La ciencia ficción me fascina. En mi infancia solía imaginar que la nave espacial Galáctica, una serie de 1978, me rescataba de la tierra, me llevaba al espacio a vivir en felicidad y para guerrear contra los seres extraterrestres por la justicia. El espacio, esa gran bóveda, llena de planetas, estrellas y sin lugar a dudas con vida inteligente, tecnológicamente superior (siempre). En este gran y oscuro espacio hay miles de civilizaciones que mediante su conocimiento, aparentemente nos pueden salvar, compatir su tecnología para nuestro bien, hacernos vivir eternamente en paz y felicidad. Por otro lado, existen otro tipo de habitantes en el espacio: son malos, crueles, cenan humanos, con caras de reptiles, ojos gigantes o con brazos de pulpo, atacando y esclavizando civilizaciones.

El cine, según mi teoría, ha usado nuestros deseos y temores para reflejarlos en la pantalla grande mediante la forma de los extraterrestres. Un ejemplo excelente de esto es el mundo Ávatar: un mundo colonizado por los humanos, donde se saquean todos de recursos del planeta y cuyos habitantes terminan siendo esclavizados. Seres azules de gran estatura que tienen una relación con la naturaleza extraordinaria, se resisten y logran expulsar a los humanos de su planeta ¿Nos suena conocido? Los seres más peligrosos del universo tal vez seamos nosotros. Ya tenemos práctica en invadir y saquear. ¿Será un deseo encubierto?
Vamos entonces al tema que me interesa realmente desarrollar, nuestros miedos. Para ello tenemos que ir a nuestra infancia. Papá y mamá nos asustaban para que no salgamos de noche porque nos podía pasar algo, o nos dejaban la luz encendida para que no estuviéramos a oscuras mientras dormíamos y no nos atraparan los monstruos que habitaban en la oscuridad. Tal vez por eso, el espacio con su oscuridad y su misterio infinito nos asusta y nos hace pensar en monstruos y seres deformes. Piensen en Alien, el típico bicho en la panza que sale de golpe y salpica todo de sangre. Una saga que se repite y tiene un exito increíble. “Depredador” otro ser espantoso con dientes poco saludables expuestos (para mi necesita un odontólogo u ortodoncista urgente). Nuestro personaje cuenta con tecnología super avanzada pero es completamente salvaje, anda cazando humanos generación tras generación. Tendríamos que pensar que temor tenía el que escribió ese guión, y temor que comparten muchos espectadores supongo. Para mí y obviamente es mi humilde opinión después de mucho meditar, miedo a los dentistas.

La guerra de los mundos, otra película terrorífica. Los pulsos electromagnéticos te penetran en el oído mientras los extraterrestres licuan humanos, obviamente con mucha clase y tecnología, y supongo que no usan cualquier licuadora. Si tenés problemas de oídos muy sensibles no la mires, entre la vibración y los gritos de Dakota quedas más que sordo. Tal vez esta película nos desbloquea el temor a la sordera. Me quedo con la original.

Asi es el espacio exterior representado en el cine. En este caso solo he analizado sus posibles habitantes, que son una muestra chistosa y patética de nuestros miedos, ansiedades y deseos. Veremos que nos deparan las nuevas series y películas del género. Tal vez un nuevo miedo oculto florezca, espero que con mejores dientes y menos gritos.


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