Polifónicas retrospectivas: Silencio en la ribera (Igor Galuk, 2022) 

A continuación, una ferviente recomendación de cine regional: una película sobre cómo abordar estéticamente a un territorio que esconde luces y sombras del pasado, pero que aún pervive en un tiempo histórico extrañado, un remanso natural que fuerza inevitablemente a la reflexión. Igor Galuk filma la Isla Paulino del delta de Río Santiago, cerca de Berisso, y eyecta retrospectivas inextinguibles…

Se puede ver en BAFILMA: https://bafilma.gba.gob.ar/

Crisis


Una película reciente que habilita resonancias político-poéticas tendiendo puentes al pasado histórico sin reposar en un registro nostalgioso o estrictamente expositivo. El cineasta, graduado de la carrera de cine de la Facultad de Artes (UNLP), recupera la última crónica* publicada en vida por el escritor Haroldo Conti (editada por Revista Crisis en abril de 1976), pocas semanas antes de ser desaparecido en el marco del último gobierno de facto que azotó a la Argentina entre 1976 y 1983. La motivación de esta última incursión ensayística de Conti giraba en torno a su expedición a la espectral y fantasmosa Isla Paulino de Berisso, a la vida de sus solitarios habitantes (trabajadores, hombres del río, de la pesca y del cultivo), la ”puta creciente” del 40 que arrasó con buena parte de esos paisajes pantanosos y absorbentes... Son estos los detonantes que empujan a Conti a declarar, a menos de un mes de su desaparición forzada, que “la isla no desapareció. El que me desaparecí fui yo”.

Precisamente, con esa cita abre su película Galuk, no sin tejer otra relación crucial: la remisión a un cortometraje (tesis de grado trunca de la vieja carrera de Cine de La Plata) dirigido por Roberto Cuervo (Retrato humano de un escritor, 1975) que, por supuesto, aborda con respeto y sensibilidad a la figura de Conti y sus exilios en el delta, cuyos matices, sonidos y vegetación nos reenvían de lleno a la fantasmática isla berissense. Tiempo después, Andŕes Cuervo (hijo de Roberto), desempolva esos retazos de celuloide vencido y clandestino para recomponer y celebrar tanto la memoria de su padre (también fallecido en los 70, en un trágico accidente) como la del propio Conti.

Hombres del río

La síntesis expresiva de estos materiales, provenientes de diferentes tramas y soportes semióticos, confluyen (y encuentran su justo lugar) en la mirada aguda y sensible de Igor Galuk, que revisita la isla desde una perspectiva actualizada, por momentos contemplativa que, no obstante, evita el registro en clave de transparencia indicial cristalina y directa: se denota un minucioso trabajo desde la composición plástica de la imagen, los encuadres y, principalmente, las conexiones que va tramando el montaje, que articula los ecos de un pasado protagonizado por un Conti todavía risueño con otros extractos audiovisuales. Por si fuera poco, también incluye pasajes de otra pieza fílmica invaluable de la vieja carrera de Cinematografía: Hombres del río (1965), cortometraje documental dirigido por Diego Eijo, acerca del arduo y rutinario trabajo de la comunidad pesquera de Punta Lara.

Igor consigue amalgamar todas estas (con)texturas temporo-espaciales cuidándose de no desplegar un estallido de caóticos anacronismos cruzados: hay cierta ilación estético-narrativa que contribuye a situar, historizar, vindicar, potenciar y, sobre todo, a restituir y nombrar un territorio cargado de signos que es mucho más que una geografía extraviada en el mapa, invisible a los ojos virtuales y globalizantes de Google Maps. Matizado por los acordes agridulces de unas guitarras, extraídas también de parte de los cortometrajes recuperados, este ensayo documental nos permite adentrarnos en los surcos tácitos pero indelebles de una memoria que -sabemos bien, y acaso estas películas existen para constatarlo- no existe sino en tanto materialidad, en tanto enunciación formal compuesta por polifonías desterradas que van desde los miedos y ambiciones de un escritor revolucionario que osó rechazar la beca Guggenheim, hasta las miradas a cámara de habitadores isleños que se preparan para inmiscuirse entre los verdes juncos.

Fangosa y fantasmosa

Es precisamente esa convivencia de múltiples voces (y miradas) la que permite a Silencio en la ribera desplazarse de la estética del mero retrato documental (ya sea un retrato humano como de un paraje natural) hacia una mucho más audaz estética de la pregunta y de la suspensión: a esas porciones de realidad se las carga de interrogantes, mas no de afirmaciones llanas y enceguecidas. Este parece ser un claro ejemplo de un tipo de abordaje en donde la mixtura de voces y micro-acontecimientos sensibles permiten expandir los horizontes del sentido en pos de una densificación de las aguas de esos márgenes liminales, fangosos y neblinosos, que nos llevan a querer soltar amarras y embarcar, naufragar... hasta toparnos con el aura espectral del mismísimo Haroldo Conti, avizorando a esos hombres empeñados y sacrificados, inmortales trabajadores de una tierra condenada que, bajo los términos del propio autor-aventurero:

“está ahí, fantasmosa, pero entre sus árboles viven hombres de carne y hueso que esperan a pesar de todo esas ligeras amarras que la salven de irse a pique para siempre…”

Y completa, el propio autor, en esa fatal crónica de Revista Crisis:

“Yo mismo mientras recruzo el río no pierdo la esperanza porque, vaya vulgaridad, todavía creo en el hombre y creo en este país y me juro sobre el tembloroso Ford A que empuja nuestra frágil madera que volveré un día a echar la meada inaugural en el baño público de la invicta y soñadora isla Paulino”.

- Tristezas del vino de la costa (o la parva muerte de la isla Paulino):
https://revistacrisis.com.ar/notas/tristezas-del-vino-de-la-costa-o-la-parva-muerte-de-la-isla-paulino

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