Entre aquellas obras que marcan un antes y después dentro del séptimo arte, es imprescindible mencionar el mítico debut de Orson Welles en la gran pantalla: “El Ciudadano Kane”. El film de 1941 aporta un torrente de estilo audiovisual que trasciende sus meros apartados técnicos para poder condensar todos los elementos narrativos y artísticos que se estaban gestando, y unirlos dentro de una gran historia que explora la soledad del hombre que parece tener todo a su alcance.
A pesar de su procedencia teatral y su experiencia en la radio, Welles se mueve con soltura entre las cámaras, y con su director de fotografía Gregg Toland, logra construir una atmósfera repleta de sombras y contrastes que encapsula perfectamente la esencia de uno de los personajes más emblemáticos en la historia del cine, Charles Foster Kane, figura repleta de poder social, capaz de controlar la opinión popular. Alguien cuya vida presenta un mundo de riquezas y anhelos en constante lucha por determinar su destino. Culminando con un final que cierra perfectamente esta biografía de un hombre que no es más que el reflejo de muchos hombres. El plot twist del final es quizás uno de las más grandes finales en la historia del cine, y solo hace falta ver la cantidad de veces que ha sido referenciado u homenajeado dentro de la cultura popular para confirmarlo.
La grandeza del final reside en uno de los elementos que vuelve inolvidable a un buen plot twist, más allá del género dentro del que se enmarque. Ese principio, que parece ser universal a todas las historias, es la capacidad que tiene dicho final o giro de guion, en producir la unión de las dos historias que subyacen dentro de un film. Ricardo Piglia, autor de libros como “Plata quemada” o “La ciudad ausente”, considera que dentro de un cuento se encuentran dos historias. Una que habita en la superficie de la trama, y otra que está escondida entre líneas, y se nos revela al final. La trama del film no solo relata la vida de Charles Foster Kane, sino que utiliza al personaje como un reflejo de esa necesidad universal que todo ser humano lleva consigo, y que puede determinar su destino de una forma trágica al intentar reemplazarlo con otras cosas. Esta fusión entre una historia específicamente particular (pues toma elementos de la vida de William Hearst, una de las figuras empresariales y políticas más fuerte de su momento) y aquello que toda persona pueda experimentar a lo largo de su vida, sale a relucir en el final, a través de un elemento visual que ejemplifica como mil cosas pueden ser dichas en tan solo unos pocos fotogramas, que perduran eternamente.

La solitaria muerte de Kane en Xanadú (su ostentosa mansión), y sus enigmáticas últimas palabras son el disparador de una historia que trata de responder una pregunta específica, “¿Quién (o qué) es Rosebud?”. Esa pregunta servirá para revelar la verdadera naturaleza de un hombre aparentemente conocido y respetado por todos. Desentrañar a Rosebud es descender a los abismos de la esencia, de lo humano de Kane. Aquello que ha sido tan trascendental en su vida, que se vuelve su lecho de muerte. Convertir una crónica de una muerte, una biografía repleta de hechos e hitos, en el descubrimiento de aquello que se esconde en lo mas profundo del ser humano.
A través del periodista Thompson, y sus intentos de responder estas interrogantes, se nos construye la vida del magnate tomando los relatos de aquellos que han formado parte de su círculo íntimo. Con las memorias de Thatcher, que fue tanto un tutor como un rival para un idealista Kane, se presenta la infancia del personaje, jugando inocentemente con su trineo, previo a que de forma repentina, esa etapa idílica llegue a su fin, al tener que abandonar a su familia por decisión de su madre, que busca protegerlo económicamente. El apartado visual brilla al presentar una profundidad de campo que permite contar una historia en dos niveles, por un lado, la decisión de la madre, y por el otro, el joven jugando con su trineos a las afueras, posicionado todo de forma en que su figura se encuentra entre medio de la de sus padres, cada uno con una posición distinta en cuanto al futuro del niño.
El evento, que resulta traumático para casi cualquier persona, no parece revelar nada especial con respecto a Kane. Por lo que Thompson continua con el que fue uno de los mayores compañeros del difunto en The Inquirer (Periódico a cargo de Kane), Bernstein. Aquí se nos presentan los primeros años del magnate dentro del mundo periodístico, en el que un joven idealista, carismático se propone plantearse frente a esas figuras del poder que actúan con total indiferencia de la gente y sus necesidades. La mentalidad activa y ambiciosa de Kane sale a relucir mientras va llevando al Inquirer al éxito absoluto. Y lo más destacable de todo ese logro es que no parece nacer de una motivación meramente económica, sino una respuesta lógica a su espíritu aventurero y juvenil.
En ese momento la figura de su mejor amigo, Leland, surge como aquel que logra entrever mas allá de los velos del triunfo, presagiando la pérdida de ideales que Kane sufrirá por intentar volar cerca del sol. Esto permite ver el contraste entre esa figura idílica y un hombre poderoso que se sitúa más cerca de aquello que juraba detestar en su juventud. En estos momentos empezamos a ver la verdadera naturaleza de Kane, un hombre sombrío que quiere ser apreciado y temido, que es capaz de muchas cosas solo por ese hecho, y que sus principios de los que se enorgullece obedecen a una búsqueda de algo muy distinto.
El éxito del Inquirer va atado con un periodo de éxito personal, en el que parece tener lo que quiere: el aprecio y respeto de sus compañeros, al igual que un matrimonio con alguien que ama; sumados a una riqueza que se expande día a día. Sin embargo, inmediatamente ese estadio de sueño parece romperse poco a poco, pues a medida que su poder e influencia política aumenta , su relación con su mujer va decayendo en un desinterés que solo es mantenido por la formalidad en la que se ha convertido su matrimonio. Aquí brilla un montaje que muestra en pocos minutos la incipiente separación de los amantes, representados por elementos tan simples como la distancia que hay entre ambos al momento de desayunar, los diálogos del día a día, incluso el diario que leen (marcando incluso una separación ideológica entre ambos).

La figura de Kane se ha vuelto venerada en el país, y su próxima tarea parece ser conquistar la esfera política. Las elecciones para gobernador se presentan como un escenario ideal en el cual tiene todo para ganar, y parece que su destino está asegurado. Otra vez es necesario resaltar como los planos nos cuentan de una forma bastante directa y expresiva, el distanciamiento entre el joven idealista y la figura política en la que ansia convertirse. En el momento de la presentación se marca como el personaje parece construir casi un culto a su imagen, trascender a algo mas grande que su propia figura. Mientras que fuera del ojo publico, sus presencias suelen estar envueltas en sombras visuales que ocultan su semblante por momentos.
Sus aventuras en el mundo político se entremezclan en sus aventuras amorosas, al ser una infidelidad el motivo que le impide ganar las elecciones. Y siendo este fracaso también un punto de ruptura con el que fue su mejor amigo. La naturaleza del personaje se va dejando entrever, a medida que una figura digna de admiración va sepultando toda esa imagen con cada decisión que toma. Su voz y su forma de hablar parecen haber cambiado, y esa presencia de planos cada vez mas sombríos sobre él, marcan como ese devenir del tiempo ha oscurecido su porte. Sin embargo, su amorío con Susan Alexander responde a la misma necesidad que lo lleva a la política, la de sentirse admirado y amado. La joven aspirante a cantante presenta para Kane un mundo de juventud e ilusiones que cada día le resultan más ajenas. Todo esto es contado por un Leland, que en su vejez parece mantener cierto resentimiento (y a la vez aprecio) sobre la figura del que fue su amigo.

La siguiente persona en ser entrevistada por Thompson es Susan Alexander, que ha eludido el diálogo con el periodista, lo que puede hacer creer al espectador que ella será la que finalmente de esa pista que pueda conducir hacia Rosebud. Pero las memorias de su segunda ex esposa arrojan más sombras sobre la figura de Kane, que ahorra entrado en la vejez, saca a relucir más esa ausencia que se ha convertido en su cruz. El sueño frustrado de Susan por ser una cantante de ópera se convierte en una misión para Kane, algo en lo que pondrá todas sus fuerzas con tal de verla feliz. Pero no hay que ilusionarse con sus intenciones, pues Susan comprende finalmente que el anhelo de Kane no era cumplir los deseos de su esposa de forma desinteresada, sino lograr que ella se sienta tan complacida por él al punto de que su amor incondicional sea la única respuesta que de. Poco a poco, la mansión de Xanadú se convierte en una prisión para una mujer que solo ama una figura que creyó conocer en el pasado. El divorcio marca la etapa final de un millonario que ha perdido todo, su poder, sus amigos, sus amores. Su única compañía parecen ser una bola de nieve y la palabra “Rosebud”, que sale de su boca como si fuera una asociación libre que hace el cerebro de alguien caído en la desgracia.
En este punto es necesario resaltar las decisiones estéticas que muestran a un hombre desgastado, y como esos miles de reflejos perpetuándose en una espacio sin fin, parecen multiplicar su sufrimiento y su soledad. Kane ha quedado totalmente solo.

Al terminar su entrevista con Susan, Thompson confiesa sentir lástima por el difunto, lo que puede resultar un poco llamativo considerando que este último tramo de la película nos ha mostrado su peor faceta, y como sus deseos operan de la forma más egoísta posible. Y es aquí en donde el film muestra uno de sus puntos más notables, con la respuesta de Susan diciendo que ella también se siente mal por su ex esposo. Detalles como estos dejan entrever que Susan pudo ver parte de esa naturaleza que se escondía en la fachada del hombre exitoso. Y que mas allá de todo el dolor que esté le causo durante su matrimonio, ella realmente lo quería. No es fortuito que en el primer encuentro entre Susan y Kane, ella no lo reconozca por su figura, y lo encuentre encantador previo a saber de quien se trata. Un aspecto que también sedujo a Kane, que parecía haber encontrado aquella persona que le fuera devota de forma incondicional.
Sin mas testigos por entrevistar, Thompson se da por vencido. Cree que Rosebud no es mas que algo que Kane nunca pudo tener, o simplemente lo perdió. Ese objeto o persona no puede responder a todas las preguntas que surgen alrededor de su figura. Una persona es mucho mas que la pieza faltante de un rompecabezas, pues Rosebud parece ser, para el periodista, una pieza mas de ese rompecabezas. La esencia que se esconde tras la superficie del hombre no puede ser entendida con una simple palabra. La búsqueda ha terminado, y Thompson debe tomar el tren, afuera el mundo sigue andando.
Cuando ya todo esfuerzo resultó vano, y las llamas del fuego queman todos los desperdicios de Xanadú que no son dignos de subastarse, sale a relucir aquello que tanto ansiábamos ver (y en otra maestría de Welles se le oculta a todos los personajes del film). La segunda historia se revela con una imagen que quedará guardada en la retina del espectador. El trineo de la juventud, aquel que quedaría abandonado junto a su viejo hogar, está a punto de ser quemado. Y en ese preciso momento, previo a que el fuego del olvido lo devore, se puede ver su nombre: ROSEBUD.

Rosebud no es solo un trineo, porque en un cuento o en un film, cuando una historia son dos historias, un objeto es mucho mas que un objeto, es un símbolo que encapsula dentro suyo miles de mensajes. Para Kane, ese trineo era el recuerdo vivo, de que hubo un momento de su vida en el que fue feliz, que fue amado y apreciado por su madre de forma incondicional (un amor que nunca volvería a tener). Y es, por sobre todas las cosas, un símbolo de todo aquello que busca en cada objeto y en cada persona, pero nadie nunca se lo ha podido dar de la forma en que él quiso. La sombría figura de Kane se convierte en la de un simple hombre cuyos deseos mas profundos han dictado su vida, alejándose de la posibilidad de ser feliz mientras se destruía a sí mismo. Sus búsquedas de ser amado por su caridad, su ansias de poder cada vez más grandes, las múltiples estatuas que ha traído de Europa y que son solo una decoración, sus amigos, sus múltiples amantes; todo eso ha sido un intento de escape, de evadir un vacío que va consumiendo lentamente su vida. Kane y Rosebud son la imagen pura de aquel que tiene todo, excepto aquello que verdaderamente anhela, y por sobre todo, necesita en su vida.


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