El actor y realizador británico Kenneth Branagh recupera su infancia en Belfast durante la década del 60 en una conmovedora película narrada desde la mirada del niño protagonista y rodada en blanco y negro.
Belfast, una de las mejores películas irlandesa de los últimos años, llegó a la plataforma más popular. Se trata de un film del actor y director nacido en la ciudad del título de la película, Kenneth Branagh. Un artista conocido y reconocido mundialmente por sus transposiciones al cine de algunas obras teatrales de Willlam Shakespeare, como Enrique V, en 1989 y por la cual fue nominado a los Premios Óscar en las categorías de mejor director y mejor actor; Otelo, de 1995, y Hamlet, de 1996; por la cual recibió otra nominación al Oscar en este caso en la categoría que destaca al mejor guion adaptado, solo por mencionar algunas de sus películas y distinciones, ya que recibió a lo largo de su carrera en total siete postulaciones a los Oscar y otro tanto a otros premios internacionales. También hizo un papel destacado en Mary Shelley's Frankenstein (1994) y, con los años, una nueva generación lo conoció como parte del elenco de Harry Potter y la cámara secreta (2002).
En el caso de Belfast se aleja de los clásicos y de las adaptaciones literarias para proponernos un universo más personal. La película es una mirada nostálgica sobre su pasado, es un retrato semi autobiográfico que aborda parte de su infancia. La película está ambientada en el tumultuoso contexto de los años 60 en Irlanda del Norte, cuenta las experiencias de un niño que crece en un ambiente de lucha obrera, cambios culturales, odio interreligioso y en medio del llamado conflicto de Belfast en el último año de esa década. En ese momento se enfrentaron los religiosos protestantes, quienes pretendían seguir en vínculo con el Reino Unido, contra los católicos, una minoría que por ese motivo tenía como objetivo romper lazos con el Imperio e integrarse a la católica República de Irlanda. Como en toda escalada de violencia política, religiosa y/o social no solo involucra a la militancia comprometida, sino que también envuelve a civiles quieran o no participar de los hechos. Así es que la calle de Buddy, el niño protagonista de tan solo nueve años (interpretado con total gracia y carisma por Jude Hill) se convierte en un campo de batalla, literal y lamentablemente, con barricadas incluidas. La violencia está en la puerta de su casa y las tragedias familiares parecen heredarse de generación en generación. Si bien su familia intenta mantenerse al margen del conflicto, esto parece aún más peligroso que tomar partido por algún bando. De esta manera, Branagh recupera sus recuerdos de infancia y utiliza su experiencia personal para narrar esta historia que combina la cruda realidad con la calidez y la protección de la familia y de su pequeña comunidad.

Desde lo estético el director toma una decisión más que arriesgada, filmarla en blanco y negro. Y es un enorme acierto. Una propuesta que, de esta manera, no solo apela a la nostalgia, sino que también remite a los clásicos del cine. Para crear esa atmósfera atemporal la fotografía de Haris Zambarloukos es fundamental y de excepción, al retratar tanto la belleza de los paisajes urbanos de la ciudad como la intimidad de los momentos familiares. A través de los ojos de Buddy, la película presenta una mezcla de inocencia infantil y el paso obligado a una temprana madurez, por la imperiosa necesidad de entender la gravedad de los hechos que lo rodean. Este film podría describirse también dentro del coming-of-age, ese género cinematográfico que puede traducirse como de iniciación, maduración, crecimiento o desarrollo y que, por definición, se centra en el crecimiento psicológico y moral del protagonista. Porque, más allá del contexto político ya mencionado, Branagh ofrece una película que explora los lazos familiares, la amistad, el sentido de pertenencia y la construcción de una identidad. Respecto de este último concepto, otro de los aspectos sumamente cuidado y otro gran acierto del director, ha sido la elección de la música o para ser más precisos la elección de otro artista oriundo de Belfast y un verdadero ícono de la ciudad: Van Morrison. Así, el músico aporta varios temas, incluidas ocho canciones clásicas de su amplia discografía y una nueva canción que Morrison escribió para la película, entre las que se destacan Days Like This, Caledonia Swing, Warm Love y Bright Side of the Road.

Sin embargo, nada hubiera sido lo que es en el resultado de este film sin tener en cuenta la solidez de un elenco que sabe transitan diferentes emociones con sus personajes, que entienden que la tensión y hasta las contradicciones es lo más enriquecedor que pueden aportarle a una historia. En este sentido son cruciales las participaciones de los adultos que conforman la familia del niño protagonista, son ellos quienes trasladan al espectador las preocupaciones del mundo adulto, en un contexto muy particular y específico como en el que se desarrolló la infancia de Buddy, el alter ego de Branagh. Los más importantes son quienes encarnan los papeles de madres y abuelos del niño. La actriz irlandesa nacida en Dublín, Caitriona Balfe, conocida por su protagónico en la serie Outlander, es la dedicada madre de Buddy y como su papá el elegido fue el actor nacido en Irlanda del Norte que saltó a la fama como el galán de 50 sombras de Grey, Jamie Dornan, aunque para ser honestos ya había hecho un muy buen papel en la serie The Fall acompañando nada menos que a Gillian Anderson. Una dupla pareja en atractivo, carisma y registro actoral. El papel de la abuela cayó en manos de la legendaria Judi Dench, inolvidable por interpretar a M, en la saga Bond y convirtiéndose en la primera mujer en interpretar a la jefa del agente 007 y, por su parte, el actor nacido en Belfast Ciarán Hinds lleva adelante el rol del abuelo de Buddy. Aquí también se da entre ellos una sincronía de registro actoral en la que ambos manejan una sensibilidad compartida.

El film está escrito y dirigido por el propio Branagh por eso se ha dicho que es su película más personal, en la que cuenta su historia, la de su familia y la de su país. Pero, sobre todo, donde muestra cómo esta infancia diferente y, como mínimo, interrumpida sentó las bases para convertirse en el adulto es hoy. Unos años atrás se caracterizó de manera similar a la película Roma del mexicano Alfonso Cuarón, incluso con quien comparte la elección estética del blanco y negro, sin embargo, la mirada de Branagh es más piadosa y más amorosa con su pasado familiar. Porque Belfast es una película que cuestiona cómo un entorno sociopolítico violento afecta directamente la identidad personal y colectiva, de los ciudadanos en lo individual, de las familias como célula base de la sociedad y de la comunidad en general. Por ejemplo, cuando se plantea en la familia la disyuntiva de permanecer en Belfast o buscar un futuro más seguro en otro lugar, la decisión de los padres de Buddy es un reflejo de los momentos de tensión que muchas familias enfrentan en tiempos de conflicto.
Al año siguiente de su estreno, Belfast recibió siete nominaciones a los premios Oscar, incluidas las categorías más importantes. Compitió como mejor película, mejor director, mejor actor y actriz de reparto para la dupla Hinds y Dench respectivamente, mejor canción original, mejor sonido y se llevó la estatuilla como mejor guion original. Reconocimientos más que merecidos, ya que se trata de una de las mejores películas del 2021.
Belfast está disponible en Netflix.



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