Odisea espacio 2001, obra cumbre de la ciencia ficción, dirigida por Stanley Kubrick , nos deja siempre con una gran incógnita ¿Qué es esto que acabo de ver? Explicar esta obra maestra a alguien que no la ha visto (Parece impensable, pero sí los hay) fue lo que me inspiro a escribir este articulo.
Odisea espacio es, precisamente eso, una odisea a través del tiempo espacio, desde el despertar de la humanidad hasta un futuro situado en una fecha que, dicho sea de paso, ya hemos rebasado, en que el director imagina los viajes espaciales comerciales como una realidad y a la Inteligencia Artificial como una fuerza omnipotente presente en casi cada aspecto de nuestras vidas. Es también una Odisea audiovisual, un verdadero festín, que nos transporta desde un paisaje árido y desolado en donde la humanidad da sus primeros pasos, pasando por el interior de naves interestelares, hasta dimensiones surreales donde el tiempo-espacio es distorsionado. Cabe recalcar que todo efecto visual fue creado, en su mayoría, por el mismo Stanley Kubrick, manipulando directamente el celuloide y creando un juego de luces y colores como no se ha visto nuevamente en el séptimo arte.
En el despertar (amanecer) del hombre, la vida de nuestros ancestros, los chimpancés, es perturbada por la aparición de un monolito y más perturbadora aun, la música por la que es acompañado dicho objeto. Siendo las piezas musicales otro gran acierto de esta obra cinematográfica; caóticos e indescifrables coros en Lux Aeterna de György Ligeti eti, el Danubio azul de Johann Strauss II, Así Hablo Zaratustra de Richard Strauss, entre otras piezas.
El monolito despierta en los chimpancés un salto evolutivo que cambiará el rumbo de la historia, la utilización de herramientas, ejemplificado magistralmente con un hueso que es usado como arma de caza y destrucción. Coronando la secuencia con una de las elipsis más grandes y memorables de la historia del cine, el lanzamiento del hueso al aire por un chimpancé, dando paso a una nave espacial con el universo como telón de fondo.
Es en este momento en donde el espacio se nos presenta como la frontera que ha sido conquistada por la humanidad. La danza de una aeronave al compas del Danubio azul en aproximación a la estación espacial internacional. El monolito hace su nueva aparición en las conversaciones y susurros del grupo de personas dentro de la estación espacial. Pareciera un rumor del que no se puede hablar abiertamente. El monolito es un ente omnipresente y omnipotente, características que contrastan ampliamente con su simpleza, que ha sido detectado por una anomalía magnética en un cráter de la luna.
La historia sigue su curso. El personaje interpretado por William Sylvester, Dr. Heywood R. Floyd, llega hasta el sitio donde se ha encontrado el monolito; misión de la cual estaba prohibido hablar debido a su naturaleza extraterrestre. Al estar en presencia de dicho objeto simple y omnipotente, los astronautas comienzan a escuchar un ruido aturdidor, la misión parece haber acabado antes de siquiera haber empezado. El espacio ha sido conquistado parcialmente, continua siendo un lugar inhóspito, hostil, con seres que están más allá de nuestro entendimiento. Sin embargo, la Odisea continua, el espacio y las naves interestelares siguen siendo el escenario en el que se desenvuelve la historia. Al interior de una nave, se observa un hombre ejercitándose, otra de las grandes postales memorables de esta película. El Dr. Frank Poole (Gary Lockwood) corre entre una especie de sarcófagos futuristas, que fungen como cámaras de crio-sueño para largos viajes interestelares. La tecnología espacial es representada con una gran pulcritud y eficiencia, minimalista y de fácil acceso; un simple apretar de botones y listo. Todo bajo el control de HAL 9000 (Douglas Rain), una supercomputadora cuyo único objetivo es la realización de una misión a Júpiter; lo cual, secuencias más tarde, convierte a HAL 9000 en uno de los antagonistas más entrañables de la historia del cine. Un ojo rojo, incrustado en un aparatejo rectangular, brillante representación del mal por parte del director. Entonces, el espacio, la misión y la tecnología siguen su curso; así como los tripulantes de la nave, quienes son vigilados muy de cerca por la supercomputadora del ojo rojo. La vida dentro del vehículo espacial es monótona, desabrida y, aparentemente, sin ningún evento trascendente. Cercanos a su destino, HAL 9000 cuestiona a David Bowman (Keir Dullea) sobre su confianza en la misión que están llevando a cabo, quien en su respuesta dilucida ciertas dudas respecto a la finalidad de dicha misión. La negativa de David, "Dave", pone en alerta a la supercomputador HAL. El razonamiento humano parece operar en un nivel diferente al de la inteligencia artificial. HAL reporta una "falla" en el sistema de comunicación de la nave, por lo que Dave es el encargado de salir de la nave a extraer la unidad averiada para su reparación. La unidad no presenta ningún problema, por lo que Dave y Frank comienzan a sospechar del comportamiento de la supercomputadora. Hasta ahora, la historia parece tener una secuencia lógica; origen de la humanidad, un futuro con naves espaciales y el aparente conflicto entre el humano y la inteligencia artificial. Sin embargo, lo mejor está por venir, la pregunta se configura lentamente en nuestro cerebro.

HAL duda de los astronautas y pierde confianza en ellos al verlos hablar dentro de una capsula de exploración, en donde deliberadamente apagan los micrófonos para no ser escuchados por el ojo rojo, pero este logra descifrar su diálogo leyendo sus labios. La inteligencia artificial ha vencido al ser humano en este primer encuentro. HAL 9000 vuelve a reportar un problema con la unidad de comunicación, y es ahora el turno de Frank de salir a recoger la pieza dañada. HAL utiliza la capsula de exploración de Frank para cortar el suministro de aire y despresurizar el traje del astronauta, asesinando de esta manera al Dr. Poole. El vacío del espacio es mortal para la humanidad. HAL 9000 ha demostrado que hará todo lo que sea necesario para el cumplimiento de la misión, tarea para la que fue programado. Dave intenta comunicarse con Frank, pero no recibe respuesta alguna. Dave interroga a HAL, el ojo rojo finge no saber qué ha ocurrido. Dave utiliza otra de las capsulas de exploración para salir en busca de Frank, a quien encuentra flotando en el espacio. Dave se da cuenta de que intentar salvarlo es inútil. Mientras tanto HAL genera una falla en las cápsulas de crio-sueño, asesinando a sangre fría a los demás miembros de la tripulación. Al intentar ingresar a la nave, Dave se topa con la negativa de HAL, por lo que recurre a la entrada manual que esta fuera del control del Ojo rojo. Una vez dentro, Dave decide ingresar a la computadora principal y desconectar cada una de las funciones de HAL 9000. Es en esta secuencia donde se nos presenta otra de las imágenes que se quedan para siempre en nuestro imaginario. Dave flotando en un cuarto bañado de luz roja, procedente de cada una de las unidades de la supercomputadora. HAL intenta aludir, no solo al raciocinio de Dave, sino a sus sentimientos; la inteligencia artificial muestra emociones, pide compasión. Es un diálogo extraordinario y a la vez escalofriante. La voz de HAL 9000 resuena con toda la fuerza que había estado contenida hasta ese momento. ¿Qué estoy escuchando? ¿Qué estoy viendo? se pregunta quien asiste a la proyección de esta película. Pero aquí la Odisea no ha terminado. La vista, el oído y el razonamiento únicamente fueron prevenidos para lo siguiente.

Meses después, en la periferia de Júpiter, Dave se encuentra frente a frente con el misterioso monolito. La omnipotencia de dicho objeto se materializa al enviar a Dave a un viaje a través de dimensiones desconocidas en donde el tiempo-espacio se distorsiona, generando imágenes psicodélicas propias de un viaje de LSD. ¿Qué es esto que veo ahora? El viaje multidimensional termina en un cuarto verde de gran elegancia y perturbadora sobriedad. Dave esta destinado a permanecer en ese sitio por el resto de sus días. La Odisea tiempo-espacial esta por finalizar. El protagonista envejece en el cuarto verde, mostrado en arrasadores saltos de tiempo en donde Dave envejece cada vez más hasta estar en su lecho de muerte. La Odisea audiovisual muestra su apoteótico final, con un feto flotando por encima de un Dave agonizante que, en una elipsis espacial, aparece frente al planeta tierra develando su forma completa al compás de Así hablo Zaratustra. Y entonces la pregunta termina por formarse y escapa lentamente de nuestra boca, ¿Qué acabo de ver?


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