Cuatro cines alrededor del mundo que tenés que conocer 

“And I like large parties, they are so intimate”

Fitzgerald siempre tuvo razón en todo lo que dijo.

Encontrar intimidad en los multitudinario es algo tan simple y cotidiano. Un restaurante, una Navidad, un boliche, un cine. Me detengo en este último porque sino no estarían leyéndome por este medio.

Un extraño se sienta al lado, otro al otro costado, a veces pasillo, otros pared. Los verdaderos vamos al medio, nos aguantamos cualquier cosa por poder tener la mejor vista. Los ruidos ajenos, las lágrimas que esconden historias, experiencias personales que se entrecruzan a través del arte, el cine es un espacio maravilloso. Un grupo de personas decidieron crear algo para que miles de personas en el mundo elijan sentarse al lado de

n extraño y compartan un momento, acaso no es alucinante?

Mi obsesión con los cines llegó a tal punto que cada vez que me subo a un avión me propongo encontrar los cines más hermosos de cada ciudad. A veces cumplo, otras no, pero hay ciertas joyitas que me guardo en el carry on para siempre.

He aquí cuatro cines del mundo que me enamoraron:

Metrograph (Nueva York)

Primero, Nueva York. Siempre Nueva York. En el Lower East Side, entre calles llenas de galerías de arte y bares de cócteles artesanales, se esconde el Metrograph, un cine que no se parece a nada que hayas visto antes.

Fundado en 2016, este espacio se convirtió en el hogar de aquellos que no solo buscan ver una película, sino vivirla. Una sala donde las paredes te cuentan historias, donde podés sentarte en sillas de cuero desgastado mientras ves un film en 35mm. Un restaurante sacado de la era dorada de Hollywood, inspirado en aquellos que los productores se juntaban a platicar sobre cine. Todo acerca de Metrograph es perfecto.

Lo que más me fascina del Metrograph es su curaduría. Podés encontrar desde ciclos de cine clásico hasta nuevas voces del cine experimental. La primera vez que fui, proyectaban una retrospectiva de Chantal Akerman, y supe que este cine y yo estabamos destinados a enamorarnos. El espacio te envuelve, te hace sentir parte de algo más grande. Es casi como si Metrograph fuera la iglesia de aquellos que veneran el cine como una religión.

Cinema Godard (Milán)

Y de Nueva York, volamos directo a Europa, a mi tan amada Milano.

El Cinema Godard está adentro de la Fondazione Prada y es absolutamente todo lo que crees que va a ser un cine curado por Miuccia Prada.

Su nombre no es casualidad ya que Miuccia era una gran amiga del director frances y hasta hoy pueden visitar un estudio recreado en su honor dentro de la fundación. De su mano se encuentra este cine que siempre tiene una programación alucinante, mezclando una de la Nouvelle Vague con la nueva de Linklater, Hitman. Todo vale en el mundo de Miuccia Prada.

No es un cine de grandes multitudes, y eso es parte de su encanto. Escondido entre la modernidad de la Fondazione, el Cinema Godard es de mis joyas milanesas favoritas.

Y aunque el espacio es pequeño, hay algo íntimo en sentarse allí. En sus butacas, mientras en la pantalla se despliega una obra maestra de la Nouvelle Vague o un film italiano de los años 70, es cómo si lo colectivo y universal se tradujera a la moda y todo su elitismo quedase atrás.

Giunti Odeon Libreria e Cinema (Florencia)

Seguimos en Italia, pero nos movemos a la romántica y renacentista Florencia, donde el cine y la literatura se dan la mano en un rincón lleno de magia: el Giunti Odeon Libreria e Cinema. Este lugar tiene un alma muy distinta a la del Cinema Godard. Acá, el cine se encuentra en un edificio histórico, y cada rincón del Odeon parece susurrar historias antiguas.

Ubicado en un antiguo palacio renacentista, el Odeon no es solo un cine, es también una librería. Imaginate entrar, perderte entre libros, y luego encontrar tu camino hacia una sala majestuosa donde proyectan clásicos del cine internacional. Es un espacio donde el arte, la historia y la cultura se entrelazan de una manera única. Florencia ya de por sí es una ciudad que vibra con creatividad, pero el Odeon lleva esa energía un paso más allá, creando un refugio para los amantes del cine y la literatura.

Me acuerdo de mi primera visita, fue casi accidental. Estaba paseando por Florencia, embelesada con el Duomo y los callejones que parecen sacados de una pintura. Y de repente, ahí estaba, un cine con un letrero en el que proyectaban una película de Fellini. Entré sin pensarlo. El techo del Odeon es una obra de arte en sí misma, un fresco renacentista que te recuerda que el cine no solamente es arte, sino que también es historia.

Sala Equis (Madrid)

Madrid, ciudad que no sabe lo que es una tarde sin tapas ni una noche sin bares que explotan de amistades. Así fue como en una típica noche madrileña me encontré con Sala Equis, un ex cine porno transformado en un bar que aún conserva una de sus salas para proyectar películas de todo tipo. En sus butacas de terciopelo rojo al estilo David Lynch podes sentarte a ver desde una retrospectiva de Antonioni hasta la última de la trilogia de Ti West, Maxxxine.

Cine Lorca (Buenos Aires, Argentina)

Terminamos este viaje en Buenos Aires. Y qué mejor lugar que el Cine Lorca, en pleno centro porteño. Buenos Aires es una ciudad atravesada por el cine, desde los teatros antiguos de barrio hasta los festivales que nos dan un orgullo nacional. El Lorca es uno de esos cines que sobrevivió al tiempo, a las modas, y sigue siendo un refugio para los que buscamos algo más que una película de estreno.

La esencia del Lorca está en su autenticidad. No necesita grandes carteles ni tecnología de punta para atraer a su público. Acá la gente viene porque sabe que va a ver buen cine. Las películas que programan siempre tienen un toque distinto, ya sea cine de autor, festivales europeos, o ese indie argentino que nunca llega a las grandes salas.

El Lorca es la ciudad de Buenos Aires en una tarde de domingo lluviosa, son las citas del centro porteño, los after en las pizzerías y la esencia de una ciudad nunca dejó de estar orgullosa de su pasado. El Lorca sobrevive porque es de esos lugares que siempre sonarán a tango y olerán a lluvia.


Visitar estos cuatro cines no es solo ver películas, es sumergirte en una experiencia completa. Desde Nueva York hasta Buenos Aires, cada uno de estos lugares tiene algo especial, algo que los convierte en más que una simple sala de cine. Son espacios donde el tiempo se detiene, donde podés conectarte con historias de todo el mundo y, al mismo tiempo, con vos misma.

No sé si vos también tenés ese ritual de llegar temprano al cine, elegir el asiento perfecto, escuchar el murmullo antes de que se apague la luz. Esos pequeños momentos, que tal vez para otros pasan desapercibidos, son parte de lo que hace que el cine sea más que solo una película. Es una conexión, una forma de escapar, pero también de encontrarte.

Cada cine habla de la historia de su ciudad porque al fin y al acabo se construyeron para entretener a sus habitantes, y con ello viene la necesidad de conocerlos. La estética, la previa, las butacas, la selección de películas y hasta los pochoclos. Cada detalle es esencial al momento de contar la historia de una ciudad a través de sus cines.

Así que la próxima vez que viajes, ya sabés. Agregá estos cines a tu lista y dejate llevar por la magia de butacas extranjeras.


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