¿Jaula o pájaro? Notas sobre el melodrama clásico 

La jaula se ha vuelto pájaro

y se ha volado.

El despertar. Alejandra Pizarnik

Estas pocas líneas extraídas del poema de Pizarnik parecen sintetizar la problemática central del género melodramático. Dejan al descubierto las tensiones que enfrenta la heroína entre el deseo y el deber. Es ella la que deberá elegir si continuar encerrada en su jaula, el lugar donde la sociedad la ha ubicado, o seguir su deseo que la convertirá en pájaro.

Todo género es una estructura, un modelo con características propias. El melodrama al igual que los distintos géneros cinematográficos, construye sus propios rasgos narrativos y formales para crear un mundo. Tal vez, lo más distintivo del melodrama sea la construcción de la figura de la mujer y la importancia que adquiere el espacio. Ambos elementos se amalgaman y adquieren una función simbólica. La mujer vinculada históricamente con lo pasivo es contenida dentro de la casa, espacio que a la vez de protegerla de los peligros del afuera también la aísla del mundo. Esta construcción da cuenta de una estructura social que condiciona y determina lo femenino y lo masculino, de lo pasivo y lo activo.

Es importante señalar la función pedagógica del melodrama. La protagonista que transgrede su deber de mujer, madre, hija o esposa tarde o temprano será castigada. Al melodrama históricamente se lo ha considerado un género conservador justamente por el importante peso que cobra el castigo. Podemos detectar entonces que la mujer del melodrama se debate internamente entre el deseo y la culpa, entre el deseo y el deber. Esos elementos son los que rigen todas sus acciones y generan sus más profundas incertidumbres. Al moverse en un espacio fuertemente tipificado y binario donde no hay grises, solo extremos, la mujer parece no tener más que dos opciones: ser una buena mujer, pura e inocente, o una mala mujer.

El melodrama es el género de los sentimientos, del phatos; y el primer plano es la mejor manera de exteriorizarlo, la cercanía con el personaje genera una fuerte identificación, una intimidad que apela directamente a nosotrxs mismxs. La puesta en escena que enfatiza esa cercanía, al mismo tiempo que propone una sensación de opresión, logra tal vez- en la actualidad- todo lo contrario a una función aleccionadora, nos invita a interpelarnos y reconocer nuestras propias jaulas.

I. Construcción de la mujer

El melodrama al trabajar con opuestos crea dos tipos de mujer: la buena mujer y la mala mujer. La buena mujer se caracteriza por su pureza y su inocencia mientras que la mala mujer ha perdido su pureza y disfruta o vive de su sexualidad, en ese caso el castigo será la soledad o incluso la muerte. En ambos casos la sexualidad cobra gran importancia.

La sexualidad de la mujer es cuestionada cuando no se desarrolla dentro del matrimonio y cuando no tiene como objetivo la procreación. La búsqueda de placer y el conocimiento del propio cuerpo no son posibles para las heroínas del melodrama, porque eso implicaría una transgresión a la sexualidad permitida. La virginidad es puesta en valor y su perdida constituye la más profunda vergüenza. Generalmente esto es lo que da lugar al conflicto de la protagonista que intentará por todos los medios volver o no perder ese estado inicial de pureza. Como señala Simone de Beauvoir “En general, todo “transito” es angustioso a causa de su carácter definitivo, irreversible: convertirse en mujer es romper con el pasado, sin remedio; pero este tránsito es más dramático que cualquier otro; no solamente crea un hiato entre el ayer y el mañana, sino que arranca a la joven del mundo imaginario en el cual se ha desarrollado una parte importante de su existencia y la lanza al mundo real”.

Puede resultar paradójico que la representación de lo femenino y sus conflictos más íntimos sea puesta en escena mayoritariamente por directores varones, pero la misma idea de lo femenino es una construcción en gran medida producto de la mirada masculina ya que históricamente es el hombre el que crea el mundo.

La mujer deberá luchar consigo misma y con el entorno que le impone un modelo de conducta, es en esta lucha donde se centra el conflicto del melodrama, el crecimiento del personaje implicará adquirir el valor para transgredir las reglas.

II.La casa y las miradas

El melodrama transforma a la casa en personaje. Es allí donde está la protagonista, en el tedio, cumpliendo su deber de esposa, madre, mujer. El melodrama problematiza y contradice las ideas que naturalmente se desprenden de la palabra casa: la casa como refugio, como espacio privado, como pequeño mundo dentro de uno más grande donde no podemos ser del todo nosotros mismxs.

La casa del melodrama es sombría, incomoda, la intimidad no puede desplegarse porque está asediada por las miradas de los otrxs, esta mirada puede encarnarse en un personaje o volverse más difusa, pero siempre estará vinculada con la presión que la sociedad ejerce sobre la protagonista.

La subjetividad cobra un lugar importante, la heroína melodramática está en contacto con sus sentimientos, siente la presión del entorno, como ocurre en Graciela (1956) de Leopoldo Torre Nilsson. La percepción de la propia Graciela, se expresa formalmente a través de planos donde los personajes y los objetos están notoriamente inclinados evidenciando la incomodidad que experimenta la protagonista respecto a su entorno. Si pensamos en la casa como espacio asfixiante y peligroso podemos seguir refiriéndonos a películas de Torre Nilsson tanto La casa del Ángel (1957), como La mano en la trampa (1961) hacen una construcción similar de la casa, el peligro ya no está fuera de ella, está dentro, la casa ya no es más un refugio. La oscuridad ha invadido las habitaciones cerradas, la heroína estará mayormente envuelta en penumbras. La luz y la sombra adquieren un carácter metafórico: la sombra representa lo prohibido y la luz lo puro.

Las heroínas del melodrama no pueden apropiarse del espacio que habitan y cumplir su deseo dentro de él. Lo privado es invadido por una sociedad con fuertes valores morales y cristianos, el “No” parece ser la palabra más recordada por las mujeres del melodrama.

III.Los objetos y el recuerdo

El aire estaba lleno de espejos. Las cosas, vueltas dobles y triples, relucían y tornasolaban.

El fantasma de cada cosa ya liberado andaba sin rumbo.

De Humo. Marosa di Giorgio

Los objetos en el melodrama están dotados de historia y emotividad, la protagonista mantendrá un vínculo activo con ellos. Muchas veces representan la pérdida de un viejo amor, un recuerdo doloroso o una querida herencia. Parecen estar siempre vinculados a una perdida: de un ser querido o de una situación idealizada que ya volverá a repetirse.

Al mantener un vínculo directo con la interioridad del personaje nos aportan datos de su personalidad, de su forma de ver el mundo y evidencian su incomodidad con el presente. Así sucede con Blanche DuBois en Un tranvía llamado deseo (1951) de Elia Kazan. Sus joyas y ropas la ayudan a construir una ficción que la hace feliz. El cuidado y la devoción a un objeto lleno de significado generalmente es visto como un rasgo femenino, y las heroínas del melodrama por sobre todas las cosas son mujeres femeninas, que gustan de los pequeños detalles, que construyen un espacio que pueda funcionar como un refugio.

El objeto adquiere casi una importancia ritual y la habitación de la heroína un espacio sagrado, donde debe prevalecer lo puro y la idea de feminidad más convencional, vinculada con la fragilidad. Por eso estos espacios están repletos de objetos frágiles como espejos- confidente de la heroína-, frascos de vidrio y telas finas. Cualquier elemento que provenga del exterior puede romper o rajar ese objeto, profanar el espacio sagrado.

*

Este breve recorrido por algunas de las características más distintivas del género intenta hacer énfasis en el modo en que se utilizan los recursos estéticos y narrativos para construir la subjetividad de la heroína melodramática. Mujeres condicionadas por una mirada exterior penetrante, recluidas en un espacio que oprime y aísla del mundo, volviéndola aún más vulnerable. La heroína melodramática deberá decidir si permanecer en la jaula o convertirse en pájaro y volar.

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