Sex and the City es una serie estrenada en 1998 —razón por la que fue tan controversial el que hablara de sexo, lo que causó su éxito— que se centra en 4 mujeres en sus treintas que viven en la, nada más ni nada menos, ciudad de Nueva York. Carrie, Samantha, Charlotte y Miranda exploran sus cuerpos, hacen tesis acerca del amor romántico y buscan tomar las riendas de sus vidas, para encontrarse cada una donde más lo desea, mientras que recorren Manhattan, un personaje más en la serie norteamericana.
(Personalmente creo que, en cuanto a personalidades e ideologías, por un lado se encuentran Miranda y Samantha; y por otro, Charlotte y Carrie, a pesar de sus diferencias).
Mientras que Charlotte York (Kristin Davis) es una mujer perfecta, romántica, amante del amor y de estar enamorada, Samantha Jones (Kim Cattrall) es su antítesis. Ambas son la cara de dos monedas totalmente distintas, puesto a que a diferencia de la primera, Samantha es reacia a enamorarse de otra persona que no sea sí misma y encuentra a los hombres como simples objetos de deseo y fuente de placer.
Por otro lado, se encuentran Miranda Hobbes (Cynthia Nixon) y Carrie Bradshaw (Sarah Jessica Parker) que tienen maneras sumamente opuestas de ver la vida. Al mismo tiempo en que Miranda es una workaholic dispuesta a que le den su propio espacio como mujer en una época tan machista en el ámbito del derecho, a Carrie apenas la vemos escribir en algunos capítulos. La pelirroja es recta, fría y calculadora —razón por la que creo que es la que le resulta más indiferente al público—, la rubia, en cambio, está despojada de toda organización, es espontánea y —un poco— ensimismada.
Si bien el público no está dividido a la hora de juzgar a las chicas, porque Charlotte y Samantha son las más amadas, Miranda es meh y Carrie es sumamente odiada, como persona que ha visto la serie 4 veces opino distinto.

Ellas: iconos de la moda y de cómo vivir la vida.
A 26 años de su estreno, el mundo sigue hablando de las chicas de Sex and the City, sobre todo luego de que una plataforma tan mainstream como Netflix la agregara a su catálogo, acercándola a personas de la generación Z que jamás habían tenido interés en verla por ser de los noventa. Pero, más allá de eso, la realidad es que SATC da de qué hablar, puesto a que toca temas que no envejecen y que aún son vigentes en nuestra sociedad: sexo, amor, amistad, trabajo. Sin olvidar, por supuesto, que además las personas aman hablar de las decisiones personales de otras.
El primer capítulo tiene un formato algo distinto, que creo que los productores no se animaron a repetir en el resto, pero que me resultó muy interesante. Carrie Bradshaw, periodista, entrevista a varios hombres y mujeres con respecto a la misma cuestión: ¿Las mujeres pueden tener sexo de la misma manera que los hombres? Allí, entre todos los encuestados, nos presentan a sus tres mejores amigas, Miranda, Samantha y Charlotte, y ya en los primeros cinco minutos del episodio nos delimitan la personalidad de cada una.
Por un lado está Samantha, una de las publicistas más exitosas de toda Manhattan, ultraliberal en su vida personal, amorosa y, por sobre todo, sexual. No teme decir ni hacer lo que piensa, no pide perdón ni permiso, y es muy clara al mostrar que siempre busca estar lejos toda atadura, por lo que su única relación estable es la que tiene con sus amigas —a pesar de que los guionistas hayan ignorado esta parte en And Just Like That…—. Esto la convierte en, tal vez, el personaje más carismático de toda la serie. La amas o la odias.
Debo admitir que la primera vez que vi la serie, cuando tenía diecisiete, no encontré aquella fascinación que todos compartían con Samantha. Sentía que nunca se interesaba por comprender a sus amigas o a la gente de a su alrededor, y que no le importaba herir susceptibilidades. Hoy, cuatro años después, me encuentro del otro lado de la mecha: Samantha sabe lo que vale, defiende a sus amigas a pesar de que muchas veces estén en lo incorrecto —como cuando defiende a Charlotte ante la zorra que le robó el nombre de su futuro hijo—, y disfruta de ser una mujer independiente que disfruta de su cuerpo y ve a los hombres como simples objetos de placer.
Creo que Miranda encuentra en ella un punto en común: ser dos workaholic con pisada fuerte y sin miedo a decir lo que piensan. La pelirroja, que es la que le resulta más indiferente al público —tema para hablar más adelante—, ama su vida tal y como es: es una abogada exitosa a la que le cuesta tomar decisiones distintas, vestir diferente y actuar en contra de sus principios preestablecidos. Reticente a experimentar el amor de pareja y profundamente crítica a la hora de aconsejar y escuchar a sus amigas al hablar de hombres y de sexo, la abogada luchará en contra de esa negación para lograr abrirse a los hombres —y más tarde a las mujeres—.
Quiero destacar que existe un libro muy interesante: Todas deberíamos ser Miranda (L. Garroni y C. Fairless), que gira en torno a la negación de muchas mujeres de ser la Miranda del grupo, lo que es irónico porque es la más feminista de todas (si es que existen grados de feminismo), debido a que lucha una y otra vez en contra de los estereotipos de género, con los que no se siente “representada”. A Miranda no le importa ser femenina o ser lo que debería ser. Cuando Magda, la empleada que trabaja en su casa, se dispone a deshacerse de los juguetes sexuales de la pelirroja y a hacer de su casa un lugar más “chic”, Miranda no teme en oponerse y demostrar que no le avergüenza quién es.
Por su parte Charlotte es una persona que, al mismo tiempo en que está enamorada de la vida, reniega de la propia. Desea mucho más de lo que tiene, por lo que a pesar de tener una galería de arte propia, una gran posición económica y una personalidad hermosa, su sueño es encontrar a alguien para formar una familia, lo que la llevará a vivir algunas de sus mayores aventuras románticas. Si bien es recta y se opone a las maneras de vivir la sexualidad del resto de las chicas, es irónicamente quien más disfruta y experimenta con el sexo.
Charlotte se valora a sí misma y no gasta su tiempo en ver a otras mujeres como competencia, no porque ella valga más que el resto, sino porque todas valen. Destaco esto porque, aunque las personas quieran instalar esto también con respecto a Samantha, creo que las otras tres compiten mucho con otras mujeres: las critican cuando eligen tipos de vida distintos a los de ellas, cuando salen con ex suyos —del triángulo amoroso entre Natasha, Mr. Big y Carrie hablaré en otro momento—, y cuando, en resumen, no son parte de su grupo de amigas. Charlotte no se suma a eso, no rebaja a nadie y, de hecho, invierte su tiempo ayudando al resto.
Por otro lado, Carrie es para mí una mezcla de todas. De Charlotte tiene lo enamoradiza, de Miranda lo crítica y de Samantha lo orgullosa. Es el punto de unión entre amigas y la que más tiene relación con cada una de ellas por separado, aunque creo que Mirada es con la que más unida está porque ella es su balde de agua fría. La periodista vive en su mundo, peca de egoísta —como cuando envía a Aidan a socorrer a Miranda que se cayó, en vez de ir ella— y comete muchos errores amorosos, sin embargo no deja de ser una de las mejores protagonistas en la historia de las series.
A Carrie no le interesa ser perfecta ni corregir aquellos defectos que le molestan al resto, que en la vida real me molestaría pero que aquí me hace quererla aún más. Ella es a mess, un desastre, y lo asume. No hay nada más importante en su vida que ella misma, la moda y los cosmopolitan. Es divertida, espontánea y despojada de toda estructura. A pesar del odio del que es receptora, todas somos un poco Carrie.
Las cuatro se merecen entre sí. Son quien son porque se tienen una a la otra y cada una cumple un rol en la serie, y en sus amistades.
Revolucionarias en épocas sin feminismo.
En los 90's SATC fue una revolución: habló por primera vez del sexo desde la perspectiva femenina. Lo hizo de la forma en que hay que hacer las cosas cuando va en contra de los esquemas preestablecidos, es decir: sin vergüenza y al desnudo. Mostró cuerpos femeninos y masculinos desnudos; a excepción de Sarah Jessica Parker, el resto de las actrices aparecieron como Dios las trajo al mundo ante las cámaras; hablaron del placer femenino, trataron a los hombres como objetos sexuales y cuestionaron el amor romántico que las chick flicks replicaban. Sex and the City fue, y sigue siendo, la serie predeterminada para las mujeres. Nada mejor que ver mujeres despojadas del estigma que la sociedad les ha impuesto.
Sobreviviente de la cancelación.
Este año la serie de HBO fue subida a la plataforma de Netflix y, así, la juventud accedió a ella indiscriminadamente, por lo que SATC no pudo escapar de los intentos de cancelación de un público que no sabe consumir contenido de épocas anteriores sin un ojo de época.
Si bien entiendo que es necesario revisar producciones y discursos anteriores para no repetirlos, Sex and the City fue revolucionaria y antisistema en su época, y creo que aún hoy, donde muchísimos estigmas alrededor del sexo siguen existiendo, lo sigue siendo. No pretendió tampoco ser un discurso feminista, las protagonistas también eran prejuiciosas—como cuando Samantha sale con una mujer— lo que aplaudo porque me aburren las Mary Sue, cliché basado en las protagonistas que son perfectas y hacen todo bien.
Vos, ¿con cuál de las chicas te sentís representada?



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