclón de Oz y psicodelia technicolor.

Los Wara wara, son acechados por famélicos pelícanos; pero una llamarada enardecida, los rescata. Un animismo de llamarada; Himi, una dama que se esfuma, al ser su misión claudicada.
Este es uno de los puntos de inflexión de la obra; uno de los pelícanos, que avisa sobre el mar maldito, en su lecho de muerte, con sus alas calcinadas; para Mahito; alquimizar devociones y mundanas dualidades entre héroes y villanos; resulta una gran peregrinación. Siento plena certeza del advâita y la alta llanura celestial que representa Miyazaki; el estuario entre el yin y yang; la gota de yin que como Nayade, danza en el yang. Los arquetipos que Hayao Miyazaki retrata son tan eclécticos como el mismo; su microcosmos e inconmensurables arquetipos.


Mahito honra a al pelícano con un epitafio digno del timón de sus misiones y motivaciones.


Es así como Kiriko debe transmigrar; y dota a Mahito, de matryoshkas de ella misma, como timón y talismán. Y estamos preparados para exponernos a los botarates periquitos en tribu y su fascista rey. Para nadie es un secreto el designio de Miyazaki hacia el fascismo y la pérdida de autonomía; “prefiero tornarme en cerdo, que en fascista”, hemos oído exclamar al cerdo de la obra “Porco Rosso”. Y peregrinamos ya, un diseño de identidad, en el viaje de Chihiro.


Es aquí; cuando regresa la añorada lady Himi,(para no olvidar la misión de rescate a Natsuko) quien se revela como la hermana mayor de Natsuko. Es así; como el fuego que incinera y despoja el panorama, dispuesto para nuevas y fragantes apariciones. Es el mismo fuego del que es dotada Himi; como combustible y savia de la existencia. Es el mismo fuego, que aniquilará su existencia. Ya hemos revelado que Himi es la madre de Mahito. Y es la misma que implora a Natsuko ser centinela de su joven hijo, para que ella trascienda a otras misiones. Despojando a Natsuko y Mahito, de todo mal presagio y muralla emocional. Ahora Mahito; está dispuesto a reunirse con el tío abuelo, el creador y los 13 bloques frágiles, fractales con que nutre este reino. Los 13 bloques de las obras del reino de Miyazaki.


Este creador implora a un sucesor de su misma sangre; para que diariamente pula el imperio de sus 13 candorosos y párvulos bloques. Sin embargo; Mahito insta regresar a su Itaca, porque no hay lugar como el hogar y aterrizar a una misión que ha decidido encarnar. Incluso; sin Himi; la versión nubil de su mamá; quien ornamenta el fuego, y se siente afortunada del chico en que se ha convertido; inclusive, sin lograr experimentar su realidad.


Es esta; la traslación autobiográfica de nuestro creador, Miyazaki, y sus 13 multiversos fantásticos.
Este creador es nuestro mago del reino de Oz; su reino predilecto que comparte, inagotable; en el encarnamos versiones de nosotros mismos; desinhibidas, espontáneas; proclives de animismo naturalista. Digno del reino onírico que Miyazaki custodia; cada uno de nosotros tiene el don de ornamentar, cada día, el fractal de 13 maderos del imperio de Hayao. Siempre y cuando; adornemos la existencia de gráciles y sutiles evocaciones; nutramos la tierra fértil que nos sustenta y su cordura; así, podremos visitar el país de las maravillas cada vez que nos apetezca, y regresar a Itaca, si es la misión.

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