Sí, George Miller es, un poco inevitablemente, “el de Mad Max”. El de las Mad Max. El de las cinco Mad Max. Son muy muy pocos quienes han dirigido cinco películas de una misma saga, y que además sean todas las de una saga (por ahora, siempre por ahora, nunca digas nunca jamás). Las Mad Max son todas del señor Miller. Y representan casi la mitad de los largometrajes de Miller: cinco sobre once (por ahora). Once largometrajes: cinco Mad Max, las dos Happy Feet, la segunda de Babe, el chanchito valiente, Un milagro para lorenzo, Las brujas de Eastwick, Érase una vez un genio. Tienen variedad, tienen calidad, tienen inventiva. La carrera de Miller es una de las más raras de la historia del cine. Más que rara es extravagante; violenta, radiantemente extravagante. Además, el señor Miller ha superado al señor Spielberg porque entre la primera de las Mad Max y la última (por ahora) hay más años que entre la primera y la última Indiana Jones (además, la última Indiana Jones no la dirigió Spielberg sino James Mangold). Por otro lado, para agregar magnificencia a los logros del señor Miller, hay que aclarar que la primera Mad Max fue su ópera prima y que en esa película el señor Mel Gibson tuvo su primer papel protagónico. Y algo más sobre el amplio rango y los logros de Miller: su Babe 2 fue una película tan pero tan fuera de lo común, tan literalmente extraordinaria, que dejó a unos cuantos desorientados -y equivocados-, seres que en su momento dijeron que no era buena. Hasta este año, Miller era uno de esos cineastas infalibles, al que apenas uno podría llegar a objetarle que la Mad Max 3, la de 1985 -la del año del Plan Austral y de Brothers in Arms de Dire Straits- no era tan contundente como las primeras dos. Miller, además, había logrado volver a Mad Max treinta años después, con la prolijidad de que fueron quince en un siglo y quince en el otro, con Mad Max: Fury Road (Mad Max: Furia en el Camino), algo así como un regreso con magna gloria, con violeta gloria, con furiosa gloria. Fury Road marcaba una continuidad con el espíritu de la primera trilogía sin olvidarse de que los tiempos habían cambiado, y elevaba la potencia de la nafta, del origen del movimiento motor, a niveles de delirio.
Ni remake ni continuación, esa nueva Mad Max de 2015 estaba más bien ligada con la 2, la mejor de la trilogía inicial, pero no era una nueva versión de ese film de 1981. Era en todo caso un regreso a un lugar, a un modo salvaje -por haber entendido la civilización en su núcleo- de pensar el cine, la posibilidad real, concreta, incluso exitosa, de un western contemporáneo, o futurista, o ubicado en el tiempo y en el lugar del mito. Un hombre que busca escapar, una mujer que busca escapar, flechas lanzadas con un arco especialmente poderoso. Y con muchos hombres y coches y cosas por el estilo que salen tras ella, tras Furiosa, tras Charlize Theron, el personaje inolvidable de esa Mad Max que debió llamarse “Furiosa” y no Mad Max etc etc, porque Mad Max había sido Mel Gibson y seguiría siendo Mel Gibson, porque por más que en los créditos figurara que un tal Max era Tom Hardy, en los papeles, es decir en el relato, Hardy no conseguía llevar con aplomo ningún gesto. Hablaba poco pero no le fluía el silencio, intentaba poner cara de loco y delataba que los ojos y mirada abismales eran difíciles de actuar, y que la fuente natural de recursos llamada Mel Gibson no era algo que pudiera ir fácilmente a buscarse, encontrarse y reproducirse. No había oscuridad posible en la superficialidad de Hardy. Charlize Theron, Furiosa, lo desplazaba, lo ponía en un lugar marginal; ella sí tenía oscuridades detrás de su bello rostro. No se trataba simplemente de desaliño, se trataba de la actuación en cine, un asunto en buena medida conectado con cuestiones de personalidad, presencia, fotogenia, todo eso que ya se sabe hace décadas.
El párrafo anterior es una adaptación y una ampliación de algo que escribí cuando salió Mad Max: Fury Road. Yo pedía que esa película de 2015 se llamara “Furiosa”, porque quería que no hubiera ningún otro personaje protagónico más allá de ella, de Furiosa interpretada por Theron. Pero el diablo metió la cola y se me cumplió el deseo pero todo torcido, abollado, mal trazado. Apareció una película llamada Furiosa, la nueva Mad Max de 2024, que es lisa y llanamente la peor película de Miller y cuyo mejor momento, el de la persecución y el asalto al camión, ya lo vimos más y mejor en Fury Road. Sí, es cierto que Anya Taylor Joy es material cinematográfico y goza de una fotogenia increíble, pero también es bastante increíble que de ese tipo de cuerpo más bien esquelético pueda originarse la Furiosa que vimos en la película anterior, cuya acción es posterior a la de este relato. De todos modos, hay una buena parte de la película en la que Anya Taylor Joy no actúa. En realidad, no es una buena parte sino más bien lo contrario. En ese principio no están las secuencias de acción que son lo mejor, o al menos lo menos arenoso narrativamente, y además tenemos a Elsa Pataky haciendo un personaje de trazado y ejecución altamente ridículos (y después aparece haciendo otro personaje). La alta Charlee Fraser, por su parte, aporta acaso una extravagante desorientación: no sabe del todo si está acá o poniendo cara de súper modelo en Con todos menos contigo. Por lo demás, en varias secuencias la película se carga de efectos digitales. Esto pasaba también en la extravagancia anterior de Miller, Érase una vez un genio (Three Thousand Years of Longing), una película cargada de fantasía que se veía potenciada por esos recursos. Una película como Furiosa, parte de una saga como Mad Max, si usa efectos digitales enferma de digitalitis y se vuelve falsa (véase realismo según André Bazin o directamente perciban cómo los píxeles, incluso los de gran presupuesto, no encajan bien con el desierto). Pero más falsa todavía es la nariz del insoportable personaje interpretado por Chris Hemsworth (¿a quién se le ocurrió que eso era buena idea?), que por su mala ejecución -algo bastante inadmisible en una producción con estos millones detrás- hasta nos recuerda a la famosa nariz falsa de Gerardo Romano interpretando al Che Guevara en Sin condena en la televisión argentina. El personaje de Hemsworth (Dementus, pero también podría llamarse Jar Jar Binks), además, carga con demasiadas palabras en ese habladísimo final indigno de la saga. Es probable que Furiosa, cargada de referencias bíblicas y a otros libros cruciales- sea la Mad Max menos climática y más dialogada de las cinco -por ahora- y también es probable que haya más palabras en ese final espantoso que en toda la primera Mad Max, la de 1979, la que hizo famoso al loco Mel. Que vuelvan el loco Mel y el loco Miller de las diez películas anteriores, porque este Miller de Furiosa parece un body snatcher.



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