En esta serie de artículos recorremos la vida de una bailarina y actriz fundamental en la historia del cine egipcio, cuya biografía se encuentra íntimamente ligada al nacimiento y desarrollo de la industria en el país, así como con los acontecimientos políticos, sociales y culturales que transitó Egipto desde su nacimiento en 1919 hasta su muerte en 1999.
A comienzos del siglo XX ante la gran presencia extranjera, Ismailiya, como muchas ciudades egipcias, había acabado por dividirse en dos partes, separadas por la calle Talatin (treinta) denominada de esta forma ya que tenía treinta metros de ancho. Una, poblada por al-afranŷ, los extranjeros; sobre todo franceses, ingleses, griegos y belgas que conformaban una élite en todo el país, exentos de pagar impuestos y de respetar las leyes; y la otra poblada por los árabes; egipcios y emigrantes de la zona del Levante y el Golfo.
En esta época Egipto recibió una gran ola migratoria de estas dos últimas zonas en busca de mejores oportunidades. Entre ellos se encontraba Muhammad Abu l-A‘la al-Naidani Karim, quien nombró a su hija nacida el 22 de febrero de 1919 Badawiyya Muhammad Karim en honor al Sheij Al Saied al-Badawi, uno de los héroes de la resistencia durante las Cruzadas por haber tenido éxito en rescatar a los musulmanes de los campamentos del ejército cristiano.
Muhammad Abu l-A‘la al-Naidani, originario del Golfo, llegó Egipto atravesando el Mar Rojo y el canal de Suez y para instalarse finalmente en Manzala, Ismailiyya. Allí encontró a su séptima esposa, una joven viuda llamada Fátima al-Zahra originaria también del Golfo, que se había establecido en Egipto a orillas del lago Manzala. Badawiyya fue la única hija del matrimonio, ya que muy poco tiempo después de su nacimiento, Muhammad murió, trasladándose su viuda a Damieta con su familia y quedando la niña al cuidado de su abuela paterna.
“…Después de la muerte de mi padre, me sacaron de la escuela y mi hermano un día me rapó y me pegó de tanto que me odiaba” recuerda en una entrevista. El hermano la sacó de la escuela para tenerla de criada en su casa al cuidado de sus cinco hijos y la maltrataba constantemente. Tanto, que llegó a encadenarla a la cama para que no se escapara. Sin embargo, la niña, que no pasaba los 14 años, una noche se escapa a El Cairo con las esperanzas puestas en comenzar una nueva vida.
Badawiyya llegó de Ismailiva a El Cairo en 1931, en el punto más álgido de la crisis económica mundial que comenzara en 1929. Fue directamente a la calle Emad al-Din, en búsqueda de una bailarina que había conocido en su pueblo, Suad Mahasen. Pocos años después se sumó al staff del Casino Badia. Dada su temprana edad, Badia Masabni la adoptó y la bautizó “Tahia”. Badia se esmeraba no sólo en cuidar la imagen y la reputación de sus bailarinas, sino también en la calidad y profesionalidad de las presentaciones. Las bailarinas del Casino Badī‘a tenían que pasar un examen y entrenarse duramente. Tanto ella como los coreógrafos extranjeros que trabajaban en el Casino –como Isaac Dixon, Robie Robinson y Christo- incluyeron nuevos movimientos a la danza oriental, transformándola en una danza de escenario.
En esta época aparece el traje de dos piezas, inspirado en parte por la vestimenta de las bailarinas de los cabarets europeos y la demanda de los clientes. De esta manera lo nuevo y lo viejo, lo local y lo extranjero, se conjugaba pragmáticamente en la figura y el ambiente creado por Masabni, que tampoco era ajeno al ambiente político local.

La joven Tahia posando en el escenario del Casino Badia
El programa -que hasta contó con una matinée exclusivamente para mujeres a partir de 1928- incluía no sólo música y números de danza europea (típicos de cabaret europeo como el can-can) y oriental sino también monólogos y canciones satíricos con crítica política que reivindicaban la reforma política.
Por aquellos años, la música egipcia experimentó una renovación o “egipcianización”, impulsada porSaid Darwish y Muhammad Abdel Wahab, continuada por algunos de los grandes músicos como Farid al-Atrash y Muhammad Fawzi, que comenzaban su carrera en el Casino Badia. No tardó la danza en hacer eco de este movimiento, y fue Tahia la bailarina egipcia, en palabras de Muhammad Abdel Wahab quien “liberó la danza oriental de la influencia de los extranjeros (…) Gracias a ella se formó el carácter de la bailarina egipcia entre un montón de bailarinas extranjeras, turcas y armenias. Sentíamos con esas bailarinas la ausencia de la bailarina íntegramente egipcia. El baile de estas extranjeras era como comer algo soso pero el de ella era sabroso, originalmente egipcio. Su aparición y su éxito era un fenómeno patriótico…los egipcios sufrían la ocupación…la del ejército, el gobierno, el comercio, la economía y hasta la ocupación de la danza… cuando apareció Tahia liberó la danza del dominio de las extranjeras. Los egipcios se alegraron por eso tanto como por el establecimiento del Banco de Egipto como uno de los aspectos de la independencia económica.”
Tahia, desde el escenario del Casino Badia no sólo renovó la danza oriental, “egipcianizándola”, sino que la convirtió en arte en su más íntima y pura expresión. De esta manera, se convirtió en una parte del avance cultural trascendental y un movimiento de reavivación patriótica de las artes se basó en el movimiento liberal independentista de Saad Zaghlul en la revolución de 1919.
Desde la antropología cultural, se ha señalado que una de las características de la danza, relacionada con el lugar social que ocupa en tanto manifestación cultural es que es una de las pocas “manifestaciones culturales (…) no representativas de lo social de forma directa y no-mediatizada. Más bien, la re-presentan en códigos y procesos de significación- el lenguaje de la danza. Más aún, lejos de reflejar el mundo social dado, la danza, y otras manifestaciones culturales participan en la producción de ese mundo.”
Así, se señala como ciertos cambios culturales que ponen en conflicto lo tradicional y lo nuevo generan nuevas manifestaciones artísticas dentro de una cultura, que se actualiza. En donde cambio cultural y artístico se encuentran íntimamente ligados.



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