La llegada de Franco Colapinto a la máxima categoría del automovilismo mundial desató una fiebre por el deporte, que desde hace décadas no tenía a un argentino en su grilla. Con el joven pilarense corriendo hasta fin de año con un auto del equipo Williams, el público latinoamericano tiene una nueva oportunidad de sumergirse en el intenso y descarnado mundo de la F1: un universo cerrado sobre sí mismo donde el deporte y el negocio se entrecruzan y donde pasan tantas cosas en la pista como fuera.
Fuera de las numerosas películas documentales o de ficción sobre el Gran Circo (una trilogía posible para acompañar esta nota es la integrada por los documentales biográficos de los tres máximos ídolos de la categoría, Juan Manuel Fangio, Ayrton Senna y Michael Schumacher), tres series contemporáneas muestran aspectos clave para entender en qué punto de la historia de la Fórmula 1 ingresa Colapinto y qué podemos esperar de su experiencia en la élite.

Lucky!, de Manish Pandey (Disney +)
El guionista del excelente film documental Senna (Asif Kapadia, 2010) se mete con el gran depredador de un mundo de peces gordos. Esta serie de ocho episodios es una extensa entrevista a Bernie Ecclestone, quien fuera el mandamás de la Fórmula 1 durante buena parte del siglo XX y parte del XXI, el hombre que convirtió a la categoría en un mero deporte de caballeros y bon vivants en un negocio global y una commoditie del sistema de medios.
Con formato de monólogo frente a cámara con inserts de archivo, Lucky! sirve para entender por qué la Fórmula 1 es algo mucho más grande que el summum del automovilismo. Ecclestone cuenta toda su historia, desde su acercamiento a la categoría a fines de los años cincuenta, cuando todavía primaba el espíritu amateur y la mecánica artesanal, hasta bien entrado este milenio, cuando es un émulo terrestre de la carrera espacial. Primero como agente de pilotos, luego como dueño de un equipo y finalmente como creador y director de la Fórmula 1 como marca comercial, Ecclestone es una figura clave y polémica, cuya personalidad moldeó al espíritu hipercompetitivo y cruel de la F1.

Bernie narra en sentido cronológico su aparición en el mundo de la Fórmula 1 y cómo fue involucrándose en su evolución. Las polémicas son decenas y Bernie las toca a casi todas: su debate histórico con el presidente de la FISA, Jean-Marie Balestre, promotor del modelo del deportivismo francés poco adepto a la comercialización; las innumerables trampas al reglamento de los equipos en búsqueda de innovar en sus autos, las sospechas sobre su enriquecimiento y sus relaciones con los promotores de carreras en lugares exóticos; e incluso las definiciones escandalosas de algunos campeonatos de pilotos, que la serie volvió a despertar (tanto el brasileño Felipe Massa como los familiares del fallecido piloto argentino Carlos Reutemann reclamaron el título de campeones luego de declaraciones de Ecclestone en la serie, donde deja trascender que los torneos de 1982 y 2008 estuvieron viciadas por acciones antideportivas).
Ecclestone se retiró de la categoría a comienzos de la década pasada, acosado por las investigaciones judiciales en torno a sus negocios. Acorralado, se asoció a CVC Capital and Partners en medio de una crisis severa de la categoría. Entre 2016 y 2017, él y sus socios finalmente se desprendieron de la compañía que controla la F1 por 4.6 miles de millones de dólares al conglomerado norteamericano Liberty Media Corporation, que controla desde entonces el negocio.

Fórmula 1: Drive to Survive, de Sophie Todd (Netflix)
Una de las primeras medidas comerciales que tomó Liberty Media Corporation fue crear un departamento de comunicación y medios que actualizara la imagen de la Fórmula 1. El plan de la compañía está en pleno desarrollo, con muchas más carreras en el calendario, una fuerte presencia en redes sociales y una espectacularización del deporte que incluye a los pilotos adentro y afuera de la pista. Cuando están en el auto, la renovada transmisión oficial de la actividad deportiva (desde las pruebas en los días previos hasta la carrera del domingo) incluye una detallada cobertura telemétrica de cada auto, cámaras increíbles (en múltiples puntos de la pista y de los autos, incluso dentro del casco del piloto) y varios puntos de vista (en la plataforma de Disney + puede verse la carrera completa desde la perspectiva de un solo piloto, por ejemplo).
En ese contexto debe entenderse la producción de Fórmula 1: Drive to Survive, que tuvo su primera temporada en 2019 y que continúa cada año desde entonces, estrenándose a cada comienzo de temporada con un repaso en capítulos de la temporada precedente. La serie tiene varios aciertos, a pesar de las limitaciones de trabajar a partir de lo que sucede en las carreras, puesto que, a fin de cuentas, es una serie documental.

El primero y fundamental es que no tiene una mirada romanizada de la competencia deportiva, sino que desde el inicio plantea al espectador la realidad cruel y descarnada que atraviesa a la Fórmula 1: una competitividad despiadada, donde veinte pilotos y diez equipos son capaces de las actitudes más bajas con tal de prevalecer. El título de la serie tiene que ver con eso: más que ganar, se trata de sobrevivir. Formar parte de la élite requiere no solo rendir como deportista o como cerebro de un equipo, sino ser más frío y desalmado que los demás, aunque al final del día sean todos socios en esa compañía de locos que recorren el mundo para correr a casi 300km/h sobre bólidos hechos de fibra de carbono.
El segundo es que la serie no hace un recorrido cronológico de la temporada, sino que cruza historias individuales con la competencia en cada episodio. Eso permite explorar las singularidades de los pilotos y equipos más relegados en la grilla, los menos ganadores, y también sumergirse en la trastienda de las carreras: las negociaciones por los pases de pilotos, por los sponsors y en las vidas personales de los personajes que dominan la categoría. El resultado se ve en las transmisiones de cada domingo: el público se siente más cerca de los protagonistas, conoce sus nombres y su caras a pesar de que nunca hayan ganado o subido al podio, a pesar incluso de que ni siquiera se hayan subido a un auto de F1 en su vida: el mejor ejemplo es el ex director del equipo norteamericano HAAS, el alemán Guenther Steiner, que tras ser reemplazado en su puesto para la actual temporada se integró al equipo de transmisiones oficiales de la categoría como comentarista.

Brawn: The Impossible Formula 1 Story, Daryl Goodrich (Disney +)
El título no miente: la historia del equipo Brawn es realmente increíble. Solo pudo darse en el momento en que se dio, y nunca más. Que haya sucedido es un verdadero milagro en la historia de la Fórmula 1 y de cualquier deporte de élite, y repasarla en forma de serie para descubrir cómo fue posible es una gran idea creativa. La inclusión del actor Keanu Reeves también: sugiere que es una historia que va más allá del deporte y que se roza con la de los héroes y los elegidos, algo que siempre ronda al aura de los personajes exitosos de la F1 y que en este caso es insoslayable.
Brawn: The Impossible Formula 1 Story se toca con Lucky! porque su historia se sitúa en medio de la crisis más grande la F1 moderna. Luego de la crisis financiera de 2008, varios equipos se ven en aprietos. Uno de ellos es el equipo oficial Honda, una escuadra relativamente joven que cuenta con el apoyo de la gigantesca compañía japonesa. Honda tiene una larga trayectoria de éxitos deportivos -el máximo, en sociedad con McLaren y Senna en los ‘80- pero llegada la urgencia de la crisis, decide abortar su programa de competición en Fórmula 1 y no competir en 2009. El desamparo es total para todo el personal del equipo, que incluye al director, el británico Ross Brawn, multicampeón con Ferrari y otras escuadras. Ante la proximidad del comienzo de la temporada, Brawn decide hacerse cargo del equipo y le ofrece a Honda y a la categoría continuar el programa de competición del equipo al menos por las primeras carreras del año, hasta que mejore la situación. Honda le vende el equipo a Brawn por el valor simbólico de una libra esterlina y así comienza la historia.

Lo que sigue es un cuento de hadas del deporte: no sin polémicas (como siempre en la F1), Brawn y los diseñadores japoneses que decidieron quedarse en el equipo desarrollan un auto ganador, que pese a no contar con sponsors ni apoyo de Honda se impone en las primeras carreras. El equipo es casi artesanal: los mecánicos deben hacer múltiples tareas, los que cambian neumáticos son inexpertos, el motor no entra en el auto. Pero aún así tienen dos buenos pilotos, el británico Jenson Button y el brasileño Rubens Barrichello, que llevan a los autos blancos de Brawn GP a la victoria en la primera mitad de la temporada. En un recorrido coral, la serie documenta todo ese proceso y el que sigue: cuando los Brawn comienzan a ganar, las objeciones se multiplican y la temporada 2009 se convierte en una guerra. De repente, a nadie le gusta que un equipo casi amateur, de un reducido grupo de personas como sucedía en los ‘60 y ‘70, le gane a los gigantes Ferrari, McLaren o Red Bull.
Pero pese a todo, Brawn logra mantener la ventaja y llega al final de la temporada como campeón. Es una historia única que no podrá repetirse: Brawn no vuelve a competir en la Fórmula 1 y se retira invicto, porque sus dueños le venden el equipo ganador a Mercedes-Benz. A partir de 2010 comienza otra historia de éxitos, las del equipo oficial Mercedes, que desde las bases de Brawn será multicampeón de equipos y pilotos con Nico Rosberg y, sobre todo, con la máxima figura incluso hasta hoy, Lewis Hamilton.




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