Como bien sabemos, o no saben ustedes, o no sabían hasta ahora, el año cero no existe en nuestro calendario, ni cuando era juliano ni después cuando fue gregoriano. Esto significa que la primera década después de Cristo no se cuenta desde el año cero al año nueve sino que va del año uno al año diez inclusive. La siguiente década, entonces, comenzó en el año once, el primer día del año once. De esta manera, es claro que podemos avanzar un montón de años y notar que el año 1990, en realidad, fue el último año de la década de los ochenta -que empezó el 1 de enero de 1981- y no el primero de la última década del siglo XX y del segundo milenio, que terminaron en realidad cuando terminó el año 2000 y no cuando este comenzó, pero andá a decirle esto a los que habían comprado muchos fuegos artificiales para despedir el 1999.
Así las cosas y a pesar de saber esto de que no existió el año cero, todos alegremente -o tristemente, porque hay que dar la opción- decimos “los noventa” y ahí metemos las películas del año 1990, tal vez porque hemos abandonado la precisión en aras de la simpleza. Lo antedicho podría haber sido proferido por el Gremlin inteligente (conocido como Brain Gremlin en inglés) en Gremlins 2, de Joe Dante una de las películas fundamentales de… ¿qué década? La película es de 1990, y se estrenó a mitad de año. Claro, además, la película fue rodada en 1989, porque esto del cine no es, o no era, soplar y hacer botellas, si es que alguien entiende el dicho. Podríamos decir entonces que Gremlins 2 es el cierre de la década de los ochenta y el principio de la de los noventa para el cine de Joe Dante, por más que sepamos que 1990 en realidad y con todo derecho, es parte de la década de los ochenta.
Pero volvamos al Gremlin inteligente, el que tiene uno de los grandes momentos del cine de… y para no caer otra vez en este asunto de las décadas digamos -merecidamente- que el Gremlin inteligente es el protagonista de uno de los grandes momentos del cine del último cuarto del siglo XX. Sí, seguro que ya vieron ese momento, y si no lo vieron deberían dejar de leer inmediatamente este artículo y correr a ver Gremlins 2. Bah, decíamos eso de “correr a ver” cuando las películas se veían mayormente en el cine, o -sobre todo en los tiempos de Gremlins 2- cuando uno podía ir corriendo al videoclub a alquilar las películas. O, los más previsores y con menos ganas de correr, llamar antes por teléfono -con cables y sin pantalla- para saber si la película que se buscaba estaba o no disponible. Cuesta imaginar hoy en día que un estreno en plataformas pudiera no estar disponible porque mucha gente lo está viendo en el mismo momento, pero así eran las cosas cuando Gremlins 2 (sí sí, es Gremlins 2 - La nueva generación) salió en VHS. Uno de los grandes chistes de Gremlins 2 era un chiste interactivo, antes de que se hablara de cine interactivo, claro, porque a Joe Dante sí que le calza bien el término visionario, que se usa con demasiada frecuencia y liviandad en trailers (“from visionary director…”). Este chiste de cine interactivo consistía en… y después cuando la película salió en VHS en… y la película, como los propios Gremlins, podía mutar para mantener la lógica, o la falta de lógica, o una nueva lógica. Y claro que no vamos a contar de qué se trata el chiste interactivo que nos hizo protestar airadamente en un cine de Lavalle que después (junto al cine que estaba al lado) fue un bingo gigante y ahora es una especie de galería comercial (con perdón de las galerías comerciales). No vamos a contar ese chiste, o mejor decir no voy, porque acá estoy solo. En realidad estoy acompañado por tres muñecos de los Gremlins de diferentes materiales (uno de plástico, uno de goma, uno de peluche). Así que sí, podría escribir en la primera persona del plural: no vamos a entrar en más detalles de ese chiste, que ponía en abismo no solamente la materialidad del soporte (bueno bueno, Brain Gremlin) sino que además aportaba una de las mejores formas de poner al cine dentro del cine dentro del cine dentro del cine, en una pirueta de ideas y talento para ejecutarlas que abundaban y campeaban no solamente en ese momento sino en toda esta película, en esta arma fílmica cargada de apetito por la destrucción y poesía para la corrosión. Gremlins 2 es tan pero tan pero tan genial que sí, seguramente necesitó energía creativa ya probada de la década de los ochenta y probablemente pidió un crédito a los noventa, un adelanto de lo mejor que estaba por venir. Gremlins 2 está en el podio de las mejores secuelas de la segunda mitad del siglo XX, y en realidad antes de 1950 casi no había secuelas, así que podríamos decir de todo el siglo XX y dejar de fragmentar el siglo, por lo menos en esta ocasión, en esta oración. Gremlins 2 es película aluvional, bochinchera y nunca confusa, en la que pasa generosamente de todo y pasan chistes por el costado como un Gremlin montado en un animal, con Christopher Lee que enseguida llega abrumado por los bichos estos y habla citando su propia historia del cine, o en el cine. Gremlins 2 se permite la felicidad de romper todo lo que hay para romper en una torre comercial gigante, mientras cita y cita y cita cine, porque esta película propone ser una fiesta de monstruos diversos para espectadores monstruos que, si conocen más cine y más televisión, son recompensados con mayor comprensión de todo lo mucho que sucede. Gremlins 2 nos convoca a ver monstruos usando una juguetería para la destrucción y usando todo lo demás para romperlo con fruición y diversión, mientras seguramente uno de los Gremlins más dementes nos mira y nos pregunta si teníamos roto de antes tal o cual juguete que acaba de hacer añicos. Bueno, no todos los Gremlins pueden preguntar porque el habla es un milagro -o una pesadilla alquímica- que sucede con este Gremlin en particular que es quien nos obligó -o me obligó- a escribir esos asuntos acerca de cuándo termina una década y cuando comienza otra. Este Gremlin -y podría escribir gremlin en minúscula pero mejor no- intelectual que fuma en pipa, usa anteojos y viste saco con polera explica a su entrevistador qué es lo que quieren los Gremlins, y resulta que quieren -o este sujeto dice que quieren- civilización. (Y cómo dice y repite civilaizeishion es más corrosivo y gracioso que toda Triángulo de la tristeza). Y la civilización incluye música de cámara, Susan Sontag, tradición y diplomacia, dice el gremlin, o el Gremlin. Mientras está hablando el de anteojos, un gremlin alejado de cualquier idea de inteligencia viene a molestarlo, a interrumpirlo, a hacer ruidos sin sentido. Y ahí viene uno de esos momentos que cuando apenas queden restos, ruinas de los años, de las décadas, de los siglos y los milenios deberían estar preservados para que el último hombre sobre la tierra, o la última mujer o el último gremlin o Gremlin, pueda verlo una y otra vez mientras piensa qué grande era el cine, o qué grande era el cine que hizo Joe Dante, o qué grande era el cine que hizo Joe Dante en los noventa, o en los ochenta.



¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.