"Yo no soy igual a ustedes"
Wikus van de Merwe

Un director llamado Neill Blomkamp hace en el año 2009 lo que se conoce como un mockumentary; un falso documental. Hasta los últimos segundos de la película, el género se mantendrá vivo sin advertir jamás al espectador de su (obvia) "falsedad", terminando como todo documental con unas oraciones que cuentan qué es lo que sucedió con algunos de sus personajes. En este universo ficticio, no existirá nada más real que lo hemos visto.
En tan solo siete minutos, la película consigue que un contexto de absoluto sci-fi, se comprenda a la perfección y no necesitemos hacer ninguna pregunta. En siete minutos, los personajes han sido presentados, y por sobre todas las cosas, ha sido tejido su propio particular y complejo verosímil.
Hace veinte años una nave llegó a la Tierra. Quedó flotando en el cielo, sobre la ciudad de Johannesburgo, Sudáfrica. Los humanos, alarmados ingresaron a la nave, y descubrieron una enorme cantidad de alienígenas que no supieron cómo llegaron hasta ahí. Estaban sucios y desnutridos. Si bien no es algo que se explique a lo largo de la película, no resultará nunca necesario saber el motivo de por qué están en el planeta Tierra. Será por el poder de su relato y la analogía sobre la que está construida, que la película trasciende su propia trama y no necesita de respuestas racionales. Los alienígenas son recluidos en un distrito de emergencia, y serán tratados como parias, ladrones, sucios, mercenarios, y seres que no deberían convivir con el resto de la humanidad. Con el objetivo de enviarlos a todos a una suerte de campo de concentración alejado del resto de la población, envían a un equipo encabezado por un funcionario llamado Wikus Van de Merwe. Representante del prototipo perfecto de un burócrata defensor del status quo que poco se pregunta acerca de la ética que defiende, el orgulloso Wikus y un grupo de paramilitares intentarán hacer firmar a los alienígenas los formularios que legalmente respaldarían al gobierno de lo que está por hacer. Sin embargo, Wikus descubrirá algo en una de las chozas en las que vive un alienígena junto a su hijo, y su vida y la de todos los demás, cambiará para siempre.
Una película como ésta, no merece ser llamada falso documental. Merece ser tratada como lo que ha sido fielmente defendido a lo largo de 112 minutos: un documental. Y este documental, se llama District 9.

La fuerza de la forma
Como todo buen documental, aquello que se relata es un hecho específico de esta realidad alternativa, que fue a su vez histórico, icónico y muy particular. Es, de alguna manera, el documento periodístico acerca de un hombre que vivió algo que ninguno otro más vivió, y que además generó un antes y un después en la historia. Este documento, alterna la cámara en mano del móvil que cubrió los eventos que relata, con cámaras de seguridad de la zona, con entrevistas a cámara, noticieros, y algunos momentos de una cámara omnipotente (propia de la ficción) que pasa desapercibida por su sutileza. El evento central es aquel día en el que luego de 20 años, el gobierno de Sudáfrica y Johannesburgo, intentan dar comienzo a la misión de mudar a los alienígenas del Distrito 9. Así es presentado Wikus, y en torno a él, florece de a poco una gran incógnita. Las entrevistas a determinados personajes, anuncian que algo habrá de suceder e instalan a cuenta gotas la fuerza esencial de todo buen guion. Anuncian que Wikus era una persona sumamente querida y respetada, pero algo terrible sucederá con él por lo cual perderá el respeto y la confianza de la gente que lo conocía. El punto de quiebre es deslizado con elegancia una vez que la presentación de las circunstancias dadas ha sido completada. En un guion prácticamente perfecto, la información no se acumulará nunca a lo largo de la película y nosotros, los espectadores, nos dedicaremos solamente a disfrutar del viaje.
Los elementos con los que trabaja el relato son efectivamente de alto voltaje. Son peligrosos para la mente de los espectadores pocos predispuestos a salir del hiperealismo. Hay que pensar que confluyen en el relato un determinado tipo de alienígenas, con un determinado tipo de comportamiento, de lenguaje, de tecnología, con un mundo similar al nuestro que se maneja de determinada manera frente a la presencia de los presuntos invasores. Y en ningún momento se fractura la estructura de la totalidad. El primer acto en la ciencia ficción suele ser el más complicado, y aquí se vuelve potente, claro y devorador. El primer punto de giro y el ingreso de la narración al segundo acto y, por ende, a la mayor parte de la película, es contundente y a su vez no detiene el ritmo. El mismo personaje que al inicio es tan solo simpático, frente a la desesperación se vuelve sumamente patético, humano, incorrecto, violento, y hasta nos podría generar rechazo. Lo que comienza como una posible comedia, se asume lentamente por la naturaleza de lo que sucede y por la transformación de su personaje principal como una épica trágica.

La analogía social no solo resignifica lo que vemos, sino que es aquello que lo sostiene. No existe intención alguna del director y autor de guardar ningún secreto al respecto. Habla concretamente acerca de la inmigración y del trato diferencial que reciben los inmigrantes que llegan de África a otros continentes (especialmente a Europa). Nunca se sabe de dónde llegan; flotan en balsas o barcos y son “rescatados”; se los recibe como si se los estuviera salvando pero se los recluye y se los deja viviendo en situación de calle; se los condena a estar fuera del nuevo sistema al que pertenecen; se los señala como quienes ensucian las calles y como la principal causa de delincuencia. El mayor promedio de la gente los quiere lejos, y desean que se vuelvan a su lugar de origen. En el caso de District 9, elegir la invasión extraterrestres para hablar acerca de este tema, posibilita volver extremista al humano frente al extraño que llama a su puerta, y ubica a toda una población en el mismo lugar resentido. La hostilidad es rotunda, y ello vuelve a su vez tan obvio como poderoso el mensaje.
La misma analogía, por la real condición de exclusión social que reciben los inmigrantes, también abarca la temática de los estratos sociales, la condena absoluta de quienes están por debajo de la línea de pobreza, y la poca empatía que hay hacia los excluidos. En Latinoamérica, quienes ingresan de un país a otro sin una fuente económica (o un reconocimiento popular, simbólico o de alguna elite) que les abra las puertas hacia el ascenso social, tienden a quedar catalogados como extranjeros y tendrán en general trabas para acceder a un trato igualitario. Y en el continente, a su vez, en resumidas cuentas y penosamente, quien nace pobre es forzado a vivir pobre. La empatía social tiende a ser de forma, a través de una limosna, de una bolsa de ropa, o de boca para afuera. Mientras tantos, la realidad es que todos aquellos que estamos por sobre la línea de pobreza, seguimos con nuestras luchas y nuestras vidas. Y quienes descansan cómodos sobre la cúspide de la pirámide social, señalan hacia abajo con asco.

El puntual conflicto de la trama de District 9, expone lo peor de la condición humana incluso en su protagonista. Comparte la reflexión de cuales son aquellos forzados puntos donde el individuo que normalmente corría la mirada de la realidad o hasta la justificaba, finalmente empieza a empatizar. “Yo no soy igual a ustedes” le dice Wikus a los alienígenas, manchado, lastimado y ya condenado por la propia sociedad que lo defendía. ¿Podrá en algún momento Wikus mirar a los ojos a los excluidos y ponerse de su lado? ¿Qué es lo que verdaderamente está dispuesta a hacer una persona por la otra, si eso haría peligrar su propia condición social y su propio bienestar?
Mientras continúan los rumores de una secuela, District 9 merece ser vista y recomendada. Mientras el mundo continúa recorriendo el mismo diabólico y penoso camino, la sociedad retratada en la película del año 2009 sigue reflejando las peores miserias de la propia realidad. Quizás District 9 era, al fin y al cabo, verdaderamente un documental.
Chesi




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