“¿No es extraño que una persona tan antisocial haya creado Facebook?” me dijo la persona con la que vi “The Social Network” (David Fincher, 2010). “En absoluto”, respondí, “tiene todo el sentido del mundo”.
Ella se refería obviamente a la herramienta de Internet que revolucionó las redes sociales a principios del siglo XXI; originalmente concebida para conectar a gente de todas partes del mundo desde sus perfiles, armar grupos de “amigos”, mostrar sus intereses personales y permitir compartir sus pensamientos como un diario íntimo público; y al hecho de que fuera creada por un estudiante experto en programación con pocos dotes para sociabilizar con otros, conseguir pareja estable y, dato poco menor, capaz de traicionar a su socio con tal de sacar ventaja en un negocio mutuo.

El dilema que se plantea era el siguiente: ¿es posible que los inventos que solucionan una necesidad surjan de la mente de alguien que la precise también?. ¿Por qué Mark Zuckerberg, alguien tan desconectado socialmente, tuvo el ingenio para que su invento se popularizara para conectar a gente con gente? Bueno, primero, no fue su creación originalmente. Muy oportunamente, le robó la idea a los hermanos Winklevoss (dos estudiantes de una fraternidad mucho más popular y adinerada que Zuckerberg), que se le habían compartido casi por migajas para que los ayudara a impulsarla. Él vio el potencial y, ante la oportunidad, la hizo suya.
Todo comienza con un acto desleal, por más que se quiera convencer de lo contrario. “Si ustedes fuesen los creadores de Facebook, entonces hubiesen creado Facebook” les dispara con total frialdad Zuckerberg a los Winklevoss en una de las mediaciones en la demanda por robo de propiedad intelectual. A lo que se refiere es que él vio el gérmen de una idea, pero él la convirtió en una idea revolucionaria, algo que nunca creyó que ellos fueran capaces. Donde ellos vieron algo interesante para realizar en el campus universitario (quizás el lugar más antisocial del mundo), él vio la manera de expandirlo globalmente.

Los hermanos tenían una visión anclada a su status: conectar ricos y populares con otros ricos y populares. Zuckerberg, en cambio, un auténtico genio que no es ni rico ni popular, pudo ver más allá porque no tiene una condición privilegiada. Su mente trabaja en cálculos y fórmulas, su vision abarca más espacios vacíos que pueden llenarse. En una escena clave, un compañero de Mark le pregunta si sabe si tal chica atiende a cierta clase para que él pueda asistir a la misma y así relacionarse con ella. Ahí se le prende otra lamparita: la gente necesita sociabilizar impulsados por el deseo sexual o la necesidad de conseguir pareja. Donde una persona común lo vive, él lo piensa como una faceta más de su creación.
Entonces, no es muy descabellado llegar a la conclusión que Mark Zuckerberg es un genio incomprendido. De hecho, al no tener a nadie que lo “comprenda” emocionalmente o conecte con él, fue en esa ausencia que encontró la idea que unió literalmente a la gente. Y no hay que escarbar mucho en su vida personal para entender dónde se originó todo: en la introducción de la película.

Tras una discusión con su novia, Erica, donde Mark la ridiculiza por el status de su fraternidad, ella lo fulmina con las siguientes palabras: “Vas a pensar que no les gustás a las chicas porque sos un nerd, pero en realidad no les gustás porque sos un cretino”, posterior a decirle que “nunca serían amigos”. Hacia el final, abatido de tantos litigios pero en definitiva victorioso, vemos a Mark hundido en una silla, frente a su notebook, pulsando repetidas veces “refresh” al perfil de Erica tras enviarle una solicitud de amistad.

Pobre geniecito que no entiende realmente a las personas. Piensa que cuando nadie quiere ser tu amigo, quizás si insiste a través de un click, logren finalmente aceptarte como amigo.




¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.