Poner en diálogo imágenes de archivo preexistentes –incluso imágenes ajenas- para generar nuevos sentidos y significados. Quizás ese sea un modo de acercarse a una definición del cine de found-footage o, para decirlo más simplemente, cine realizado con material encontrado. Se trata de una operación de apropiación creativa de imágenes de diversos orígenes, diferentes entre sí, trabajadas en un procedimiento discursivo donde se las saca de su contexto original y se las pone en una relación inesperada, creativa, para generar un discurso novedoso a partir de su carácter histórico, su poder visual, su valor simbólico y, a veces también, sus posibilidades estéticas y narrativas.
Es, por ejemplo, el caso de "En el intenso ahora" (2017), un ensayo documental que el reconocido cineasta brasileño João Moreira Salles construyó únicamente con materiales de archivo para realizar una revisión exhaustiva y melancólica de las utopías perdidas tras las revueltas estudiantiles del Mayo francés de 1968, que –tal como el propio film sugiere- tuvo su origen en la revolución cultural china y encontró un triste final en la invasión soviética a Checoslovaquia para aplastar la denominada Primavera de Praga.
"Sean realistas, pidan lo imposible", es una de las frases más célebres de aquella revuelta signada por el lirismo libertario y el levantamiento de estudiantes y obreros en contra de las políticas conservadoras del mandatario francés Charles De Gaulle -quien al año siguiente dejaría la presidencia de Francia-, que pone de manifiesto el nivel de utopía que empujaba a los jóvenes agitadores, a la cabeza de los cuales estaba el estudiante Daniel Cohn-Bendit.
En esta suerte de ensayo político y personal, en el que además se mezclan los recuerdos de su infancia en París y el viaje que su madre realizó a China durante la Revolución Cultural impulsada por Mao Tse Tung, el autor de "Nelson Freire" (2003), "Entreato" (2004) y la extraordinaria "Santiago" (2007) evoca con nostalgia aquellos días convulsionados del Mayo Francés y revela el pesimismo y el desaliento que desplazaron meses después al sueño de construir un mundo más justo, solidario y feliz.
El valor de "En el intenso ahora" reside en su intensidad histórica y testimonial, alcanzada por Salles gracias a un gran trabajo de montaje de escenas y fragmentos de noticieros de época, películas familiares -entre ellas las que fueron filmadas por sus propios padres cuando él era apenas un niño- y varios filmes realizados in situ en el transcurso de los sucesos ocurridos en Francia y en la Praga socialista invadida por el ejército soviético después de que sus gobernantes insinuaran una apertura política alejada del dominio soviético.
El mismo Salles se encarga del poner su propia voz para hacer avanzar el relato en off que acompaña y da nueva vida a las imágenes durante los 120 minutos que dura el filme. En esas intervenciones directas sobre el material fílmico, el cineasta explora sus propios recuerdos -era apenas un niño cuando sus padres vivían en París y regresaron rápidamente a Brasil por temor a la revolución-, describe la génesis cultural, social y política del Mayo Francés, habla de algunos de sus protagonistas, de sus sueños emancipatorios, detalla sus principales acciones poético-revolucionarias y revela, con desesperanza, sus contradicciones y la forma en la que la fuerza de su lucha se fue diluyendo y se disolvió finalmente en apenas unos meses.
La película comienza con imágenes amateurs filmadas en Checoslovaquia durante el verano de 1968, en los meses previos a la invasión de los tanques soviéticos, en las que se observa a personas sonrientes compartiendo comidas, charlas y momentos alegres en una atmósfera festiva y feliz, como una suerte de síntesis visual de aquello que los jóvenes revolucionarios franceses consideraban que debía ser la sociedad: un espacio hecho a la medida del hombre y sus necesidades.
"No siempre sabemos lo que estamos filmando", reflexionaba Salles al comparar esas imágenes con las que su madre -o alguno de sus amigos- filmaba al mismo tiempo en la China comunista, donde registraban sin saberlo la "historia misma en movimiento" y todo aquello a lo que justamente ella -una mujer adinerada, esposa de un diplomático brasileño y acostumbrada a una vida apolítica de placeres y bienestar- se oponía con vehemencia.
En ese sentido, en el film Salles recuerda un texto de Alberto Moravia sobre la vida cotidiana en la China de Mao: "Todos son pobres y tienen lo que les basta para vivir, lo cual es la condición necesaria del hombre. La pobreza muestra una cara decente, orgullosa e implacable", y contrapone esa visión de la vida a la de una "burguesía blanca francesa, católica y conservadora que desconfiaba de toda novedad" y, en consecuencia, se oponía a cualquier revuelta social, alteración del orden o suceso revolucionario semejante al de Mayo del ‘68.
Salles trabaja además con otras imágenes filmadas de manera casera en París, gran parte de ellas tomadas del documental "Esto es apenas el comienzo", realizado por estudiantes de cine que se filmaron a sí mismos y a sus compañeros durante las jornadas de revuelta. En esas imágenes se asiste al espíritu utópico de la época, se observa a jóvenes encabezados por Cohn-Bendit tomando la palabra en asambleas, llamando a los sindicatos a sumarse a las revueltas a través de una huelga general y enfrentándose en las calles a la represión del régimen de De Gaulle. El mensaje era simple pero profundo: buscaban llevar "la imaginación al poder", destronando a la autoridad enquistada en el poder y logrando para todos "el placer, la alegría y la felicidad en la vida cotidiana".
"La fuerza de nuestro movimiento es su espontaneidad incontrolable. Todo programa es paralizante. Nuestra única oportunidad es ese desorden en el que todo el mundo habla libremente. Lo importante no es tener un plan, sino darle cuerpo a una experiencia que rompa radicalmente con la sociedad capitalista", responde Cohn-Bendit en una entrevista en la que el filósofo Jean-Paul Sartre le menciona las críticas que muchos intelectuales le hacían al movimiento estudiantil por no tener un plan o una hoja de ruta determinados.
En su ensayo, Salles considera a "Grandes noches y pequeñas mañanas", del célebre fotógrafo y cineasta estadounidense William Klein, como el mejor film que refleja las luces y sombras de las revueltas estudiantiles del ’68 y logra identificar en ese testimonio autobiográfico algunas de las razones del fracaso de la utopía estudiantil, como por ejemplo los sloganes y graffitis que fueron apropiados por los publicitarios: "La invención verbal del 68 debe menos a Marx que al surrealismo. Era como si todo fuera posible en el Mayo Francés, menos la toma del poder".
Salles describe cómo la fagocitosis de los ideales por parte del propio sistema al que se oponían, se sumaron luego los pactos secretos entre el gobierno conservador, los burócratas sindicales y las castas del Partido Comunista, que se complotaron para diluir la fuerza real y simbólica del movimiento estudiantil aparentando el inicio de un cambio social, pero sin cambiar nada, algo que queda mucho más claro cuando evoca fragmentos del documental "Las dos Marsellesas", de André Labarthe y Jean-Louis Comolli. "Si la primavera del 68 en Francia fue la utopía, el verano será el orden y la derecha", se escucha decir en “En el intenso ahora”, este filme-ensayo de Salles que en definitiva advierte sobre la naturaleza fugaz de los momentos de gran intensidad de la historia, y la decepción y el desaliento frente a la represión, el retroceso político, el olvido y la facilidad con la que muchos fueron acomodando sus vidas a las nuevas (o igualmente viejas) circunstancias.



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