Las primeras palabras que se escuchan al iniciar la película están en árabe y significan: Dios es bueno, Dios es grande.
Desde hace unos años, se viene utilizando el término “horror elevado”, para referirse a cintas que están dentro del canon del género de terror pero que según algunos críticos deben ser tomadas en serio porque quizá tienen otro trasfondo, más allá de las convenciones de que lo que se conoce como una película de terror. Concepto que no comparto ya que termina siendo peyorativo para el mismo género. Una excelente película de genero no desmerece de ninguna manera de otra cinta que pueda estar catalogada dentro de otro género, tal vez ubicado dentro de la Cultura con c mayúscula, más cercano a la academia o lo intelectual. Por el contrario, creo que cuando es algo bien logrado, las películas de genero consiguen otra potencia, profundidad y permanencia en la audiencia. En mi opinión, hay que tener cuidado con este tipo de distinciones, encuentro que pueden llegar a acercarse a otra forma de fascismo, pero dentro de las artes, más en estos tiempos de lo que es considerado políticamente correcto, que termina siendo una forma de censura, atentando contra la creatividad. El buen cine conlleva tomar riesgos, es algo que está más cercano a lo sensorial y la intuición que a lo intelectual.
Se dice que una buena película de horror o terror, si se le extrajeran todas las convenciones del género, que muchas veces pueden ser sobrenaturales, debe aún así funcionar. “El Exorcista”, estrenada en el año 1973, es un gran ejemplo de ello, es probable que si se tratara de hacer en la actualidad, no existiría. Si bien, es conocida como “la película más aterradora de todos los tiempos”, no fue concebida como una cinta de terror por su director William Friedkin (fallecido en el año 2023). Esto no quiere decir que no sea aterradora, porque lo es. Pero como lo han hecho otras obras, trasciende su género, trasciende el cine para convertirse en un fenómeno cultural, lo cual dista de la distinción de “horror elevado”.
“El Exorcista”, es una adaptación del exitoso libro del mismo nombre, publicado en el año 1971, escrito por William Peter Blatty que también escribió el guion. Es de conocimiento público que Blatty se basó en un acontecimiento real para escribir la novela. Mientras estudiaba en la universidad de Georgetown en Washington D. C., se enteró de un caso extraño que fue publicado en un artículo en el Washington Post. Precisamente no muy lejos, a tan solo 15 km de Washington D. C.; un sacerdote de la iglesia católica había liberado a un joven de una posesión demoniaca y las fuentes que utilizaba el articulo eran de la iglesia. Esto tuvo un fuerte impacto en Blatty que era un hombre de fe.
Por otra parte, Friedkin venia de ser condecorado a mejor director y su película “The French Connection” (“Contacto en Francia”), fue escogida como mejor película, entre otros premios, durante los premios Oscar del año 1972. Por esta razón parcialmente, Blatty quería que Friedkin dirigiera la cinta ya que además de su gran momento, era alguien que venía de hacer documentales y era agnóstico. De esta forma le podría dar una visión real a la narrativa, abordando el material precisamente como un documental.
Previamente a que Blatty le entregara el guion, él le había enviado la novela al cineasta, que la leyó en una sola sentada, quedando muy impresionado; ellos se conocían de antes y ambos habían dejado una buena impresión en el otro. Pero tiempo después, cuando el extenso guion llegó, a Friedkin no le gusto en absoluto, pensaba que había muchas partes que sobraban, contenía demasiadas escenas retrospectivas que sobre explicaban y esa no era la historia que él había leído. En este preciso momento es cuando comienza a gestarse esta gran adaptación, de un conflicto entre artistas que se respetan pero con visiones distintas. A veces el conflicto es necesario para que aparezca la creatividad. De algún modo, Blatty era consciente de esto al vincular a Friedkin.
Blatty tenía un enfoque cercano a lo teológico que está plasmado en la novela, en la que si es necesario explicar aspectos de la narrativa a través de escenas retrospectivas. Ya en el caso de hacer la adaptación al cine, Friedkin tenía claro cómo hacerlo, si bien, era un agnóstico, sabía que su aproximación para poder hacer la cinta no podía ser desde la de un escéptico, tenía que estar abierto a las posibilidades, dejar que su intuición lo guiara, contar los hechos en orden y de manera directa, como un creyente. Utilizo influencias del arte, de la pintura para construir las imágenes. Él conto la historia, utilizando todas las herramientas de la imagen como también del sonido y la utilización del dialogo solo cuando fuera necesario, ya después la audiencia sacaría sus propias conclusiones.
La historia radica, en que una niña normal, Regan (interpretada por Linda Blair), empieza a tener cambios en su comportamiento, hablar en idiomas que no habla y jamás había estudiado, hablar en otras voces, la aparición de laceraciones en su piel, tener fuerza sobrehumana, entre otros síntomas; lo que hace que su madre Chris MacNeil (interpretada por Ellen Burstyn) la lleve a que le practiquen todo tipo de estudios neurológicos, psiquiátricos y psicológicos, todos sin ningún resultado. Chris es una actriz que se encuentra rodando una película en Georgetown. Cabe añadir que no son creyentes. Ella se hace cargo de su hija, debido a que es divorciada y el padre de Regan permanece ausente. Debido a que se le han practicado todos los estudios médicos habidos y por haber sin encontrar una causa, a sugerencia de uno de los mismos médicos, decide consultar con un sacerdote y confrontar la idea de que su hija puede estar poseída por un espíritu maligno.
Lo que hace que “El Exorcista”, supere la prueba del tiempo, es que es una obra narrativa notable, es una película que está estructurada de manera precisa como un reloj, posee un arco narrativo desplegado de manera magistral, tal como Friedkin lo pensó, sin saltos en el tiempo, de manera directa cimentado en la realidad. Pero para llevar esta visión a acabo, todo debía funcionar, desde la elección del elenco, del equipo, las decisiones en cámara y en sonido, hasta llegar a lo sobrenatural, por ende, los efectos especiales.
La cinta salvo la escena de apertura en Irak, es contada en orden, sin saltos en el tiempo. Desde esa primera escena, Friedkin establece dos temas cruciales dentro de la historia, el destino y la fe. Esto lo hace de manera muy sutil, con objetos que funcionan como premoniciones de lo que está por venir, en especial la medalla de San José y la cabeza de pazuzu (el demonio que posee a Regan), ambos los encuentra el sacerdote Lankester Merrin (interpretado por Max von Sydow), él los encuentra debajo de la tierra, ya que también es arqueólogo. Esto continua a lo largo de la película, en la siguiente escena, mientras Chris camina por la calle y ve a niños en disfraces y a unas monjas, aspectos que siguen advirtiendo lo que está por venir.
El otro componente importante de la historia que es la fe, se encuentra en gran medida representado en el personaje del sacerdote Damien Karras (interpretado por Jason Miller), es aún joven y se encuentra en una crisis de fe, se siente culpable por no atender los necesarios cuidados de su madre que se encuentra en la tercera edad, por sus obligaciones con la iglesia. Su madre posteriormente muere, haciendo que la culpa crezca, así como las dudas en sus creencias. Damien es el sacerdote que Chris contacta para que le ayude con su hija, pese a su negativa, esto hace parte de su destino, el cual no podrá evadir.
Al pensar en el exorcista, si, uno piensa en lo aterradora que es y es que si cuando llega la escena del exorcismo, no se guarda nada, muestra la transformación de la pureza de una niña a un engendro irreconocible capaz de hacer cosas inmundas e inhumanas. Pero si lo analizamos detenidamente, encontramos que todo esto ha sido contado de manera gradual y construido de forma lenta y precisa lo que produce aún más tensión, hasta finalmente, llegar al exorcismo. En otras palabras, todo se ha fundamentado a una base aferrada a la realidad, a lo racional y a la ciencia para que cuando lleguemos a lo sobrenatural, de algún modo podamos hacer ese salto de fe y más allá de ser creíble o no, sentimos por cada uno de estos personajes que son de carne y hueso, de alguna forma nos recuerda que hay muchas cosas de este mundo que habitamos que no tienen explicación.
Friedkin, al construir esta obra, logra crear y mantener el tono, hasta llegar al momento de clímax que sería el exorcismo. Está estructurada como una bomba que poco a poco lentamente está más cerca de estallar. La premonición y el destino siempre están presentes, respirando en la parte de atrás de nuestro cuello. La medalla de San José que encuentra el padre Merrin en Irak, es la misma medalla que el padre Karras tiene en su pecho y con la que tiene sueños, estos aspectos si son subjetivos, enriquecen la narrativa y además de representar el destino, representan la fe de Karras.
La producción de la cinta está llena de serendipias, utilizar las locaciones reales descritas en el libro para filmar y que como ya mencioné son muy cercanas a donde ocurrieron los hechos reales. Aparecen dos sacerdotes reales como actores en la cinta y a su vez como consultores técnicos. El mismo Jason Miller, había estudiado para ser sacerdote. También, los métodos muy cuestionables y más hoy en día, utilizados por Friedkin, para generar miedo en el set y poder obtener las actuaciones que necesitaba de sus actores. Ya sea disparando un rifle antes de rodar una escena o pegándole un puño a unos de los sacerdotes que actuó para obtener la reacción que necesitaba, métodos repudiables pero indiscutiblemente efectivos que hacen parte de otros tiempos.
Encuentro además el contexto en que transcurre la historia fascinante, recordemos que la razón para que Chris y su hija Regan se encuentren en ese lugar es porque se está rodando una película. Hay una película dentro de otra película, de alguna forma, esto nos recuerda que es ficción y por más real que se quiera representar, nosotros como audiencia nos encontramos seguros, nos encontramos en buenas manos.
En una de las escenas adheridas en la versión que se estrenó en el año 2000. En gran parte a pedido de Blatty y un gesto de gratitud y respeto por parte de Friedkin. En esta escena, los dos sacerdotes, Merrin y Karras, tienen un dialogo, en donde Karras le pregunta: “¿por qué ella? ¿por qué esta niña?” Merrin responde: “Pienso que ese es el punto, hacernos perder la esperanza, hacernos ver a nosotros mismos como feos animales, hacer que rechacemos la posibilidad que Dios nos puede amar”. Uno podría pensar que el punto de la posesión es perder la fe, hacernos ver que hasta una pequeña niña es capaz de hacer todas estas atrocidades, pero tal como pensaba Blatty cuando escribió el libro, “si existe la posibilidad que existan los demonios, también existe la posibilidad que existan los ángeles”. Si existe el diablo también existe Dios. La historia es otra representación de la lucha entre el bien y el mal; cometer el pecado mortal como sacrificio para salvar el alma de una niña.
Hay personas que eligen creer en algo de lo cual no tienen pruebas, no tienen certeza. Sin embargo, saltan al vacío, esa es la fe. Al final del día, debemos aceptar que no sabemos nada, hay muchas cosas que desde el comienzo de la humanidad hasta el día de hoy, no podemos explicar. Como le dijo Hamlet a Horacio:
“There are more things in heaven and earth, Horatio, than are dreamt of in your philosophy”.
“Existen más cosas entre el cielo y la tierra, Horacio, que las que sueñas en tu filosofía”.




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