Beetlejuice (1988) es un clásico de Tim Burton quien en su segundo largometraje logró definir su estética y temas centrales que serían parte de su registro autoral en el futuro. La película es una comedia de terror que trata el tema de la muerte y los fantasmas con un tono muy particular y liviano lo cual la hace muy entretenida.
En el plano inicial de Beetlejuice la cámara hace un travelling cenital del pueblo de campo en el que acontece la película, mientras la cámara se mueve va mostrando las casas y disposición del pueblo, luego nos damos cuenta de que lo que estamos viendo es una maqueta porque aparece una tarántula en una casa y Adam (Alec Baldwin) la saca con su mano. Allí entramos al mundo real, el de los vivos por fuera de la maqueta. Adam vive con su esposa Barbara (Geena Davis), son una pareja que están en la etapa del enamoramiento quienes están decorando la casa para que sea la casa de sus sueños. Salen a comprar algo en la ferreteria en auto y a la vuelta el auto cae al agua al esquivar a un perrito, en el plano siguiente ellos aparecen dentro de la casa mojados, eventualmente se darán cuenta que murieron y que no pueden salir de la casa, cuando lo intentan entran a otro mundo paralelo terrorífico lleno de imágenes absurdas y surrealistas. También encuentran un libro titulado “Manual para difuntos recientes” en el que encuentran algunas respuestas, entre ellas que al dibujar una puerta pueden ir al mundo administrativo de la muerte con salas de espera con personas muertas y asistentes sociales que atienden su caso.

El conflicto surge cuando la casa de Barbara y Adam se vende y llegan los nuevos inquilinos, un matrimonio conformado por Delia (Catherine O'Hara) y Charles (Jeffrey Jones) de gran poder adquisitivo de New York que tienen una hija adolescente, Lydia (Winona Ryder), a la que no le prestan mucha atención ni le dan contención. La nueva familia quiere redecorar la casa completamente y Barbara y Adam intentarán ahuyentarlos aprendiendo a ser fantasmas que asustan a las personas. Sin embargo, no lo logran e, incluso, Lydia los puede ver ya que tiene una conexión especial con ellos por considerarse extraña e inusual. Barbara y Adam deciden llamar a Beetlejuice (Michael Keaton), un fantasma “bioexorcista” independiente que espanta a los seres vivos con métodos dudosos, es un personaje bastante desagradable y pervertido que acosa a Barbara y luego a Lydia. A pesar de que Barbara y Adam no vuelven a llamarlo, Beetlejuice queda residiendo en la maqueta disponible para que alguien vuelva a llamarlo.
Maqueta y mundos paralelos
El objeto maqueta tiene un rol importante en la película y no en vano se la presenta en el plano inicial, a través de la maqueta se plantea la noción de mundos paralelos. Existe el mundo de los vivos, el mundo de los muertos fantasmas dentro del mundo de los vivos en el que se encuentran Barbara y Adam junto con la familia viva, el mundo de los muertos administrativo, el mundo de los mundos simil limbo cuando Barbara y Adam intentan salir de la casa y está la maqueta que es una representación del mundo de los vivos, pero sin embargo allí también habita Beetlejuice luego de ser llamado la primera vez. Lydia funciona como un portal que conecta el mundo de los vivos y muertos. En la maqueta, Adam construye una reproducción minuciosa del pueblo cuando estaba vivo y hay una intención de tener control, una mirada general y superior como si fuera Dios. Irónicamente, cuando va a la ferretería a comprar un elemento para la maqueta, es cuando muere fortuitamente y su rol de Dios del pueblo de la maqueta deja de existir para pasar a ser no un simple mortal, sino un simple fantasma con una espera de 125 años en un mundo entre los vivos y muertos.

El humor y la estética
El humor de Beetlejuice se da por una combinación entre el guión y las actuaciones. La escena de Delia cantando la canción “Day-O (The Banana Boat Song)” de Harry Belafonte y bailando junto con el resto de sus invitados en una cena es un momento que pasó a ser de los más conocidos de la película por la actuación de ella, por la interpretación del canto sincronizado y por los movimientos de su cuerpo como si alguien la estuviera moviendo de forma invisible, que es efectivamente lo que está sucediendo ya que Adam y Barbara arman ese plan para asustarlos y echarlos de la casa. Sin embargo, los vivos no se asustan, sino que quieren conocerlos y piensan formas de lucrar con la atracción de tener fantasmas en la casa. Algo que caracteriza al film y que lo hace casi único es que pasan situaciones que podrían ser trágicas o tristes, pero se las muestra de forma absurda, intrigante o liviana.

Los efectos con stop motion y en general, las líneas torcidas que remiten al cine expresionista alemán y, en particular a la película El Gabinete del Doctor Caligari (1920), la actuación exagerada de Michael Keaton, la dirección de arte y la imaginación para crear mundos, caras, personas, pensar cómo se ve el más allá y lo descabellado que puede llegar a ser son fundamentales para darle identidad a esta película y que perdure su recuerdo por tantos años hasta el día de hoy que está en salas comerciales la secuela Beetlejuice Beetlejuice (2024).


Cada elemento presente en cada plano está pensado para generar un mundo particular, el de la narrativa de Beetlejuice. También la música imponente y orquestal de Danny Elfman colabora a crear la fantasía y estos mundos surreales.
La sala de espera
Una de todas las formas en las que se muestra a la muerte en el film es la del espacio de una sala de espera con varios personajes con muertes diversas esperando con la ropa y aspecto que tenían cuando murieron.

La sala de espera puede durar mucho tiempo y las personas que atienden el lugar representan espacios similares a los de oficinas burocráticas de los vivos, con pasillos largos y puertas por todos lados. Las personas que trabajan en ese lugar no tienen ganas de estar allí, hacen todo desganados y dan pocas explicaciones sobre los trámites.

Beetlejuice plantea un mundo fascinante entre la vida y la muerte y el momento entremedio de los fantasmas, es una película bastante singular y con mucha imaginación que queda en recuerdo del espectador por no haber otra parecida. Las siguientes películas de Tim Burton mantienen una estética y mundos imaginarios similares en donde tuvo la oportunidad de explorar su sello autoral y exponenciarlo en films como Edward Scissorhands (1990), Big Fish (2003) y Charlie and the Chocolate Factory (2005).



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