Diaries: 1971-1976 (Ed Pincus, 1981): amor, poliamor y una familia prestada 

Hace poco el Harvard Film Archive restauró la mítica Diaries (1971-1976) de Ed Pincus, terminada en 1981. En el momento en que Pincus (1938-2013) hace esta película dirigía junto con Richard Leackock un pequeño programa de cine en MIT (Masachussets Institute of Tecnology), universidad vecina a Harvard, donde está todo el archivo de su práctica artística. Pincus y este programa son un alfiler clavado bien profundo en la historia del cine documental: Richard Leacock fue un mítico documentalista de cine directo que hizo películas durante más de 60 años y cambió la historia del cine documental con películas como Primary. Leakock unió con su práctica algunos extremos disipados de la historia del cine, antes reunidos quizás solo en las ideas, como lo fueron Robert Flaherty y Jean-Luc Godard. Leacock trabajó con ambos (Luisiana Story y 1AM/1PM). Pincus comenzó también en el cine directo, y trabajó en el espacio que en su momento le causó a Leacock y a sus contemporáneos una profunda crisis de identidad: el cine sincronizado, el cine en el cual la imagen y el sonido se graban al mismo tiempo, el momento en el cual la unión de estas capas ya no es algo artificial sino algo resuelto por la tecnología.

En 1967 Ed Pincus hizo junto con David Neuman Black Natchez, una película sobre el movimiento de los derechos civiles en un pueblo a orillas del Mississippi. A partir de ahí Pincus hizo películas para la televisión pública, con una voluntad de pensar en un cine directo popular. Pincus es un personaje que existe en esa bisagra que hubo entre los años 60 y los 70 en lo político: comenzó con películas que pensaban en situaciones políticas y colectivas con un estilo directo íntimo, y terminó haciendo una película que pensaba en situaciones íntimas, que terminó siendo una especie de manifiesto político de su época.

Diaries está filmada a principios y mediados de los 70s y editada cinco años después de su rodaje. En la película se registra la vida familiar de Ed y Jane, marido y mujer, entre los momentos en que deciden abandonar la monogamia y se mudan a Vermont con sus hijos a una vida más retirada. Los registros son todos de Ed, que filma la vida de su familia, el crecimiento de sus hijos y, sobre todo, las conversaciones con Jane sobre su vida romántica común y por separado, sus impresiones y los problemas que empiezan a aparecer a partir de este cambio de vida. También vemos la vida de Ed en su trabajo, en el departamento, y las conversaciones con sus compañeros, sobre todo con Leacock. Vemos también el vínculo con David Neuman, con quien solía hacer películas, con el que comparte mucho tiempo y muchas ideas, quizás el personaje con el que Pincus pasa más momentos de distensión a demás de sus hijos (esta idea de que “solía” hacer películas vendrá más adelante). Es un retrato también de algunas de las mujeres con las que Pincus se relacionó en esos años, que eran colegas y amigas, y con las que tiene muchas conversaciones en relación al vínculo que une a todes.

Es extraño el registro del tiempo y lo que hace esta película con la idea de cine directo. Pincus retrata su intimidad más extrema, y el uso de la cámara en todo esto de alguna manera transforma esa intimidad. Las conversaciones están muchas veces hechas para la cámara, y es la cámara la que parece producirlas, como si hacer una película fuese una excusa para conversar de manera abierta algo que de otra manera se haría menos, o con más rodeos. Parece como si los personajes todo el tiempo quisieran resolver sus conflictos en cámara en favor de una película que sea política en la medida en que muestra de qué están hechas las relaciones amorosas, familiares, de qué están hechos los vínculos humanos más complicados. A los niños les hace algo compeltamente opuesto: mientras avanzan los años se van volviendo uno más esquivo, la otra más performer, y llega un momento en que sólo aparece en cámara haciendo alguna acción performática: actuar, bailar, cantar. El niño por su lado hace berrinches. La cámara ha hecho de sus infancias algo público, y cada uno reacciona a su manera.

No es extraño que esta haya sido la última película de Pincus hasta 30 años después. Cuando la hizo estaba sumido en una crisis muy profunda en su relación con el cine y sus ideas del documental. Profesor, cineasta, se vio de repente enfrentados con los riesgos que el cine propio tiene para otros. Uno de los jóvenes que lo convenció de hacer Black Natchez, un militante de los derechos civiles, David Sweeney, años después se apareció en su casa en un estado paranoico, diciendo que escuchaba voces que le mandaban a hacer cosas. Este hombre empezó a creer que había un complot entre Angela Davis y otros personajes políticos de su época para matarlo, y empezó a amenazar a la familia de Pincus. Finalmente, la familia se mudó a Vermont a un lugar dificil de encontrar, y Pincus terminó cambiando su vida por el miedo que tenían a este personaje. Finalmente, Sweeney asesinó en su despacho a David Lowestein, quien era congresista en ese momento. Pincus tuvo un golpe muy fuerte en ese momento, y sus ideas sobre la ética documental cambiaron para siempre.

Por otro lado, los 70s fueron un momento importante para el feminismo, una segunda ola alcanzaba al cine por todos lados, haciendo películas íntimas sobre problemas profundamente políticos. Pincus examina su propia intimidad de hombre, pensando en su vínculo difícil con las mujeres, pensando con ellas. Es muy impresionante de ver todo esto con tanto grado de apertura, su vida por dentro y por fuera de su vínculo con Jane, todas sus vidas paralelas y conversaciones que tiene con la mujeres, muchas veces muy incómodas, sobre lo que él quiere de ellas. Hay una escena en la que están Jane, los chicos y Ann, una de sus compañeras más importantes, conviviendo en un verano en el hogar, con una fluidez entre amistades y romances, alianzas cruzadas entre las mujeres, bellezas y tensiones de un modelo afectivo diferente.

Parece una ley: todo lo que se pudre forma una familia. Escribió Casas. Diaries es un melodrama familiar que va en contra de esa idea de familia. “Nuestros amigos se separaron, nosotros seguimos juntos” le dijo Pincus a Scott MacDonald, reflexionando sobre esos momentos de poligamia. Sobre esas tensiodes de la vida de pareja conciente está sostenida la película. Jane pone en crisis todo el tiempo el modelo de la película haciéndole ver lo desigual que es en realidad el vínculo más allá de la fluidez de compañeros: cóm funciona el dinero en la pareja, cuando ella trabaja todo el día cuidando la casa y los hijos y él afuera, cómo funcionan los quehaceres, las carreras. La obligatoriedad de la reproducción es un tema para Jane, que decide hacerse un aborto que ingresa a la película, cuando Jane y una amiga van a abortar juntas. También una atadura de trompas. El tiempo se acelera hacia el final de la película, cuando la pareja pasa una crisis propia para lidiar con la crisis ajena. La película termina casi por autodestruirse: deciden cambiar de vida y prioridades, y Pincus deja el cine por 30 años. Esa forma de existir tan abiertamente frente al cine, y después dejarlo ir, hace que Ed Pincus se transforme en una especie de amor platónico de todas las cinéfilas. Conviviendo íntimamente con él y su familia por casi tres horas y media, una termina la película sientiendo que esa es su familia, que esa es la forma de amor predilecta.

Más allá de haber dejado el cine, Ed Pincus dejó en su labor de docente y de mentor de una generación muchos discípulos, entre ellos Ann Charlotte Robertson, que filmó sus diarios en Super 8. Las películas de Ann Charlotte también fueron restauradas por el Harvard Film Archive, aunque su restauración es difícil porque la mayoría de sus diarios estaban hechos de manera tal que ella hacía un comentario sonoro/performance durante la proyección, lo que hacía que la película cambiara cada vez que era mostrada. Anne Charlotte y su propia estética de la autodestrucción positiva es un universo a descubrir. Les dejo acá una de mis películas favoritas de ella, Apologies (1990).

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