“Melancolía” y “Anticristo”: luces y sombras de Lars Von Trier  Spoilers

Entre 2009 y 2011, el controvertido director danés estrenó su más polémica película y, dos años más tarde, quizás la mejor de su carrera. Una, “Melancolía”, es imprescindible; la otra, “Anticristo”, no es para cualquiera. Ambas forman parte de su "Trilogía de la depresión" y están en Mubi.

“Melancolía”, la bella danza de la muerte

¿Qué harías si te dijeran que la vida en la Tierra se va a acabar en cinco días? ¿De qué cosas te arrepentirías? ¿A qué lugares y momentos quisieras volver o llegar por primera vez? ¿Con quién querrías pasar esta recta final de la humanidad? ¿Haciendo qué cosas? ¿Qué de todo lo que hiciste, lograste y acumulaste en tu vida ya no tendría sentido? Con esa idea como punto de partida comienza “Melancolía”, la gran película de Lars von Trier de 2011. El controvertido director danés, creador junto a Thomas Vinterberg del manifiesto Dogma 95, se luce con esta historia apocalíptica de ciencia ficción con profundos planteos existenciales.

Tanto el director como su actriz principal, venían de atravesar una fuerte crisis depresiva. Esto sin dudas potenció su encuentro y se ve reflejado en el resultado final de la película y, sobre todo, en la impecable actuación de Kirsten Dunst, galardonada a Mejor Actriz en el Festival de Cannes. Así, con el “Preludio de Tristán e Isolda”, de Richard Wagner, como música de fondo, la película comienza con una serie de cuadros visuales que ponen al espectador en el tono de la melodía melancólica que se avecina.

Imágenes artísticas del apocalipsis y una estrella roja que avanza amenazante hacia nosotros. Un rostro arrasado por la tristeza con un fondo de pájaros muertos cayendo del cielo. Una mujer que siente en sus dedos la conexión con una energía que viene del más allá. Una novia de blanco que intenta escapar de las raíces que le atan las piernas a la tierra y no le permiten avanzar. Un caballo que se desploma en la oscura noche del fin del mundo. Una madre que huye con su hijo en brazos y se entierra en un green de golf como si el prolijo césped fuera una ciénaga de barro. La novia -inspirada en “Ofelia”, la pintura del inglés John Everett Millais que cuenta la muerte de la amada de Hamlet, en la obra de William Shakespeare- que se deja llevar por un río verde y cristalino con su ramo de flores entre las manos y la mirada perdida. Un planeta gigante que desintegra la Tierra en un choque de destrucción masiva y letal.

Con esta crónica de una muerte anunciada, comienza “Melancolía”. Luego, la película se divide en dos capítulos: “Justine” y “Claire”, que narran las miradas de las dos hermanas interpretadas por Kirsten Dunst y Charlotte Gainsbourg, respectivamente. Tiene como escenario un aristocrático castillo europeo en el cual se lleva a cabo la accidentada boda de la primera organizada por la segunda junto a su “estúpidamente” millonario marido, interpretado por Kiefer Sutherland. El evento está atravesado por un asunto que late de fondo y del que pocos parecen hacerse cargo, el inminente colapso de la Tierra por el avance de Melancolía, un gigante planeta a la deriva que amenaza con terminar con todo.

El fin del mundo es un asunto del que casi no se habla, pero que se percibe por la audacia del comportamiento de los personajes. Algunos parecen estar resueltos a liberar sus pasiones y cumplir sus últimos deseos, como el padre y sus dos amantes. Otros que se refugian en rituales cotidianos como manera de canalizar la negación de lo inminente, como la hermana y su marido aferrados al protocolo de la boda. Otros aprovechan para soltar crudamente sus verdades, como la madre destruyendo con su lengua el concepto del matrimonio en el casamiento de su propia hija. Y, por último, quienes no pueden dejar de pensar en seguir engordando sus cuentas bancarias aún a sabiendas de que ya de nada servirá su fortuna, como el jefe de la novia.

En la segunda parte, “Claire”, el apocalíptico casamiento de Justine ya colapsó y su depresión tomó el control no sólo de su mente sino también de su cuerpo. Su hermana, que va y viene de la negación al miedo, le brinda refugio en su castillo. En los días finales antes del apocalipsis, la personalidad depresiva de Justine parece estar mejor preparada para el colapso que la de Claire. Algunas veces, ser optimista puede acarrear un lastre mucho más pesado que simplemente esperar siempre el peor de los destinos. Por el simple hecho de no poner las expectativas por encima de las posibilidades.

“La vida en la Tierra es malvada”, dice Justine justificando el destino fatal que les espera como un castigo del universo al fracaso del ser humano como civilización. Su tristeza es honesta y le sobran fundamentos. Acá, en nuestro mundo real, no sé si el final de los tiempos para nuestro planeta estará cerca o lejos, pero daría la sensación de que nos acercamos cada día más a ese horizonte. Lo que es seguro, es que nuestro tiempo sí es finito. La muerte es nuestro destino inevitable y compartido. Y que una película nos ponga de cara frente a ese oscuro abismo, es tan necesario como urgente. Ahora, pasemos al lado siniestro de Lars.

“Anticristo”, ¿hasta dónde estamos dispuestos a tolerar el dolor?

Dos años antes del estreno de “Melancolía”, Lars von Trier estrenó “Anticristo”, protagonizada por Willem Dafoe y su actriz fetiche, Charlotte Gainsbourg. Oscuro, violento y carnal, este thriller psicológico narra la dramática historia de una pareja que, luego de un accidente fatal que provoca la muerte de su hijo, se refugia en una cabaña en el bosque -llamado Edén- donde intentan sin éxito superar su duelo, con altas dosis de sexo violento y perturbadoras escenas de mutilación, locura y perversidad. La película se estrenó en el Festival de Cannes y provocó un abandono masivo de la sala por parte de varios críticos que no pudieron soportar la cruda violencia de su relato.

El prólogo es un apasionado encuentro amoroso entre los protagonistas que, sumergidos en el goce, pierden de vista a su pequeño que camina con su osito de peluche en la mano rumbo al abismo inocente de su propia muerte. La nieve de fondo, la cámara lenta, los planos detallados del sexo, brindan escenas de una poderosa belleza fotográfica. Cruda y carnal; trágica y fatal. A partir de ahí, la historia se divide en cuatro capítulos más el epílogo final: “Duelo”, “Dolor (Reina el Caos)”, “Desesperación (Genocidio)” y “Los tres mendigos”. Y se va poniendo cada vez más siniestra y oscura.

También eran días de depresión y angustia para Lars von Trier, y esto se ve reflejado en la película. Más allá de la controversia, “Anticristo” estuvo nominada a la Palma de Oro en Cannes y Charlotte Gainsbourg ganó el premio a Mejor actriz del Festival. No se puede discutir que se trata de una historia estéticamente muy bien lograda y con un guión sólido, pero el sabor final que deja es brutal, desolador y angustiante. Si era este el objetivo, está logrado con creces. Finalmente, se trata de gustos y la valoración de cada espectador es subjetiva. Cada uno sabe qué es lo que va a buscar cuando se sumerge en una historia.

Melancolía”, con toda su depresión encima, termina siendo una película luminosa que genera una reflexión positiva, una crítica social hacia esta era de las apariencias. “Anticristo” es sombría y oscura. Es también un viaje a la depresión pero cuesta encontrar en ella una intención, una idea. Finalmente, lo que es seguro, es que ambas impactan como un tren de frente y dejan al espectador mudo y con los ojos perdidos frente a los títulos.

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