Hallyu: la ola coreana que nos llenó de cine y series 

En el año 2019, la película Parasite de Bong Joon-Ho se convirtió en la primera película de Corea del Sur que obtuvo la Palma de Oro y luego en la primera película de habla no inglesa en ganar el premio Oscar a la mejor película. Pero esto no fue ni el inicio ni el final de la explosión de contenidos culturales coreanos que llenan nuestras pantallas, y en este artículo vamos a recorrer algunos puntos claves que llevaron a esta región a consolidar sus industrias culturales, en especial del cine y las series.

Antecedentes de la cuota de pantalla

Una de las políticas culturales que se aplican en distintas partes del mundo es la llamada cuota de pantalla. Se trata de un mínimo establecido para que las salas de cine de un país proyecten cine nacional. Esta medida se aplica de formas diversas, de formas más y menos rigurosas pero el objetivo siempre es favorecer la presencia de las películas propias en las salas de cine y que tengan la posibilidad de competir con cine de otras latitudes.

En el caso de Corea del Sur, fueron medidas muy estrictas que también estaban destinadas a resistir la avanzada de Hollywood por sobre su propia identidad cultural, producto además de su pasado político. La idea durante el gobierno del dictador Park Chung Hee era restringir el número de películas extranjeras en los cines.

Esto produjo conflictos desde el año 1986, ya que la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos (MPAA) presentó una queja al Senado de Estados Unidos con respecto a las regulaciones impuestas por el gobierno de Corea del Sur en aquel entonces.

Bong Joon-Ho oscars
Bong Joon-Ho

¿Qué es el poder blando?

Uno de los objetivos forma parte de una visión más amplia respecto de algo llamado “poder blando”, un término acuñado por el catedrático estadounidense Joseph Nye: “una nación puede obtener los resultados que quiere en política mundial porque otros países, admirando sus valores, emulando su ejemplo, aspiren a su nivel de prosperidad y apertura”. Esto significa, en otras palabras, que se puede afianzar la identidad de una nación a través de políticas que den notoriedad a sus valores y características y reafirmar su cultura, sus paisajes y costumbres es una forma de fortalecerse de forma interna y de cara hacia el mundo.

Por supuesto que esta teoría tiene múltiples discusiones, como todas, pero es interesante citar una anécdota que cuenta que en los años noventa, un asesor le alcanza un informe con estadísticas al entonces presidente de Corea, Kim Young-sam, donde le muestran que Jurassic Park (1993), la película de Steven Spielberg, había generado ganancias en el exterior iguales a las ganancias generadas por la principal automotriz coreana, en el mismo período. Esta comparación, supuestamente generó un momento revelador a la hora de reconocer la capacidad de escala que podía significar para la economía, además de dar a conocer la identidad coreana.

Y este sería uno de los disparadores que luego se volcaron a medidas concretas como alentar y subsidiar la producción de la industria cinematográfica como parte de una estrategia de exportación del país en el año 1994. Y que más adelante en 1999, llevaron al presidente Kim Dae-jung a establecer la Ley Básica para la Promoción de la Industria Cultural. Uno de los puntos que ya se pueden señalar en esta instancia son las proyecciones a largo plazo que pueden analizarse a pesar de las cambiantes políticas y económicas a lo largo del tiempo.

Algo llamado Hallyu….

El análisis de estos factores indica que gracias a esas políticas, luego emerge algo llamado “Hallyu”. Este es un fenómeno cultural que se puede identificar desde el final de la década de los 90. Su principal característica consiste en la producción, consumo y exportación de producciones musicales, visuales y audiovisuales de la República de Corea hacia otros países, en primer lugar también de Asia y más tarde llegando a abarcar el resto del mundo. Uno de los ejemplos más claros fuera del cine es el auge del K-pop y la popularización de la imagen de los idols coreanos.

Entre otros resultados, en parte debido a las leyes que fijaban cupos al número de películas extranjeras que podían ser exhibidas por año en el cine, durante la década de 1990 el cine surcoreano logró superar en la taquilla a las películas más taquilleras de Hollywood y este sistema de cuota de pantalla impuesto por el gobierno se mantuvo desde 1967 hasta que se empezaron a producir algunos cambios como su reducción a la mitad. Estos se relacionan con acuerdos con Estados Unidos a propósito del Tratado de Libre Comercio.

Pero además, según la palabra de Sung Moon, Programadora del Jeonju International Film Festival, se recalca que estas políticas culturales generaron en el tiempo un fortalecimiento de la relación entre el público coreano y sus películas, por lo que esa “protección” puede bajar. En definitiva, el público sigue eligiendo al cine coreano inclusive sin la necesidad de una cuota de pantalla tan fuerte y estricta. Suma además el dato de que esto crece mucho más luego de la atención que recibió la película Oldboy: Cinco días para vengarse de Park Chan-wook, que obtuvo diversos premios internacionales, entre ellos el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes de 2004 y el galardón a la mejor película del Festival de Cine de Sitges.

Oldboy - Park Chan-Wook

Sung Moon dio este testimonio en el marco de una charla en la UNTREF donde además destacó que el cine comercial no es apoyado por el gobierno porque entienden que no es ese tipo de producciones las que necesitan apoyo sino que lo que se busca es impulsar un cine distinto, independiente y de búsqueda artística y agrega que se crearon “muchas escuelas de cine, con la creación de una cultura crítica y el impulso de trabajo de alta calidad”.

Además remarcó que después de la pandemia se mejoró la transparencia en la industria del cine, no sólo porque se profesionalizó sino porque se creó un sistema de registro más claro en los impuestos y ganancias de las producciones.

La construcción de “pequeños cines”

Además podemos mencionar que cuentan con el Consejo de Cine Coreano (KOFIC, por sus siglas en inglés), un organismo que cuenta con el respaldo del gobierno en presupuesto por estar dentro de la órbita del Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo. Pero también se autoadministra y recibe un porcentaje de los ingresos de la taquilla.

“Su principal objetivo es fomentar el crecimiento y el desarrollo de películas coreanas a través de la financiación, la investigación, el desarrollo de políticas, la educación y la capacitación profesional. También trabaja para desarrollar aún más los mercados globales para películas coreanas y promover el entendimiento intercultural a través del intercambio de películas”, entre sus medidas, también ofrece incentivos para las compañías extranjeras que quieran grabar sus películas en Corea del Sur.

Pero no se puede fomentar que el público se acerque al cine si no hay salas accesibles, y por eso en el año 2013 emergieron los “pequeños cines” que redujeran la brecha en relación a la población de las grandes ciudades. El Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo puso en marcha el proyecto "Apoyo al establecimiento de pequeños cines" y para estimular a residentes locales a participar de proyecciones y distintos programas.

Según datos de la Asociación de Pequeños Cines, en 2023 se habían establecido 63 pequeños cines en 11 ciudades y provincias metropolitanas y la gran mayoría operan en ciudades y condados más pequeños que un municipio metropolitano. Estos cines se concentran en zonas con una población de entre 20.000 y 50.000 habitantes. La mayoría cuentan con un promedio de dos salas y cien butacas.

Entre las condiciones que deben cumplir, tienen que ser cines públicos, construidos y gestionados por el Gobierno y las administraciones locales, y funcionar sin fines de lucro. Además, los valores de las entradas deben ser más económicos en relación al precio de un cine comercial.

pequeños cines corea del sur
Pequeños cines en Corea del Sur

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