“A Tiger in paradise”: una historia musical para repensar el mundo  

El músico sueco José González -hijo de argentinos exiliados en la dictadura-, muestra en este documental el trasfondo filosófico por detrás de sus canciones.

“Me pregunto si hay algo más difícil para nosotros, los humanos, que cambiar nuestra propia visión del mundo. Ver las cosas de una forma radicalmente nueva. Especialmente cuando va en contra de nuestra propia tribu. Hay un dolor en el cambio personal, en reevaluar tus creencias más profundas, admitiendo tus errores y tu ignorancia. Personalmente, creo que he puesto demasiada fe en pensar que la humanidad aprende de sus errores. Es lo que deseaba, supongo”.

En torno a esa reflexión del músico sueco José González, giran los planteos sociológicos, psicológicos y filosóficos de “A Tiger in Paradise”, un documental en el que plasma su mirada existencial acerca de la vida misma, mientras se pregunta acerca de la importancia de la música como acto de transformación e intenta sobrellevar una situación de estrés y brotes psicóticos, que años atrás lo acorralaron en una espiral de depresión y alucinaciones. Estas reflexiones, se dan mientras muestra retazos de la vida cotidiana con su familia en un encantador entorno agreste y trabaja componiendo o en giras para presentar sus canciones con más preguntas que respuestas.

“Pretendiendo entender los enigmas del universo”, se propone en “El invento”, una de las canciones de “Local Valley”, su cuarto álbum de estudio. El álbum que está empezando a componer mientras se rodó el documental, donde reflexiona en cuanto al espíritu de su poesía. “Se siente como la continuación natural de lo que suelo componer. Textos sobre nuestro lugar en el cosmos. Sobre quiénes somos, hacia dónde vamos. Una mezcla de lo ingenuo y lo pretencioso”, explica garabateando cuadernos e improvisando acordes.

No es tarea sencilla la de contar la vida de un músico por fuera del formato de biopic. Incluso desde ese plan, muchos han naufragado en el intento. Los artistas suelen tener personalidades muy fuertes, muy particulares, que en la piel de cualquier otro que no sean ellos mismos se pueden ver como copias de segunda mano que los fanáticos de la banda no toleran. Está claro que no siempre es así, hay muy buenas películas sobre estrellas de rock como “Bohemian Rhapsody” (Freddie Mercury), “Sid & Nancy” (Sex Pistols), “The Doors”, “Rocketman” (Elton John), “I’m Not There” (Bob Dylan) o Walk The Line (Johnny Cash). La clave de las biopics está en encontrar ese fragmento de vida del artista donde hay una historia sólida para contar. El formato documental es más difícil de lograr aún. La cotidianeidad del artista con sus fans, las giras, los ensayos, se vuelven un asunto monótono cuando no hay una idea profunda de fondo. Y acá es donde “A Tiger in Paradise” encuentra su clave.

Vale la pena aclarar que se trata de una ficción documental, ya que varias de las secuencias de entre casa en las que se enmarcan los pensamientos de José González fueron ficcionalizadas por el director sueco Mikel Cee Karlsson (editor en “El triángulo de la tristeza” y director de “La extraordinaria vida ordinaria de José González”, su primer documental sobre el músico), y de esta forma logra romper la lógica clásica del género con situaciones surrealistas, loops de imágenes y animaciones. Cualquier recurso es válido para poner por delante las ideas que el músico se propone transmitir.

En algún sentido, forma parte del legado de ser hijo de argentinos exiliados en 1976. "Mi papá es de Mendoza, mi mamá de Buena Esperanza, San Luis. Estaban estudiando durante el Golpe y se fueron. Mi papá estaba en la Juventud Peronista, y el sólo hecho de ser jóvenes era peligroso. Eran perseguidos y se fueron. Primero fue Río de Janeiro y luego Suecia, donde nací yo", me contaba algunos años atrás en una entrevista con respecto a la llegada de su familia a Gotemburgo. En aquella conversación, el tema de la religión que sobrevuela el documental, ya estaba presente. “Para mí las religiones son inventos de los seres humanos. No todos sienten lo mismo y eso lo hace interesante. Puede ser que hayan tenido una función durante otra época, con el padre diciéndole a su hijo que va a ir al infierno si no se come la comida, o de sociedades sin el poder de la policía o la justicia. Creo que ya no necesitamos más ese invento. No creo en eso, creo en las historias que formamos”.

En este caso, la narración de su propia historia comienza con una revelación poderosa. Años atrás, a partir de una situación de estrés e insomnio, el músico atravesó una serie de brotes psicóticos donde experimentaba miedos y ansiedades que sólo él veía. Las gaviotas volando en su ventana podían ser drones espías, la luz de la alarma de incendios un indicador que le decía qué debía hacer, la forma en que las personas actuaban o se vestían eran mensajes encubiertos para él. No es el eje del planteo, pero sí un disparador para dar a luz algunas preguntas que nos caben a todos por igual en tiempos de infodemia: “Cuestionarnos acerca de qué es real y qué es ficción, tanto a nivel personal como colectivo. Los ataques son el pie para hablar de temas como la inteligencia artificial, el invierno nuclear, y otros que nombro en el documental. No es solo identificar los grandes problemas del mundo y quedarnos paralizados, sino tratar también de buscar las soluciones. Buscar en la ciencia, la evidencia y las personas”, explica González, que antes de dedicarse de lleno a la música estudió bioquímica.

Entre las principales preguntas que José González se hace como artista, está la de qué tan poderoso o insignificante será el efecto de sus canciones sobre el pensamiento global, algo que cada uno de nosotros podría trasladar a su propia vida para analizar el efecto que tenemos en el mundo. Para eso hace una metáfora con las “micromuertes”, una unidad de medida creada por el ingeniero Ronald A. Howard​, que analiza el riesgo de muerte que cada actividad puede llegar a tener en una escala de uno a un millón. Desde saltar en paracaídas hasta levantarse de la cama. A partir de ahí llega a la conclusión de que las situaciones que mayor riesgo provocan a la humanidad no llegan en forma de terremotos, meteoritos o invasiones alienígenas, sino aquellas provocadas por la acción del hombre.

Una de las fuentes de inspiración que José González y el director Mikel Cee Karlsson tomaron para armar la estructura de “A Tiger in Paradise”, fue “20,000 Días en la Tierra” (Ian Forsyth y Jane Pollard, 2014), otra docuficción protagonizada y coescrita por el músico Nick Cave, donde podemos verlo reflexionando en torno al arte y la vida. Otra fuente de inspiración han sido las lecturas que inspiran o guían sus pensamientos. “Un libro relevante para la película es ‘The Precipice', del filósofo Toby Ord, que entrevistó a expertos en los grandes problemas que vivimos en el mundo e investigó qué podemos hacer para enfrentarlos, desde la pandemia hasta el calentamiento global. También ‘Un solo mundo: La ética de la globalización’, de Peter Singer, otro filósofo, que escribe sobre la ética aplicada al comercio internacional y la ayuda humanitaria, o ‘Moral minds’, del psicólogo Marc D. Hauser, acerca cómo la gente tiene juicios totalmente establecidos para dilemas morales como la eutanasia o el aborto, impidiendo así el diálogo”.

En una era en la que los memes, los videos de gatitos y los mensajes de odio conviven livianamente en nuestras redes sociales formando una masa de pensamiento global tan contaminada de intereses como nuestros ríos, José González ubica al pensamiento como una herramienta fundamental para la transformación de la humanidad hacia un destino de mayor armonía. Combinar estos planteos filosóficos con la belleza de sus canciones, sus miedos personales y existenciales, sus luces y sus sombras, sus preguntas que no siempre encuentran respuesta, y su propia historia familiar, ha sido un gran acierto.

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