"Arcadian": Érase una vez dos hermanos 

Nicolas Cage es un género en si mismo. O eso es lo que mucha gente dice después de que el actor lleve varios años caracterizándose por protagonizar desde dudosos subproductos hasta películas de culto. El ganador de un Oscar por “Leaving Las Vegas”, lleva más de una década (y de casi de dos) formando parte de todos los proyectos que podía, independientemente de la calidad cinematográfica que estos tuviesen. Parece ser, que su excéntrico modo de vida le obligaba a ello, y necesitaba recaudar todo lo que pudiese para poder mantenerlo a flote.

Pero, mundo rosa y cotilleos aparte, el bueno de Nic, lleva desde “Adaptation” alternando películas de acción cercanas a la serie B con pequeñas producciones de bajo presupuesto, pero no por ello carentes de interés. Por fortuna, poco a poco ha ido inclinándose hacia esta segunda tipología, protagonizando filmes tan curiosos como “Color out of the space”, “Mandy”, “Pig” o más recientemente la brillante “Dream scenario”. Tras su participación en “Longlegs”, cabría esperar que la nueva película que contase con su participación, entraría dentro de las bizarradas a las que nos tiene acostumbrado...pero nada más lejos de la realidad.

La familia al completo, resguardados del peligro nocturno.

En esta ocasión, Cage nos sorprende formando parte del elenco principal de “Arcadian”, una película con el bajo coste presupuestario antes mencionado, pero donde su interpretación se aleja por completo del histrionismo al que nos tiene acostumbrado. Y no sólo hablamos de una ausencia de sobreactuación, sino que Cage se atreve a hacer de hombre “normal” con todas las letras. Y es que, por ejemplo, aunque en “Dream scenario” interpretaba a un señor mediocre, su caracterización volvía a situar dicha interpretación en el terreno de lo insólito.

Con “Arcadian”, Cage reduce su trabajo gestual a la mínima expresión, encajando a la perfección en lo que su director, Benjamin Brewer está buscando. Sin artificios, pelucas ni prótesis bajo las que esconderse, Cage parece -después de muchos papeles – un hombre francamente normal.

En cuanto a su argumento, la historia de un padre que intenta sobrevivir en un hostil bosque post-apocalíptico con sus dos hijos mientras la tierra es asediada por unas inquietantes criaturas, puede en un principio recordarnos demasiado a otras propuestas vistas hace muy poco en los cines. Estoy hablando, por supuesto, de la saga “A quiet place”, de la que este mismo verano pudimos ver su precuela “Day one”.

Por lo tanto, era muy difícil abordar este tipo de premisas sin caer en lo ya mostrado y desarrollado en producciones más recientes. En este caso, Brewer hace virtud de las limitaciones, optando por abordar una historia completamente intimista, que casi da más la sensación de ser una película “indie” de los noventa que una producción de Blumhouse (por poner una productora del género).

El peligro no tardará en llegar para Paul y sus hijos.

El trabajo de cámara es absolutamente sucio, tosco, con zooms desestabilizantes y una continua agitación que no veíamos en el cine comercial desde el boom de los “found footages”. Pasa lo mismo con la dirección de fotografía. A ratos, el film parece más “alumbrado” que “fotografiado”, y la apuesta estética del responsable de dicho departamento, Frank Mobilion, prioriza la sombra a la luminosidad hasta unos extremos que en ocasiones nos impiden ver lo que está sucediendo. Todo ello, parece estar sub-comunicándonos que la película es mucho más barata de lo que realmente es, ya que de esta manera, intenta conseguir que el espectador conecte a unos niveles que trasciendan el apartado técnico.

Los responsables de “Arcadian” parecen mucho más interesados en el conflicto familiar entre los dos hermanos protagonistas, interpretados por los jóvenes Jaeden Martell y Maxwell Jenkins. De esta manera, aunque las secuencias de terror sean en su mayoría francamente efectivas, nunca están por encima del dilema humano. De hecho, el film tarda bastante tiempo en mostrar a las criaturas, lo que deja patente sus intenciones. Aunque si bien es cierto que comienza con una dinámica escena que parece sacada de un videojuego en tercera persona, pronto el ritmo desacelera para profundizar en el camino hacia la madurez de sus dos protagonistas, vigilados de cerca por un padre responsable cuya necesidad dramática es educar a sus vástagos, en la noble misión de abonar con algo de bondad un mundo que se va al maldito infierno.

El hombre como lobo del propio hombre, es algo que también se encuentra muy presente en el subtexto del film, donde los propios hermanos se encuentran en continuo conflicto ante la posibilidad de priorizar el bien común o el individual.

No todo van a ser hombretones. Sadie Soverall, interés amoroso del film.

Pero todo ello, no quiere decir que Brewer se olvide de meter miedo en el cuerpo al personal. El diseño de las criaturas es absolutamente terrorífico, huyendo de el modelo “tipo alien” más presente en la saga “A quien place” y optando por un curioso aspecto que a posteriori el propio director ha reconocido estar inspirado en el Goofy de la Disney. Una decisión, sin duda retorcida, pero francamente efectiva para helarnos la sangre. Aunque no aparecen demasiado, la máxima de “menos es más” alcanza aquí todo su significado, ya que la mayoría de secuencias donde los monstruos cobran protagonismo se encuentran entre las mejores de la película. Sobre todo – y sin hacer demasiados spoilers – me quedo con una donde uno de los hermanos espera pacientemente a que una de las criaturas caiga en su trampa. En un plano completamente estático, una angulosa y afilada forma se extiende hasta el cráneo del joven Thomas. Absolutamente memorable.

No podemos negar, de cualquier forma, que la película tiene sus defectos. Personalmente, la decisión estilística de Brewer respecto al uso de una cámara que se agita sin parar, impide en muchas ocasiones que podamos entender y disfrutar de la acción que se está desarrollando en la pantalla. Aunque la intención sea la de crear desconcierto, no son pocas las veces que el espectador se siente perdido y sin saber realmente lo que está pasando, en una apuesta visual que acaba siendo demasiado extrema y corre el riesgo de desesperar a los espectadores. Esto, añadido a la falta de resolución de algunos agujeros de la trama, impiden que “Arcadian” se eleve por completo, aunque habría que preguntarse si ese era realmente el objetivo de sus responsables.

Este Goofy salido del infierno va a hacérnoslo pasar muy mal

En muchas ocasiones, lo que hace especial a una película es su riesgo, ya sea a un nivel temático como formal. En este caso hay que reconocer que Brewer se ha arriesgado poco en lo temático, pero muchísimo en lo formal. Empezando por despojar a Cage de sus manierismos, siguiendo por llevar el cine de terror a sus orígenes más ancestrales y terminando por articular el núcleo dramático a algo – en apariencia- sumamente simple. Monstruos aparte, “Arcadian” es lla historia de dos niños batallando por convertirse en hombres, por madurar, con todo lo que eso conlleva. Y lejos de ser un batiburrillo para adolescentes (aunque algo de trama amorosa hay) consigue que nos encariñemos con este par de inadaptados y con su recto pero noble mentor. No conocemos el drama que les ha llevado allí, ni de donde salen los monstruos, pero tampoco es necesario. De hecho, la propia película bromea con ello.


Y al no ser necesario, nos despojamos de artificios y entramos de lleno en la propuesta, pasando por alto sus momentos más desafinados y esperando ansiosamente el nuevo trabajo de su prometedor director.


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