La característica esencial del cine de ciencia ficción en el espacio es el apocalipsis. No importa el nivel de la producción, ya sea liviana o de ciencia dura o que raye en ese límite tan delgado de la fantasía, al que se acerca tanto en la imaginación calenturienta de un buen número de guionistas. Siempre encontrará el escenario permanente del fondo filosófico de la eliminación de la existencia humana. Es así porque el vacío del espacio es un apocalipsis permanentemente a punto de engullirnos a todos.
Ahora bien, la pregunta central es ¿Qué es el apocalipsis? Tal vez usted y yo no tenemos la misma definición, tampoco debe tenerla un tercero o un grupo de personas y no por ello estamos equivocados todos. Tampoco tenemos por qué converger. Independientemente de la forma en que nos lo presente el cine, rápido e indoloro, lento y doloroso, evitable o inevitable, el apocalipsis es el telón de fondo de una buena película de ciencia ficción espacial.
El apocalipsis es la perdida de quien amamos. No implica a que grado, es la perdida de alguien que amamos o que nos importa mucho y quien está en un sitio que se perderá por un motivo que no es el quid de la cuestión. Puede ser por la destrucción absoluta de la nave espacial o de un planeta o de un sistema solar completo. En aquello que se destruya está el objeto del amor del héroe y la lucha por salvarlo, en condiciones totalmente hostiles, es el eje de las historias y del proposito del heroe.
En Passengers es perder al amor a su vida y suicidarse. No es la soledad. Tampoco no disfrutar el aburrido nivel de vida que llevará en la travesía en la que un kilómetro de nave se conoce muy rápido y se aburre. Jim se enamora de una indefensa Aurora, o eso cree, y tiene que decidir si traerla a su apocalipsis propio y condenarla o acabar en algún momento con su propia vida sin proposito. Por supuesto la despierta por egoísmo, pero el destino perdonará su pecado después por la necesidad de los guionistas de salvar la increíble e improbable nave y a sus durmientes, para lo que se requieren dos personas.
En la épica Intellesteral el apocalipsis es el protagonista sin registro en los créditos de producción. Es una película que te pone a reflexionar desde su principio y no te suelta ni al final. El planeta se acaba y se llevará al grueso de la humanidad. Cooper y Amelia y otros científicos se embarcan en una frágil y muy real balsa espacial para atravesar un agujero de gusano llegando al más terrorífico de los apocalipsis espaciales que permitió la física de Kip Thorne, productor y asesor científico, sin pisar la fina línea de la fantasía o la fe.
Cooper ama profundamente a su familia, especialmente a su hija Murph que dejará siendo una niña sabiendo que ella no lo volverá a ver. Amelia ama a su padre y mentor, que la ama tanto que la convierte en la Eva de la próxima humanidad en un parte del plan b que se insinúa en algún momento pero que explota en la cara de todos, hasta del espectador, en un giro dramático que se aprueba y acepta casi al instante siendo empáticos con lo desquiciado de la situación.
Todos y cada uno de ellos aman a alguien por lo que están dispuestos a enfrentar su seguro apocalipsis. Excepción hecha de Mann que se ama tanto que es capaz de olvidarse de la humanidad en una muy oscura y plausible filosofía y porque toda película de acción y heroísmo necesita de un antagonista y no. En esta área de cine de ciencia ficción no es el vacío espacial ni los planetas ni los soles.
Estos ejemplos de los dos extremos de la ciencia ficción espacial del cine norteamericano muestran y reflexionan sobre la muerte y el apocalipsis acompañado de vivir en un espacio restringido, a escasos centímetros de la desaparición en el vacío. Ambos apocalipsis, Passengers e Interestellar, son posibles en mayor o menor medida y por lo tanto creíbles. Eso cambia la filosofía de la vida.
Se repiten en todo el cine mundial, con sus acentos y estilos propios, por supuesto. Aunque el asunto parezca molesto, no seríamos tan empáticos con las historias de fondo ni nos atraería tanto si no fuese así. La ciencia ficción en el espacio no tendría sentido si no nos mostrara, en cada escena, la fragilidad de nuestra propia vida y la banalidad de la forma en que la estamos viviendo en medio del caos de un universo que escapa a nuestro conocimiento.
Es un estilo que nos enseña que cada uno de nosotros, como ser consciente, es un milagro biológico en una bastedad inimaginable de materia estelar. Nada menos.


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