El terror y las segundas partes: una relación cada vez más claustrofóbica 

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El terror y las segundas partes: una relación cada vez más claustrofóbica

El hecho de que el cine se esté quedando sin historias nuevas para contar es ineludible, y deberíamos abordarlo con la mayor urgencia. Pero, ¿Cómo hacerlo? Si somos nosotros mismos los que criticamos la insistencia de las productoras sobre relatos preexistentes para, luego, ser los primeros en comprar una entrada con el objetivo de ver a los personajes que amamos retornar a la pantalla grande.

Aunque el virus de las secuelas, las precuelas, los remakes y los spin-offs ataca al séptimo arte en general, la perdida masiva de calidad que le significó al terror en específico es preocupante. Al observar las producciones de género que ya fueron listadas para el 2025, notaremos que la gran mayoría son reimaginaciones de narrativas que ya conocemos, y que, en la mayoría de los casos, no precisaban una expansión.

Por otra parte, analizar las propuestas que ya se estrenaron y que quedan por llegar configura un panorama igual o más desalentador. Excepto por Neon, que logró pisar fuerte en la taquilla, la crítica y la opinión pública con Longlegs; títulos como Alien: Romulus, MaXXXine y A Quiet Place: Day One fueron los que más acapararon a los espectadores. Entonces, ¿Qué puede hacerse para remediar este mal reiterativo? Desglosemos caso por caso.

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Las secuelas y precuelas

Las continuaciones directas de una historia individual son, a esta altura del partido, menos un problema y más un órgano esencial de cualquier película que se considere exitosa. Cuando un relato tiene una buena recepción en la taquilla, es casi seguro que alguno de los agentes que la financiaron va a abogar por su extensión.

Por otra parte, que haya tenido una mala respuesta por parte de la crítica jamás es un obstáculo. De haberlo sido alguna vez, figuras como James Wan nunca habrían llegado a considerarse como las centrales del terror contemporáneo. Pero eso no sucedió, y ahora, el director tiene en su haber tres larguísimas franquicias como son las de The Conjuring, Insidious y Saw.

Otra vez, esta no es una complicación que solo afecta al cine de género, pero es este el que se ve más damnificado. A diferencia de, por ejemplo, el cine dramático, el de terror se está realizando con la mera motivación de crear un producto que pueda bifurcarse en segundas, terceras y cuartas partes. Desde la primera reunión de los guionistas de tal o cual filme, saben de antemano que el final de su creación va a tener que ser abierto. Las salas del mundo se plagan de títulos que carecen de profundidad y solo se componen de jumpscares y sangre, y que ven mínimas modificaciones a través de sus secuelas y precuelas a lo largo de los años.

Como bien observaban varios de los directores que opinaron sobre el futuro del cine en Room 666, estamos absolutamente negados a conectarnos con historias novedosas. Queremos ver lo que ya conocemos de memoria, y solo asustarnos con su superficialidad controlada, que todo el tiempo podemos prever y anticipar. Así, esta clase de títulos se transformaron en el peor destructor del buen terror, y accionan como una terrible limitación de sus potencialidades.

James McAvoy Is a Terrifying Host in 'Speak No Evil' Trailer

Los remakes

Los remakes no son tan nocivos como las precuelas o secuelas, pero ocupan un espacio molesto e imposible de ignorar en la historia de las cintas que reversionan. Tomemos como ejemplo la adaptación yankee de Speak No Evil que está a punto de estrenarse de la mano de James McAvoy ¿Cuál es el motivo de su existencia? ¿Qué siente que falta decirse sobre una obra tan perfecta como la de Christian Tafdrup?

Es interesante observar que la mayoría de los remakes son realizados por las grandes productoras estadounidenses y, casi siempre, a partir de un deseo de reformar lo originado en otras partes del mundo. Desde la reimaginación de The Ring hasta aquella infame Quarantine que bebía incorrectamente de la [REC] de Paco Plaza, la industria de cine norteamericana se rige, desde sus orígenes, bajo una creencia egoísta de “nosotros podríamos hacerlo mejor”. De esta manera, se acallan las voces ubicadas fuera de los márgenes de su poderío, y más de una vez se desestima por completo que las cintas originales existen, prevaleciendo una creencia de que los remakes son sus únicas versiones.

Por ejemplo, a pesar de que tuvo una increíble popularidad, hay una sólida creencia de que la Shutter tailandesa no existe, y que su reversión con Joshua Jackson es el relato original. Veamos un ejemplo más cercano. Todos estamos contentos de que Nosferatu sea revisitada por Robert Eggers. Pero, fuera de nuestro fanatismo, deberíamos preguntarnos: ¿Con qué motivo tienen que rescribirse esta y tantas historias con la misma letra, pero una peor tinta?

The Curse of La Llorona (2019) | When the Woman Screams

Los spin-offs

Mientras las secuelas y precuelas necesitan ser erradicadas de raíz, y los remakes ocupan un espacio inútil, los spin-offs deberían constituir la única modalidad de continuación narrativa que prevalezca. Claro está, uno preferiría que las tres cesen su realización, pero ya es demasiado tarde para eso, habiéndose configurado un tipo de espectador adicto a saber más que difícilmente será modificado en el futuro cercano. La única forma de encontrar una salida a esta urgencia es buscar un punto medio entre lo que es y lo que podría ser.

Los títulos que tienen lugar en los mismos espacios que un material preexistente permiten que los espectadores puedan seguir consumiendo el universo que aman, sin que la historia con la que se introdujeron en él sufra mayores daños. En ese sentido, es importante modificar la tendencia a introducir elementos que quieren modificar el material original. Los Easter eggs y guiños son agregados agradables, y punto. Lo que ya está escrito no tiene por qué ser modificado por una idea posterior, y menos con un fin comercial de obligar al público a repensar lo que ya conoce desde otro punto de vista innecesario.

Volvamos a James Wan y analicemos sus creaciones. Aunque algunos lo aplaudan de más y otros lo critiquen en exceso, es innegable que las primeras películas de Insidious, The Conjuring y Saw encantaron tanto a la crítica como al público. Pero, cuando el creador se aventuró a expandir estos universos hacia los costados con, por ejemplo, las películas de Annabelle y el filme The Curse of La Llorona, aquel fue el comienzo de su caída para la crítica. Sí, estos spin-offs tuvieron un enorme éxito en taquilla, pero corrieron al creador de aquel estatus que podría haber tenido si hubiese escuchado las necesidades de su público, que eran, lisa y llanamente, seguir observando las aventuras terroríficas de los Warren.

En síntesis, las secuelas, precuelas, remakes y spin-offs siempre son útiles para el sistema comercial del audiovisual, pero no para la calidad de las producciones que llenan sus bolsillos y el género en el que estas se inscriben. Necesitamos, entonces, apoyar los relatos novedosos para que aquellos cineastas con ideas originales puedan hacerse un espacio en un terreno que está dominado de principio a fin por Blumhouse.

Por otro lado, es preciso aprender que, cuando una única entrega de una historia basta para recorrer su comienzo, nudo y desenlace, lo mejor es respetar su completitud y no apoyar las continuaciones que surgen de repente. Si Quentin Tarantino fingió que Toy Story 4 nunca existió por el cariño que le tiene a Toy Story 3 como concusión de la odisea de Woody, ¿Por qué nosotros no podemos hacer lo mismo con nuestros relatos preferidos del terror?

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