
Pocas veces se han retratado complicaciones de la salud mental con la fidelidad y respeto que merecen. Si alguien podía hacerlo, era Lars von Trier. Habiendo pasado durante gran parte de su vida intensos episodios de depresión, hizo del tema una trilogía impresionante, consistente en sus películas Antichrist (2009), Melancholia (2011) y Nymphomaniac (2013). Es la segunda entrega la que probablemente muestra más en crudo lo que implica sufrir depresión. Y es tal la audacia del Autor que todo lo plantea en un aire de ciencia ficción como no suele verse. El universo es igual de triste de nosotros.

La película presenta a dos hermanas: Justine, interpretada por Kirsten Dunst, y Claire, con Charlotte Gainsbourg. Se puede comentar de paso que, igual que Björk en Dancing in the Dark (2000), Kirsten Dunst ganó el premio a Mejor Actriz del Festival de Cannes por Melancholia, siendo que además Gainsbourg había ganado el mismo galardón por Antichrist. Más allá de las controversias que han rodeado por años al Director Danés, sin duda sabe guiar a sus intérpretes.
Ambas hermanas conviven a lo largo de toda la cinta. La trama se divide en dos partes, cada una protagonizada por una hermana. La primera parte, Justine, presenta el día de su Boda con Michael, y sus intentos por permanecer alegre durante la celebración, a pesar de sus intensos episodios de ansiedad, que han molestado a gran parte de su familia, siendo Claire la más comprensiva, a pesar de también haberse ya cansado de auxiliar a su hermana. Al tiempo, el Jefe de Justine (ella trabaja en una compañía de publicidad, proponiendo slogans) le encomienda darle una nueva frase a su recién ascendido compañero de trabajo, con quien tuvo un amorío hace tiempo. Todo se vuelve cada vez más abrumador, hasta que Justine, en la madrugada, con la fiesta vigente, renuncia a su trabajo y anula su matrimonio. Cae nuevamente a un profundo estado de depresión.

Ahora bien, ¿qué hace que la película sea de Ciencia Ficción? Una problemática, una subtrama, que en realidad puede interpretarse como una alegoría de la totalidad de la cinta: científicos se han percatado de la existencia de un planeta que se había escondido detrás del Sol: Melancholia; y se ha descifrado su trayecto por el Sistema Solar. Se ha confirmado que pronto impactará a la Tierra, y la destruirá por completo.
Si bien la idea se presenta desde el comienzo de la película, se trata con mucho más detalle en la Segunda Parte: Claire, quien, acogiendo en su casa a su Hermana, debilitada por su enfermedad, manifiesta su asfixiante preocupación por la llegada de Melancholia. Teme por su Hermana, su Marido y su Hijo pequeño, sufriendo ataques progresivamente más fuertes de ansiedad, intentando en vano ser calmada por su Esposo, quien está convencido de que la Tierra no será impactada.

Así, ambas hermanas pasan por momentos extenuantes en sus vidas, en la incertidumbre -o espera- de un inminente final. Mientras se ve que el planeta Melancholia es mucho mayor en tamaño que la Tierra, igual la tristeza excede a los personajes de la cinta. Y el final, para todos, llega tarde o temprano.
Para Lars von Trier, el universo es triste, y la humanidad está completamente sola, y no habría motivo para que alguien quisiera estar cerca de nosotros. Somos la tierra, y el Universo es nuestra Tristeza.




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