Muchas veces los momentos finales de una película se transitan en una mezcla de emociones. Si la trama logra su cometido nos tiene totalmente involucrados con los personajes y con la historia. Nos tiene totalmente posicionados en algún lugar y siendo partidarios de algún final imaginario. Eso logran las buenas tramas.
Para este desafío me gustaría centrarme en los minutos finales, en las escenas finales, de una película a la cual ya le dedique unas líneas. Y que me pareció correcto definirla como una película sobre la “condición humana”. La Niebla es una trama sobre las creencias y acciones de las personas según las circunstancias que enfrenten.
El final.
Cuando todo parece perdido. El grupo racional del supermercado decide jugársela y salir en busca de una aventura rutera. Los buenos, los heroicos emprenden la salida hacia una camioneta que los lleve a vaya saber donde, pero que esa incertidumbre era aun mejor que el desastre poseído religioso en el que se había convertido el supermercado. Por suerte, la travesía hasta el auto solo dejó algunos personajes en el camino, pero el núcleo protagónico llegó a la esperanza. El auto. La salvación. Estados Unidos , los autos y la carretera: el nacimiento de una gran amistad.

La ruta y las calles de ese pueblo atacado por una fuerza sobrenatural son el fiel reflejo de la perdición. No hay futuro posible en este mundo donde la Niebla logró corromper todos los espacios. Donde, al andar por las calles, vemos a estas bestias caminar como si ese fuese el patio de su casa. Y donde la destrucción de todo lo que conocíamos era un hecho. No hay cosa más triste que volver a los lugares donde uno fue feliz. Concluida la visión del mundo destruido llega la verdadera perdición. La falta de Nafta.

Las matemáticas siempre fueron odiosas. Y siempre significaron una etapa final en mis años de secundario. Ya en el auto. Sin nafta, sin la posibilidad de salir porque la niebla se ve dueña, ama y señora. Nuestro héroe principal tiene el desafío de las matemáticas. Luego de insinuación tensas, donde todo apunta a decirnos, sin hablar, que la única posibilidad es llevar adelante un suicidio en grupo. Gran giro de la trama que ahora los que se comportan como una secta son ellos, no la loca religiosa del minisuper. Finalizada la ronda de miradas. Vamos al conteo. Nos deshacemos de los cartuchos usados y llegamos a la conclusión que son cuatro balas para cinco personas. Resuelta la ecuación.

La siguiente escena. Es un logro como toma filmográfica. La tensión ya estaba en el juego previo. Ya sabíamos lo que iba a pasar. No hace falta mostrar para que nos impacte. La cámara se posiciona fuera del auto. En el piso. En la pantalla tenemos el auto, la niebla y nada más. Cuatro Fogonazos. Y un gritó desencajado. El final inesperado de nuestro héroe siendo el verdugo. (no es la imagen que estaba buscando)

Nuestro protagonista decide aceptar el final. Que también fue el comienzo. Dejarse llevar por la niebla y las bestias que viene con ella. Sale del auto y los llama desesperadamente. No vienen. Porque el abismo es así de jodido, cuando lo estamos mirando él también nos mira a nosotros. Y nos devuelve lo contrario a lo que deseamos. Nace un nuevo mundo. Logran expulsar a la Niebla. El ejército recupera la ciudad. Ahora solo queda recuperarnos de las cosas que hicimos para sobrevivir.





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