Quizás ciertas historias tienen la necesidad de ser recontadas desde otra visión.
Tal vez reversionar tramas para llegar a nuevas generaciones sea el objetivo. O
simplemente, hay narraciones tan llamativas y fuertes que apasionan al mismo
realizador de hacer su versión de la misma. Lo cierto es que los remakes ocupan
un espacio de peso dentro de la historia cinematográfica. Algunas veces
acertadas, otras veces defenestran a la versión original de las obras. También es
cierto que ciertas creaciones son más plásticas que otras al momento de
evolucionar o darles otra mirada.
Sin embargo, es evidente que algunas logran aportarnos frescura y hasta una
nueva mirada, por ejemplo, de los protagonistas de la historia. Este es el caso de
Lolita, la película que analizaremos en cuestión.
Repasaremos los dos puntos de vista que han tenido ambos directores, en su
versión original de 1962 de Stanley Kubrick y en la versión de 1997 de Adrian
Lyne. Ambas películas están basadas en la novela más famosa del ruso Vladimir
Nabokov, publicada por primera vez en 1955. Trata sobre la relación sentimental
de un hombre de 40 años y su hijastra de 12 años. Tema tan perturbador que deja
al espectador con cierta incomodidad y a la vez con inquietud de seguir
observando que sucederá. Fue el propio Nabokov quien escribió el guion de la
película y llegó a manos de Kubrick, quien dijo que, a pesar de tener nueve horas
de duración, había sido el mejor guion que él había leído; sin embargo, fue
modificado por James B. Harris. Gracias a la excelencia en su adaptación es que
fue galardonado como mejor guion adaptado por los Premios de la Academia de
ese año.

La versión original del largometraje, la Lolita de Kubrick, encara el tema desde una
óptica de comedia negra, sin dejar el drama de lado. Por lo que el realizador nos
ofrece a abordarnos la temática con cierta picardía. En cambio, la versión de Lyne
nos presenta un drama con toques de seducción. Esta forma de narración
caracteriza al director que lo ha plasmado en, Nueve semanas y media (1986),
Atracción Fatal (1987) Propuesta Indecente (1993) Infidelidad (2002) entre otras.
Aquí ya notamos ciertas diferencias que nos cuentan la misma historia mirada con
otro color de cristal.
En cuanto al desarrollo de la trama, la película de Kubrick desarrolla más el primer
acto hasta la muerte de Charlotte Haze, la madre de Lolita interpretada por Shelley
Winters. Le da más argumento a la parte de la historia en donde los tres
protagonistas centrales conviven bajo el mismo techo. No obstante, la historia de
Lyne desarrolla con más descripción y vivencias los viajes y momentos
compartidos entre el protagonista y la joven Lolita. En el primer acto la
intervención de Charlotte interpretada por Melanie Griffith es lamentablemente
mucho más breve. Esta cuestión se entiende que ha sido a propósito de ejercer en
el protagonista principal, el profesor Humbert Humbert, interpretado por Jeremy
Irons, una intención distinta de la obra de Kubrick. Aquí vemos a un Humbert
menos metódico y más vulnerable, incluso con un dejo de insensatez e inmadurez,
quien se ha quedado viviendo de un recuerdo de su adolescencia, obsesionado
con la idea de volver a sentir el amor como en aquellos momentos de imprudencia
y adrenalina. Estos sentimientos son despertados como de un letargo por Lolita,
en su magnífica actuación por primera vez en pantalla de la actriz Dominique
Swain, quien interpreta a esta niña entrando a una pubertad, con un despertar de
su sexualidad precoz, pero, a la vez provocativa. La describe como avasallante,
juega con Humbert, lo seduce, manipula y lo lleva a la perdición, mostrando a un
hombre débil y desdichado por su deseo. No así, y contrariamente, quizás no del
todo, lo muestra Kubrick. Presenta a Humbert, en este caso interpretado por el
actor James Mason, quien también se encuentra obnubilado por esta Lolita que
lleva a cabo la actriz Sue Lyon ,que encarna a esta adolescente también precoz,
más ingenua y menos provocativa, pero sí, llena de vida y sensualidad, que
produce que Humbert quede totalmente obsesionado por poseerla. Aquí denota
una gran diferencia con la obra de Lyne, ya que Kubrick quiere presentarnos al
sujeto más pecaminoso y malvado, que crea un plan para poder estar siempre al
lado de la joven: se casa con su madre pensando morbosamente luego
deshacerse de ella hasta que, es el destino quien lo ayuda y manipula los hilos
para que Charlotte muera; él es feliz con esta pérdida, como un villano en un
cuento de hadas quiere apoderarse de la princesa.

Esta sensación que el espectador tiene sobre el Humbert “Mason” de malo, no es
la misma que tiene sobre Humbert “Irons”, porque a este último nos lo presenta
más débil y se puede llegar casi a empatizar, sin olvidar, en cualquier caso, que
ambos son culpables y responsables de sus actos moralmente incorrectos. Incluso
en la película de Lyne el villano tiende a redimirse al final de la historia, cuando
asesina al pedófilo y degenerado Clare Quilty, el sujeto por el cual Lolita escapa
de sus brazos, acá puede sugerir la idea que al matarlo Humbert mata ese lado
oscuro y pervertido de él mismo. Comparando, en la primera versión el final es
totalmente distinto al remake, se sigue viendo al protagonista que no puede huir
de la obsesión que posee por su hijastra y se queda hundido en los recuerdos de
un pasado vivido con esta “nínfula” que él apoda en una narración en off que el
protagonista nos narra para contarnos sus sentimientos e intenciones. Este
elemento narrativo es un punto en común que también utiliza Lyne.

Si hablamos de elementos comunes, es cierto que en los dos largometrajes nunca
se revela la edad exacta de Lolita y que ambas actrices tenían al momento de
rodarla 14 años. Los dos directores utilizaron actores ingleses para dar vida a
Humbert, que claro era inglés en la historia. Estos datos no revelan mucho, pero
han sido decisiones acertadas.
A modo informativo, se utilizaron grandes músicos para componer la banda
sonora. Kubrick llamó al musico y director de orquesta Nelson Riddle. Conocido
por arreglos famosos en canciones de Frank Sinatra y Nat King Cole, teniendo
esta impronta jazzista compuso la música para Lolita de 1962. Lyne, por su parte,
contó con el magnífico músico y compositor de numerosas bandas memorables de
películas, Ennio Morricone. La atmosfera que crea la música de Morricone en
Lolita de 1997, hace que nuestra percepción de la película sea más poética que la
versión de 1962, dato no menor.
En conclusión, podemos observar que, en este caso en particular de estas obras
cinematográficas, han tenido elementos acertados y ambas son dignas de ver. A
pesar de ser un tema no muy digerible, es la forma de presentarnos la narración
que nos invita a ser partícipes de esta historia, y los dos modos han sido
correctos. Pero destaquemos de qué estamos hablando. Si analizamos la obra de
Lyne, que es el remake en el verdadero sentido, podemos definirla como la
manera correcta de hacer una reversión de una historia sin ser una copia exacta y
dándole otro color, sin olvidar el elemento y la esencia central.


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