"Prospero´s Book": Shakespeare posmoderno Spoilers

Para analizar la transposición cinematográfica que realiza Peter Greenaway de la obra de teatro de William Shakespeare, me parece necesario comenzar con las relaciones entre historia y relato. En cuanto a la perspectiva de la historia, la obra de Greenaway intenta hacer circular el texto original, de manera más transparente en cuanto a la especificidad más primigenia: las palabras. Shakespeare está presente, casi sin ningún cambio en su praxis general. Podría decirse que aquellos hechos cronológicos, que mantienen una relación de causa y consecuencia, están contemplados en el texto de 1991. Sin embargo, aunque se preserva la estructura dramática de la obra original, Greenaway introduce diferencias significativas en cómo se presenta esta historia al espectador, especialmente en lo que respecta a los rasgos retóricos, enunciativos y temáticos.

De esto se desprende algo muy importante que es el estilo o la percepción de la época, presente en cada uno de los textos, pero con grandes diferencias en el de Greenaway. La obra de Shakespeare pertenece al Barroco, un movimiento caracterizado por una complejidad estética y una inclinación por lo dramático y lo teatral en la representación. En el contexto del Barroco, la autoreflexión y la autorreferencialidad son características comunes. Teniendo en cuenta un texto de Christian Metz que hace una descripción de Las Meninas de Velázquez, se puede encontrar una autoreflexión, una mirada particular de cómo el artista representa y ve lo que lo rodea en esa época. Tanto en la obra de Velázquez como en muchas obras de Shakespeare, el autor y el lenguaje se vuelven sobre sí mismos, quieren aparecer y ser conscientes, en una puesta en abismo.

Por ejemplo, en La Tempestad, Próspero, a través de varias líneas de diálogo, habla como si fuera el director de la obra: to perform, to act, get in the show, etc. Este tipo de meta-teatralidad es una de las marcas distintivas de Shakespeare, y en la adaptación de Greenaway, esta característica es llevada aún más lejos, acentuando la idea de que Próspero no solo dirige los eventos de la historia, sino que también es consciente de su papel como creador de ese mundo.

A su vez, siguiendo con un análisis de la narración, sus núcleos más importantes se definen y concretan de la misma forma entre ambos lenguajes, pensando en el actante principal como Próspero y este como un personaje activo que realiza acciones e impulsa el avance del argumento, de nuevo como si fuera el autor mismo de las obras que escribe. Este enfoque no solo refuerza el poder de Próspero como mago y gobernante, sino que también subraya su control sobre la narrativa misma, haciendo que su figura se vuelva casi omnipotente dentro del universo que ha creado.

En la obra del 1600, Próspero está presente como un hechicero, como un Dios que gobierna las decisiones del resto. En la película de Greenaway, esto está llevado al extremo, proponiendo que Próspero es el que está escribiendo su propia historia y es él mismo quien crea las relaciones. Los personajes son guiados por la pluma del escritor, es decir, por las acciones de Próspero: su objeto de deseo es la venganza, por eso envía la tempestad al barco de su hermano, quien lo había traicionado junto al actual rey de Milán. Este suceso desencadena una serie de unidades narrativas, con personajes que van a cumplir las "órdenes" de Próspero para llegar a un clímax en el que todo sale de acuerdo a lo planificado.

Retomando los rasgos retóricos y temáticos, la circulación del sentido es muchísimo más opaca en la película de Greenaway. La película se sumerge profundamente en una estética barroca, no solo en términos de su dirección de arte, sino también en la forma en que se despliega la narrativa. Pensando en lo que Steimberg plantea en su texto: Las direcciones de la enunciación transpositiva…, la transposición se ha apartado de la primacía de la lectura temática-narrativa-argumentativa a una lectoescritura retórica-lúdica descriptiva. Es decir que la película de Greenaway está llena de recursos retóricos que alejan la noción de la acumulación de motivos de unidad mínima que desembocan en un tema general.

La obra de Greenaway también se destaca por su enfoque en la multiplicidad de lenguajes expresivos. En el texto del 91, asistimos a una conjunción de distintas expresiones y lenguajes, desde lo pictórico en su dirección de arte, intentando pintar ese barroco de claroscuros, hasta la danza performática, la yuxtaposición en el montaje, la música minimalista y muchos recursos más. Las relaciones que existen con la obra de teatro están exageradas, siguen la noción de un Dios estructurador que a través de su fuerza creadora permite obtener el saber de todo. Pensemos en los libros que contienen la totalidad estructurando las distintas secuencias del relato. Por más de que en el 91 no existía una tecnología de la información como es la de hoy, sí primaba la supremacía de la totalidad del conocimiento, un poco vaticinado por el posmodernismo y sus formas de apropiarse y tener a disposición la historia misma.

En Prospero’s Books, el personaje central no es solo un mago, sino un dios creador que manipula el mundo a través de sus textos. Este enfoque no solo expande el rol de Próspero, sino que también establece una analogía directa con el proceso creativo del cineasta, quien, al igual que Próspero, controla cada aspecto del mundo que está construyendo. Así, Greenaway no solo adapta a Shakespeare, sino que también inserta su propia visión artística, llevando a cabo una reflexión meta-cinematográfica sobre el poder del creador, tanto en el teatro como en el cine. Esta percepción más de la época, en mi opinión, separa completamente la obra de Greenaway con la de Shakespeare, relacionada al hechicero que vive en la cueva, y que posee conocimientos relacionados con la magia y con la apertura de conciencia, que le permite hablar con espíritus o seres de distintas épocas, como Ariel o las furias.

En cuanto a los personajes animalizados y malformados, la película elige darlo vuelta y busca cambiar la noción del "otro". Si tomamos por ejemplo al personaje de Calibán, en la obra original está más relacionado a la representación de la idea de lo salvaje primitivo, motivo de unidad mínima que fue reemplazado por un personaje que no tiene rasgos de animal, y que se expresa a través de la danza contemporánea, la comunión con Baco y quizás reflejando con un fuerte rojo en su miembro viril, el motivo de su accionar.

Este enfoque sobre Calibán, transformando al "otro" en un ser que no es simplemente una caricatura de lo primitivo, sino un personaje con una identidad compleja expresada a través del arte y el cuerpo, revela el intento de Greenaway de subvertir las representaciones tradicionales. La danza de Calibán, cargada de simbolismo y erotismo, ofrece una interpretación moderna del personaje que desafía la visión simplista de lo "salvaje" que a menudo se encuentra en la obra de Shakespeare. Es un reflejo de cómo los tiempos han cambiado, y cómo una lectura contemporánea puede reinterpretar y redimensionar personajes que antes podían haber sido considerados unidimensionales.

Además, la película incorpora elementos que no estaban presentes en la obra original, como el uso del color y la luz para comunicar emociones y temas. El rojo vibrante en el miembro viril de Calibán, por ejemplo, no es solo una señal de su naturaleza erótica, sino también una metáfora visual que Greenaway utiliza para explorar la naturaleza del deseo y el poder en la narrativa. Las diferencias pueden seguir siendo nombradas y son muchas, pero lo más importante son las distintas maneras en las que la producción de sentido intenta circular, la obra de Shakespeare tiene sus motivos claros y refleja una temática donde están todos los rasgos epocales. En la posmoderna obra de Greenaway habitan muchos más textos y exige una competencia visual criteriosa. La complejidad de Prospero's Books reside no solo en su narrativa, sino en su uso de múltiples capas de significado que se despliegan a través de la interacción de diversos lenguajes artísticos. Cada elección visual y sonora está cargada de significado, invitando al espectador a participar activamente en la construcción del sentido.

Greenaway, al reinterpretar La Tempestad a través de su lente posmoderna, no solo rinde homenaje a Shakespeare, sino que también utiliza la obra para comentar sobre el propio acto de creación artística. Al hacerlo, el director crea un diálogo entre el pasado y el presente, entre el texto original y su reescritura, cuestionando constantemente las formas en que entendemos y representamos las historias. La obra de Greenaway, con su densidad estética y narrativa, desafía al espectador a reconsiderar no solo la obra de Shakespeare, sino también la naturaleza misma del cine y del arte como vehículos de producción de sentido.

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